Iain-Macmillan por el camino de los Beatles

Iain-Macmillan por Mercader.

Ese día, 8 de agosto de 1969, el cielo estaba tan gris como los otros 364 del año en las cercanías de la avenida Abbey Road. Es por eso que la sesión de foto al aire libre no se canceló. Iain, con un look cercano al cantante Neil Diamond, agarró su camarita Hasselblad 500C y se la colgó del pescuezo; se metió en su bolsillo el lente Zeiss Distagon de 50 milímetros f/4 y llegó casi puntual al frente de los estudios de grabación que tenía el mismo nombre de la avenida.

Ya lo esperaban, sentados en los escalones del frente, John, Ringo, Paul (Billy?), George y el diseñador de la caratula del próximo disco, John Kosh.

Como había poca luz, el fotógrafo tendría que arreglársela con los rejuegos del asa y la apertura del lente.

Pusieron una escalera, de unos siete pies y forma de A, en el medio de la avenida. Un policía de tránsito los ayudó con los pocos vehículos que pasaban.

A una señal de Iain, los Beatles en la acera, empezaron a cruzar la calle por encima de la cebra que luego se convertiría en el punto turístico más visitado de Londres. El cruce se hizo de manera natural y Iain disparó dos veces.

Ya del otro lado esperaron el aviso del fotógrafo “enganchao” en la escalera con una pierna al aire igualito que un “pícher” de guagua como le diría Enrique Betances a Mariano. Volvieron a cruzar en sentido contrario y quedaron fijos en las tomas 3 y 4.

Después de dejar pasar una guagua roja de dos pisos y tres taxis que llevaban al agente 007, a Sherlock Holmes y a Agatha Christie, en ese orden, el policía dio el visto bueno para que continuara sus maromas desde la escalera. Volvieron a cruzar, pero esta vez Paul se quitó las chancletas Flip Flop con las que había hecho la primera travesía y se quedó descalzo. Esta vez parece que oyeron alguna marcha militar porque sus pasos llevaban el mismo ritmo. Los clics 5 y 6 se oyeron en el Palacio Buckingham, aunque en realidad fue la número 5 la que retumbó en todo el planeta cuando se dio a conocer en la carátula que acompañó el álbum vendido 31 millones de veces.

La grabación final la hicieron el día 18 y cuando el 26 de septiembre el álbum salió a la calle, hacía unos días que el grupo se había desbaratado.

Cuando en el 1970 llegué a la Universidad de Columbia, se oía en una vellonera de la cafetería, llena de humo de cigarrillo y marihuana, el “Hey Jude” que no pasaba de moda. En el campus de Berkeley University en San Francisco, ni Hair, ni Jimmy Hendrix y menos Santana se oían más que los Beatles. Desde sus primeras a las composiciones que el álbum Abbey Road presentaba, todas siguieron ocupando posiciones top del hit parade de la música pop.

La selección de la foto número cinco de las seis que Iain tomó, respondió a criterios puramente gráficos, estéticos y profesionales. La composición que él logró captándolos con las piernas en V invertida, hace toda la diferencia con las demás. No es una foto de estudio por lo que es inevitable el “ruido” del fondo que se presenta incluyendo el mismo carro Volkswagen lo que se hubiese evitado con una escalera más alta que captara al cuarteto con el pavimento de fondo y sus rayas blancas. De todas formas, nadie estaba en ánimo de perder tiempo como se supo después que el álbum se iba a llamar Everest y que harían un viaje para hacer la foto en las montañas de Nepal. En cambio, la cebra elegida estaba a boquejarro, en frente del estudio. Más tiempo pasaron oyendo los elogios de la señora que los sorprendió cuando se preparaban a cruzar que el tiempo que duró la sesión que según el mirón Paul Cole, no pasó de diez minutos.

Se cree, y los rumores y chisme lo podrían justificar, que la ruptura se debió a la muerte de Paul el 9 de noviembre de 1966 como lo publicó el Excelsior de México y el Michigan Daily en una crónica de Fred Labour y John Gray.

Lo que “The Chusma Herald” de Koldo decía era que cuando ocurrió el accidente mortal, los otros tres fueron introducido en una furgoneta de la Policía de la Scotland Yard, discutieron el plan con Sir Arthur Conan Doyle para sustituir al muerto pues la maquinaria de hacer millones y millones de Libras Sterlinas, no podía clausurarse así por así.

Resulta que en Canadá, siempre de acuerdo al “The Chusma” al que se le sumó “The Chop Ops of New York”, habían hecho un concurso “buscando el doble” y William Campbell ganó imitando a Paul. El asunto es que este Campbell o se lo tragó la tierra o lo absorbió una luz verde desde un ovni. No se le vio ni en las sesiones espiritistas en que Harry Houdini participaba tratando de hablar con su mujer, ida a destiempo.

Es así como la expansión de la leyenda de Paul llegó hasta la quinta foto, la más famosa de Iain, para devenir en una alegoría del entierro del Beatle “accidentado”. Ahora se decía que John Lennon, vestido de blanco y a la cabeza de la fila india del cuarteto, era el ángel que conducía al zurdo bajista hasta la misma Puerta del Cielo. Ringo, detrás de John, aunque con cara de Larry de los tres chiflados, representaba al empleado de la funeraria o algún pariente doliente. George al final de la cola, con pantalón y camisa Jean, era el vestido más informalmente por lo que le dieron el papel de enterrador o zacatecas.

Mientras todos en la marcha presentan el pie derecho hacia atrás, Paul es el único que rompe la cadencia y se le ve con él hacia delante, pies descalzos y con un cigarrillo en la mano derecha. ¿Y Paul no era zurdo?

De ñapa, Paul marcha con los ojos cerrados como un zombie.
El cepillo blanco que se ve parqueado a la izquierda de la avenida lleva una placa con esta inscripción: LMW 28 IF lo que ha sido interpretado como una señal del diseñador que significaría Linda McCartney Widow (viuda) y el 28 IF como 28 años si (if) estuviera vivo.

Ese fue su último álbum y no es cierto que rompieron por la presencia insignificante de la Yoko, instrumento luego de la dañina corriente del “arte Contemporáneo” y sus pendejadas para estúpidos.

Además de los cuatro Beatles, en la parte frontal de la carátula del disco de 33 revoluciones, había, al fondo a la derecha, por detrás de la cabeza de John, donde están los carros parqueados, un señor que luego fue identificado como Paul Cole, que se coló.

A John lo mató un “loco”, engendro de una sociedad que hacía tiempo había intentado matar el Arte con las basuras impuestas de la “contemporaneidad” o quizás pago por la maquinaria de Nixon a quien el Beatle “acosó” en sus campañas electorales por su protagonismo en la Guerra de Vietnam. ¡Qué casualidad más casual! George cantó su última y más hermosa canción con Eric Clapton y su hijo “while my guitar gently weeps…”. Ringo sigue siendo el mismo stooge de siempre y Paul, como Brigitte Bardot, “en defensa de los animales (menos el murciélago)” intenta desde 1966, pasando por su álbum “Paul vivo” de 1993 y cuya carátula con foto del mismo Iain en el mismo lugar de la avenida, pero en solitario y con su perro, asegurarle a todo el mundo que él es él y está vivo. La placa del cepillo fue cambiada por 51 IS, cincuenta y un años es.

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