¡Aférrate a Dios!

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No puedes cambiar la realidad que ya se fue, pero puedes abrir los brazos a un corazón que cree que puedes cambiar la suya! Reconozcamos que los golpes y fracasos también nos dotan de fortaleza, luz y determinación para superar el rechazo. Fracasar no es sinónimo de dejar de vivir, sino de no dejar atrás aquello que no debe continuar en nuestras vidas. Pero amar es sinónimo de construir a pesar de las destrucciones, bordeando las desilusiones y atravesando las obstrucciones.

Hoy aférrate a Dios y avanza, acepta que él es el perfecto amor que echa fuera el temor, que el miedo al engaño, a no ser amados como soñamos debe ser superado por la determinación de levantarnos del lecho de la cobardía y que la noche precede al día.

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