Un salto gigantesco

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La elección de un nuevo pleno de la Junta Central Electoral con funcionarios sólo comprometidos con el irrestricto cumplimiento de las leyes, en los aspectos que mandan celebrar elecciones justas, transparentes y objetivas, será un salto gigantesco para el país.
Esa será la plataforma fundamental para que iniciemos el desarrollo institucional de donde provendrá el despegue hacia el establecimiento del auge económico y la equidad social.

El reparto político que se mantuvo en los últimos plenos de la JCE, que incluye en el saliente a dos comisarios de los partidos Revolucionario Dominicano y De la Liberación Dominicana, representó un grave retroceso institucional para el país.

Constituyó una verdadera tragedia para la democracia, que tras la imposición de la impronta electoral trujillista y postrujillista, el PLD no fuera capaz de aprovechar su control de todos los poderes del Estado para inaugurar una etapa de florecimiento de la democracia institucional en los procesos electorales.

Tan lejos fueron los morados en su intención dañina contra el sistema electoral que llegaron al extremo de tratar de imponerle al país las elecciones adulteradas del 16 de febrero, lo que les ganó la repulsa popular.

Si medimos por resultados, al PRM le fue mejor cuando para la última elección rechazó la pretensión de volver a dejarse embarcar en el reparto de los miembros del pleno de la JCE y otras altas cortes.

El PLD, que impuso su mayoría mecánica en el Consejo Nacional de la Magistratura y en otras instancias decisorias, termina perdiendo las elecciones municipales, congresuales y presidenciales y el control absoluto en prácticamente todos los poderes del Estado.

Los políticos deberían sacar experiencias enriquecedoras del pasado proceso electoral. Tener control del poder sólo para controlar es ya un mal negocio. El pueblo, los jóvenes de la Plaza de la Bandera y los cacerolazos de las mujeres, dieron un ejemplo que debe servir para avanzar, no para retroceder.

El severo traspiés morado, que sus dirigentes parecen tomar aún a la ligera, debía servir para que los políticos entiendan de una vez que la transparencia y la participación ciudadana llegaron para quedarse.

La revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, y las redes sociales han cambiado las formulas para sacar capital político. Ya no es igual a como era hace 40, 30, 20, 15,10, 5, 2, un año o unos meses.

Un muchacho haciendo campaña en bicicleta y otros que limitaron su proselitismo a las redes, que le dieron pelas a candidatos con una elefantiásica estructura política clientelar detrás, no debería ser el único ejemplo aleccionador.

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