La justicia y el crimen

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El incorrecto manejo de la Justicia, sobre todo, por los niveles de impunidad y los privilegias que otorga a los de cuello blanco que comenten crímenes y delitos, ha sido una de las causas del auge de la criminalidad que está convirtiendo al país en un territorio invivible.

Las fatales decisiones de muchos jueces y de los fiscales corruptos, así como las autoridades coercitivas que contaminan las pruebas o producen decisiones privilegiadas por dinero, deben ser mantenidos en la mira, para que alguna vez paguen con creces el daño que hacen a la sociedad.

¿Cómo pueden detenerse la delincuencia y la criminalidad, si sus principales padrinos son quienes protegen e encubren a los más feroces criminales y delincuentes?

¿De qué manera podemos pensar en un país de progreso y bienestar, si la autoridad competente y reguladora es la primera en violar las leyes y alimentar la corrupción y el crimen, organizado o común?

Realmente vivimos en una sociedad en caos, no hay garantía de tránsito, los hogares se han convertido en cárceles familiares de las que pocos quieren salir porque el crimen siempre está al acecho.

Cuando por obra y gracia del Espíritu Santo algún criminal, corrupto o delincuente es aprehendido o puesto en manos de la Justicia, algo ocurre para que su estadía fuera de la sociedad sea breve y pueda volver sin miedo a sus andanzas. En cambio, cuando cualquier infeliz comete un error o viola impensablemente la Ley de Tránsito, debe prepararse para la sanción más dura.

No podemos pretender vendernos como país seguro ni como como sociedad avanzada si, definitivamente, seguimos pensando en las nubes, mirando en el aire, sin pisar la verdad en la dura tierra. Necesitamos que las autoridades lo tomen en serio y piensen que el país es de todos.

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