Aplaudir lo bueno pero exigir lo mejor

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Comparto la afirmación de Paola Rainieri quien en su última intervención, con amplias reseñas en los diarios, afirmó: la reapertura de los hoteles es un acto de fe en el presente y el futuro del país.
En esa actividad, también expuso algunas ideas que invitan a la reflexión, la más relevante de ellas es la afirmación de “que la suma de voluntades es la fuerza que nos permitirá superar la crisis y volver a la senda del crecimiento y el desarrollo, con más experiencia, con una renovación de compromisos y con mayor identificación con la sociedad de la que somos parte”.

Son lecciones que nos va dejando la pandemia. Todo hecho, por negativo que sea, nos deja experiencias y lecciones importantes que nos ayudarán para superar los nuevos obstáculos.

Una de las preguntas que deben hacerse los líderes de las empresas hoteleras y turísticas que se cobijan bajo las siglas ASONAHORES, es cómo habrían podido lograr éxitos en aspectos fundamentales del manejo de los vientos huracanados que ha traído la pandemia al turismo, sin tener a manos la cobertura institucional y representación, que aporta ASONAHORES.

Las palabras del señor Andres Marranzini en el acto para anunciar la “Feria Virtual Asonahores”, lo explica: “Durante los últimos ocho meses hemos trabajado sin descanso con las autoridades turísticas y económicas, con la presidencia de la República. Con las nuevas autoridades hemos visitado las principales comunidades turística para dialogas con su gene y buscar soluciones que nos permitan reactivar el sector”. ASONAHORES asumió las tareas y trabajó para el sector turismo. Mirémonos en ese espejo.

Repito hoy, muy convencido, una de mis frases favoritas: Nunca nada es tan bueno que no pueda ser mejor. Cuando se analice el proceso y asumamos las lecciones aprendidas, habrá una conclusión irrebatible: ASONAHORES con su equipo, hizo el trabajo. No fue perfecto, faltaron detalles, se pudo hacer más… Si! pero se hizo el trabajo.

Tomo de nuevo prestadas las palabras del señor Marranzini, vicepresidente ejecutivo: “Estamos viendo ya los primeros resultados. Crecen los vuelos, crece el turismo interno y crece la llegada de turistas internacionales. Nuestros socios internacionales aceptan nuestros protocolos de seguridad sanitaria; y lo más importante, es que crece la conciencia de los dominicanos sobre la importancia de hacerlo bien”.

Estas reflexiones sugieren las primeras lecciones de la pandemia, que no debiéramos olvidar: 1. Necesitamos instituciones funcionales, respetables, organizadas, con objetivos y reglas definidos. 2. Cuando la crisis sacude la sociedad, sólo puede superarse si aceptamos que existe el otro. Si la sociedad es la suma, las verdaderas soluciones deben sumar a todos. 3. Ante los grandes temas que paralizan una sociedad no hay salvación individual. Es la gran lección de la pandemia. Tenemos vínculos indisolubles entre nosotros mismos y con la sociedad global que integra el resto de la humanidad y las naciones.

El COVID vino a recordarnos esa inmutable ley del cambio: cambiar o morir. Estamos convocados al cambio. Nuestra sociedad, el mundo fluye hacia el cambio. Podrá ser doloroso para algunos, porque a pesar de la continuidad cultural, ya muchas, muchas cosas no son igual que ayer; y mañana podemos quedar colocados en un escenario desconocido.

La pregunta es si entes exitosos como ASONAHORES, o los diversos grupos sociales que se sumaron para colocar a Luis Abinader en el Palacio Nacional, pueden comprender que buena parte de la sociedad ve y aplaude lo bueno, pero reclama lo mejor. Vivimos el tiempo de sociedades exigentes.

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