¡Ahora o nunca!

Una vez presencié la auténtica respuesta de una persona “me encantaría poder, pero no quiero”, caminaba aturdida por la combinación de sinceridad, espontaneidad pero también el alto nivel de sarcasmo. Pensé ¿cuántas veces Dios nos llama al deber y aunque no lo expresamos con palabras, nuestros hechos, apatía e indiferencia son el peor sarcasmo que podemos mostrarle? Sin embargo, cuando oramos queremos una contestación automática. Sin dudas, es la fe obediente la que trae tales respuestas. Isaías 65:24 dice “y sucederá que antes de que clamen, yo responderé”. ¿Qué pasará si das el café 10 minutos más tarde? Si das la mano cuando otro ya abrazó, si dices te amo frente al ataúd, si profetizas después del suceso, si extiendes tu mano o das una ofrenda cuando ya se generó la deuda: ¿sumas o restas?

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