Capítulo IV

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    Llegó la separación mía de Salvador. Apertura de mi oficina. Represión contra mi persona. Una carta al procurador. Otra carta al procurador. Última carta al procurador. Mi denuncia ante los jueces panamericanos y del Caribe 1986. Artículos contra la corrupción. Las exoneraciones. El juicio a Salvador. Acción por la moralidad pública. Mis escritos finales en 1987. El final del juicio al Salvador. Opinión de Salvador sobre rompimiento con amigos.

    Llegó la separación mía de Salvador

    Siempre he tenido por costumbre ir a mi oficina todos los días, laborables o no. Así lo hice el 26 de diciembre de 1985 en horas de la mañana; mientras recibía la visita de un amigo, sonó el timbre del teléfono, lo tomé y en la línea estaba Salvador, quien de inmediato, y sin saludarme, me dijo: “Veras, estoy en Santiago, en casa, favor de pasar por aquí dentro de un rato”. Una vez se retiró de mi presencia el amigo que había ido a visitarme, cerré la oficina y me trasladé a la residencia de Salvador y su familia, ubicada en la Avenida Estrella Sadhalá; me recibió Asela con mucha cortesía, me llevó a la terraza trasera donde Salvador se encontraba sentado; él se puso de pie, me saludó y de inmediato me dijo: “Veras, te he convocado para decirte que llegó el momento de separarnos de la oficina”.

    Sin dejar que Salvador continuara su exposición, de inmediato le dije: “No hay ningún problema, acepto tu decisión, solamente te pido que me des un corto tiempo en lo que busco un espacio donde mudarme. Me puse de pie y cuando ya me marchaba me dijo: “Veras, puedes tomar la mudanza al paso, sin prisa, y puedes llevarte los libros y muebles que tú quieras”. Le dije: “Salvador, gracias, solamente retiraré de la oficina mis muebles y mis libros y nada más, gracias por tu ofrecimiento”. Seguido me marché de la presencia de Salvador.

    Después de ese encuentro con Salvador el 26 de diciembre de 1985, los días venideros fueron terribles para mí; él tomó medidas odiosas en mi contra estando todavía yo en la oficina que habíamos compartido. Solamente mi compañera Carmen, mis hijos y mis amigos más cercanos sabían de los momentos amargos que Salvador me estaba haciendo pasar.

    Me sentía sumamente molesto por las acciones de Salvador contra mi persona. Desde que él me planteó la separación comencé a buscar un lugar para instalar mi oficina; finalmente encontré donde ubicarme. He aquí las palabras que pronuncié con motivo de la apertura de mi nueva oficina:

    Palabras de Apertura

    El día 27 de febrero del año 1967, cuando salí de la Universidad Autónoma de Santo Domingo investido con el título de doctor en Derecho, me hice la pregunta, y ahora: ¿Qué hago, dónde voy a ejercer la profesión? Aunque vinculado por lazos familiares con el licenciado Francisco Porfirio Veras -don Lilo-, no había mantenido, personalmente, una comunicación permanente con él; pero un hermano de mi madre, tío de don Lilo, me llevó hasta la calle Máximo Gómez 14 (altos), bufete de don Lilo, y allí habló con éste para que me aceptara formar parte de su oficina. Don Lilo, de inmediato me acogió.

    Luego de permanecer un año y cinco meses en el bufete de don Lilo, un día Salvador se me acercó y me propuso que fuera a formar parte de su bufete, que para esa época funcionaba en la casa número 101 de la calle 16 de Agosto, de la ciudad de Santiago. Luego accedí a la solicitud de Salvador.

    Entre Salvador y yo se estableció un profundo lazo de familiaridad; compartimos el bufete como dos hermanos; entre nosotros nunca se puso en juego el pensamiento político. Cada uno tenía sus convicciones políticas bien definidas y nos las respetábamos. En diferentes oportunidades recibí el calor solidario de Salvador; él me extendió la mano solidaria en coyunturas políticas difíciles de la vida del país. Cuando él necesitó mi solidaridad, mi concurso, sin reservas se la expresé.

    Para mí fue un momento sumamente duro, amargo, cuando el día 26 de diciembre de 1985, Salvador me dijo: “Veras, te he llamado aquí, a mi casa, para decirte que ha llegado el momento de tú y yo separarnos de la oficina”.
    No lo pensé dos veces para decirle a Salvador que no se preocupara, que en el menor tiempo posible yo abandonaría su bufete, que me diera un tiempo prudente.

    Así como salió de Salvador sugerirme que me integrara a su bufete, también fue su voluntad que le puso término a una unión profesional que se extendió hasta lo familiar, que se expresó con respeto mutuo y amplia solidaridad. El día 26 de diciembre de 1985, dejé de formar parte del bufete “Doctor Orlando Cruz Franco”, al que pertenecí durante dieciocho años y seis meses.

    No sé por qué vía, o quién se interesó en hacerlo saber, muchos colegas se informaron de la solicitud de salida que me había hecho Salvador. De inmediato comenzaron, unos a ofrecerme sus bufetes; otros, me ofrecieron aportes económicos e hicieron diligencias para que consiguiera un local para instalar mi oficina. Nunca olvidaré la solidaridad que han tenido para conmigo los abogados de Santiago y de otras ciudades del país.

    Debo destacar el gesto de generosidad y solidaridad de los colegas Colombina Castaños y Rafael Armando Vallejo, que sin mediar palabras pusieron este local a mi disposición.

    El local que inauguramos hoy servirá como centro jurídico en el cual ejerceré, como lo he hecho desde que inicié mis actividades profesionales, mis servicios a toda persona, sin distinción de color, raza, religión o pensamiento político, por paga o gratuito, cobrándole al que pueda pagar y en forma gratuita al que carezca de recursos.

    Desde hoy esta oficina tiene un nombre: Casa del Derecho. Este local es, ya, la Casa del Derecho en Santiago, para servirle a todos los que reclamen justicia, a todos los que se consideren que necesitan la asistencia de un abogado. Ejerceré aquí, en la Casa del Derecho, en la misma forma que he ejercido siempre, sin otras limitaciones que aquellas que resulten de la ética y moral profesional y de mi pensamiento político e ideológico.

    Hoy, ya separado por los lazos profesionales que me ligaron a Salvador y a su bufete profesional, puedo decir con toda franqueza y sinceridad que la estrecha relación que me unió a Salvador, nunca me movió a aprovecharme de los vínculos y las relaciones para obtener beneficios ni prebendas. Recuerdo que faltando días para Salvador desempeñar la función de representante del Poder Ejecutivo, le dije en presencia de doña Asela, “Salvador, lo único que quiero durante tu gestión gubernativa es que ningún abogado de este bufete se aproveche de sus relaciones contigo para obtener comisiones, igualas, prebendas, etc”.

    Durante el tiempo que Salvador tiene desempeñando la función de Presidente de la República, y yo permanecí al frente del bufete “Doctor Orlando A. Cruz Franco”, nunca la oficina recibió iguala, cobro del gobierno, prebendas ni facilidades oficiales. Si algún abogado del bufete, en forma personal e individual, solicitó y obtuvo una “botella”, iguala, exoneración, impuesto único y otra prebenda, lo hizo sin nuestra aprobación, sin nuestro consentimiento y el dinero fruto de su acción nunca entró a la oficina.

    Las gracias a todos los que comparten conmigo la apertura de este local, que es de todos ustedes.

    Estas fueron las palabras que pronunciamos el día 7 de abril de 1986 con motivo de la apertura de nuestra oficina en la ciudad de Santiago de los Caballeros. (145).

    Fuentes:
    (145) El Nacional. 19 de abril 1986.
    Continuará la semana próxima

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