A 37 años del descubrimiento del niño de Turkana, Google le rinde homenaje

La especie caminó la tierra hace 1.6 millones de años, y fue descubierta a mediados de 1980 en Kenia

El niño de Nariokotome o niño de Turkana, como es conocido, es el apodo del fósil KNM-WT 15000 (cifra de referencia por el Museo Nacional de Kenia-West Turkana). Se trata de un esqueleto casi completo, al cual tan solo le faltan las manos y los pies, correspondiente a un joven homínido que falleció entre los 11 a 12 años de edad (otros dicen que tan solo tenia 8 años) hace aproximadamente 1,6 millones de años (en los inicios del Pleistoceno).

Esta falta de ciertos huesos es visible en la animación de Google. Se observa en la silueta humana que se resaltan los huesos con marrón claro, pero al final de sus extremidades, tanto las manos como los pies quedan de color oscuro.

El esqueleto fue descubierto el 23 de agosto de 1984 por el experto buscador Kamoya Kimeu, miembro del equipo de paleo antropólogos que entonces dirigía Richard Leakey.

El hallazgo se produjo en el yacimiento de Nariokotome próximo al lago Turkana en Kenia; la forma de la pelvis indicó casi inmediatamente que se trataba de un varón, el análisis de los huesos, en especial los alargados fémures que aún no se habían osificado completamente, dieron una talla o estatura de 160 cm de altura, con lo que de adulto podría haber alcanzado los 185 cm.

No obstante, esta consideración es falsa. Hoy se sabe que Homo ergaster (un homínido extinto, propio de África que se estima vivió entre 1,9 y 1,4 millones de años, en el Calabriense (Pleistoceno medio)), la especie a la que pertenece el Niño de Turkana, presentaba un desarrollo ontogenético más rápido que el Homo Sapiens, por lo que a los 11-12 años de edad habría finalizado su crecimiento, y, por ende, los adultos de esta especie no medirían más de 160cm de altura.

Las costillas son sorprendentemente semejantes a las del hombre moderno, incluso la configuración raquídea (el ejemplar padecía de una escoliosis muy probablemente debida a un accidente); sin embargo, la capacidad neurocraneal era de tan solo 880 cm³ y en estado adulto probablemente hubiera alcanzado los 910 cm³ (el promedio de la capacidad neurocraneal del ser humano actual es de 1350 cm³).

En definitiva, el cuerpo parece haber presentado en líneas generales el aspecto moderno, pero su cerebro era más equiparable con el de un niño moderno de solo un año.

El estudio de la morfología interna del cráneo permite observar una concavidad para el área de Broca, bastante desarrollada (una de las principales áreas corticales dedicadas al lenguaje articulado); sin embargo, la observación del hueco de las vertebras (muy pequeño en relación a la del ser humano moderno) indica con altas probabilidades que no existía una suficiente inervación de las estructuras que permiten el habla, por lo cual está prácticamente descartado que pudiera tener un lenguaje oral con un desarrollo próximo al moderno.

Se supone que la causa de la muerte del niño de Nariokotome fue una septicemia generalizada a partir de la infección de un molar.

Según los científicos, sus huesos se hundieron en los sedimentos del lago Turkana y se conservaron durante 1.5 millones de años. Sin embargo, este niño es solo uno de los muchos fósiles de estos humanos que se descubrieron cerca del lugar.

Uno de ellos ocurrió en 1972 y otro en 1999.

El primero fue cuando el mismo Richard Leakey halló restos de lo que luego fue bautizado como Homo Rudeolfensis, una especie de hominino extinta que habitó en el este de África entre hace 2 y 1,7 millones de años, en el Gelasiense (Pleistoceno inferior).

En tanto, el segundo fue hecho por Meave Leakey. En las proximidades del lago se descubrió un cráneo de unos tres millones y medio de años, con rasgos intermedios entre el Australopithecus y el Homo. El espécimen fue bautizado como Kenyanthropus platyops, que significa “hombre de Kenia de rostro plano”.

El lago Turkana está situado en un ambiente desértico, tiene una superficie de 6405 km² y es conocido como el más alcalino del mundo. Alrededor hay tres parques nacionales de Kenia, considerados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1997.

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