El narcotráfico, las drogas y los clubes culturales del pasado

En el pasado, los clubes culturales y deportivos del país se convirtieron en poleas transmisoras de las inquietudes de los barrios, de sus comunidades y otras áreas de la sociedad dominicana. Las demandas de toda índole se expresaban, muchas veces, en nuestro medio social, por órgano de esos centros que interpretaban el sentir de las masas populares.
El día lunes 8 de abril de 1974, alrededor de las nueve horas de la mañana, mientras me encontraba en mi oficina de abogados, en Santiago, ante mí se presentó un jovencito que se identificó como Nelson Rodríguez, y me manifestó que me visitaba en su condición de miembro del Club Cultural Orión, de Villa Progreso, haciéndome saber que el objetivo de su visita era para solicitarme que impartiera una charla en el local de su organización, con el tema Las drogas y la sociedad. Luego de examinar mi agenda, le hice saber al novel visitante que haría mi exposición el día martes 16 de abril, a las 8 de la noche.

Debo precisar que el jovencito Nelson Rodríguez, que aquel día y mes del año 1974, me visitó para solicitar la charla, es hoy el señor Nelson Rodríguez, actual director del periódico elCaribe.

He aquí los puntos que abordé en el curso de la exposición a la cual había sido invitado:

1.- El sistema social que predomina en la República Dominicana es propicio para el desarrollo del vicio y el tráfico de las drogas, esto es así porque además de ser un negocio que deja buenos beneficios a los narcotraficantes, las instituciones que genera el actual ordenamiento social, no se preocupan por la eliminación de ese tipo de comercio. Algunas autoridades consideran que el negocio de las drogas es como vender tela, libros, tierra y prostitución.

2.- La justicia dominicana trata de forma diferente a un acusado por cuestiones políticas, que aquel que cae preso por el tráfico de drogas. Las sanciones que imponen a los traficantes de narcóticos, si es que les imponen algunas, son siempre benignas. Todo se debe a que las lacras que engendra el sistema vienen a ser de beneficio para sectores que mantienen al pueblo viviendo en la miseria.

3.- Un politiquero cualquiera ve muy común que un joven se “endrogue”; quienes no ven bien que los hijos del pueblo se endroguen, son los campesinos, los obreros y demás sectores humildes de la población. En nuestro país nadie ha visto que un campesino o un obrero se dedican al tráfico de las drogas; quienes hacen de las drogas un negocio lucrativo son los mismos que tienen mentalidad para acaparar artículos de primera necesidad, les sirven a los intereses extranjeros y se ceban de los vicios de esta sociedad. El de las drogas no se puede ver al margen de otros problemas sociales. El que quiera combatir seriamente el consumo y tráfico de narcóticos en este país, también tiene que luchar por acabar con el sistema social que le sirve de caldo de cultivo.

4.- No es serio aquel que se pone a hablar de acabar con el negocio de las drogas, persiguiendo a dos o tres drogadictos, cuando el sistema permanece igual y cada día saca sus reservas dentro de las clases sociales dominantes que se enriquecen del vicio, de la corrupción y de toda clase de bajas operaciones.

5.- Pretender acabar con las drogas apresando a un drogadicto, es como querer acabar con la prostitución cerrando uno o dos prostíbulos; quien crea eso le hace un flaco servicio al pueblo y lleva a las masas a la confusión. La realidad de nuestro país nos dice que aquí los sectores poderosos protegen a determinado tipo de delincuentes, como los que trafican con la prostitución y las drogas. El día llegará, más temprano que tarde, que el narcotráfico será un poder en el país, cuando haga fuerte alianza con los políticos, militares, policías y sectores del bajo mundo.

6.- Aquí, a los que se persiguen son a quienes luchan por acabar con el sistema, no a quienes de él se enriquecen. Entre un preso político y un traficante de drogas, el que lleva la peor parte es el primero, y una muestra de ello es que en este país hay cientos de presos políticos, pero en las cárceles no hay uno solo por traficar con prostitutas y drogas. Aquellos que dicen que quieren acabar con las drogas, que vayan a los barrios a difundir en el seno de las masas los males del sistema y todas sus consecuencias negativas.

7.- Al leer el contenido de la charla a que hice referencia anteriormente, se debe tomar en consideración la fecha de la misma y las observaciones que hacía de cómo se desarrollaba en el país el tráfico y consumo de estupefacientes. Lo que expuse en esa época, se confirma con la realidad de hoy, y la amplitud de cómo el fenómeno de las drogas ha ido desarrollándose en nuestro medio social y el narcotráfico es un verdadero poder.

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