Un adornito burocrático

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No controla la nómina de ninguna entidad del Estado. No decide los ascensos por méritos en ningún espacio de la burocracia. No tiene idea de cuántas nominillas (botellas del partido) hay en todo el aparato estatal. No tiene ninguna incidencia en la voluntad omnímoda del Presidente de la República, sus ministros, viceministros (¡centenares!) y directores generales de lo que sea. No simplifica ni racionaliza nada, ni rebaja los sueldos millonarios de ciertos funcionarios. Entonces, ¿para qué sirve ese lujito, único en el mundo, que llaman dizque “Ministerio de Administración Pública”. (Ni Ramón Ventura Camejo lo sabe).

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