La invención de las “infancias trans” en México (2 de 2)

Actualmente, el Congreso Nacional dominicano debate las modificaciones al Código Penal que fue promulgado mediante el decreto-ley No. 2274 el 20 de agosto del 1884. Se han propuesto más de 380 artículos y 60 nuevas tipificaciones penales para ser evaluadas durante esta legislatura. Entre ellas, algunas que tienen que ver con el innovador concepto de la “identidad de género”.

En la ciudad de México también se discuten temas similares, particularmente una propuesta para modificar el sexo de niños y niñas dentro de las actas de nacimiento, conocida como la Ley de “Infancias Trans”. Esta modificación administrativa representa la antesala para la legalización de las “clínicas de género” para menores de edad. La propuesta fue presentada a finales del 2019 por la Comisión de Igualdad de Género que, se supone, debería enfocarse en los temas de la mujer. Continuamos la conversación con la feminista mexicana Laura Lecuona, sobre los aprestos para incorporar en la legislación de su país políticas de “identidad de género” dirigidas a la niñez.

Raquel Rosario Sánchez: En México aparte de altos niveles de violencia machista, hay otras necesidades básicas de la niñez que nunca son priorizadas en la agenda legislativa. ¿Por qué la Comisión de Igualdad de Género insiste en este tema?

Laura Lecuona: En un país con más de dos feminicidios al día, que ocupa el primer lugar en embarazo infantil entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, donde los refugios para mujeres víctimas de violencia sufren recortes de presupuesto, con un presidente que no duda en apoyar a un candidato a gobernador sobre el que pesan acusaciones de violación, en el que se reprimen las manifestaciones contra los feminicidios, en el que el 99 % de las violaciones quedan impunes, está claro que las prioridades feministas no son del todo coincidentes con las de las comisiones de igualdad de género.

La Ley de Infancias Trans no responde a necesidades genuinas de la población mexicana. Son las prioridades de un grupo de presión que opera en muchas partes del mundo con un financiamiento multimillonario y que tiene cooptadas a numerosas instituciones, desde las Naciones Unidas para abajo. Lo que sucede es que las comisiones de igualdad de género de los distintos congresos estatales, de los partidos políticos, de los organismos de defensa de los derechos humanos, están tomadas por paladines de las políticas de identidad de género, que impulsan un programa político antimujeres y antilibertad de expresión.

RRS: ¿Como feminista, qué opinión te merece la invención sociológica de las “infancias trans”?

LL: Es, como bien dices, una invención. Como feminista, desde el primer instante me di cuenta de que se trataba de una esencialización de los estereotipos sexistas, pues se basa en la idea de que una niña con conductas que la sociedad considera más propias de niño, es en el fondo de su ser un niño y viceversa.
Como alguien preocupada por los derechos de la infancia, la llamada transición médica de niñas y niños me parece un escándalo horripilante. No entiendo cómo tanta gente y tantas supuestas feministas, se niegan a ver que la alteración y mutilación de menores de edad perfectamente saludables, representa una atrocidad sin nombre y ante ella deciden aplaudir o callar.

RRS: La ciudad de México cuenta con casi 10 millones de habitantes. Según datos oficiales, desde el 2009 (cuando se legalizó la modificación del sexo en actas de nacimiento para personas mayores de 18 años) hasta la fecha, se han realizado apenas 1,500 trámites de cambio de sexo. ¿A qué se debe la insistencia mediática respecto a este tema con la niñez?

LL: La insistencia mediática tiene que ver con que es un tema con cierta dosis de escándalo que apela al morbo del público y a que en las redacciones de los medios de izquierda nunca faltan personas impulsando políticas de identidad de género e impidiendo que se conozcan otras posturas.

Por ejemplo, cuando un artículo mío sobre estas preocupaciones se ha publicado en alguno de estos medios, invariablemente la redacción recibe avalanchas de cartas, llamadas y tuitazos de reclamo por “dar plataforma a una tránsfoba” por parte de promotores de estas políticas, así que no me vuelven a invitar a escribir, pues, como me dijo un editor, “la revista no se puede volver una oficina de relaciones públicas por dos días cada vez que salga algo tuyo”.

Experiencias parecidas viven cotidianamente feministas y hombres críticos del género a nivel internacional. Este es el modus operandi de este activismo, que se empeña en silenciar voces disidentes mediante intimidación y chantaje… y lo logra. De esta manera, los medios de comunicación solo presentan un lado del debate y renuncian a su obligación de informar con imparcialidad.

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