Franklin Domínguez en la literatura dramática dominicana

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El Cine es llamado el ‘séptimo arte’ debido a que sintetiza de forma definitiva y definitoria las otras seis artes básicas que conforman el diseño humano para crear, disfrutar, valorar, y divisibles en binomios de cercana relación: Música-Danza, Pintura-Escultura, Teatro-Literatura.
A su vez, el arte literario o de la palabra se manifiesta en cuatro grandes géneros: narrativo o épico, lírico o intimista, retórico o de ensayo, y el género ‘literatura dramática’, propio de la representación teatral. Finalmente, la Dramaturgia es cualquier espacio físico o intelectual donde convergen, referidas al Teatro, sus dos aristas: el texto y la representación. BP-D.

En el mes de marzo -mes internacional del Teatro-, del recién pasado 2019 proliferaron los reconocimientos a Franklin Domínguez. En Santiago, su ciudad natal la Universidad Madre y Maestra le rindió un extenso reconocimiento, y en el espectáculo nacional El Soberano la Asociación de Cronistas de Arte le reconoció con un premio especial que se suma a las numerosas ocasiones anteriores en las que fue objeto de estos premios de nuestros cronistas; asimismo, el Ministerio de Cultura anunció la publicación de una antología con un conjunto de piezas seleccionadas especialmente por el mismo autor. En su momento tuve yo misma la oportunidad de inquirir y determinar los títulos que nuestro dramaturgo eligió, vale decir prontamente, pues como legítimo hombre de teatro su objetivo primordial estaba ya establecido: inducir la proliferación de piezas fáciles de montar a fin de llegar al mayor número posible de espectadores.

Y así ha sido desde sus primeros logros escénicos. Un cada vez más creciente número de grupos de teatro han seleccionado desde siempre sus obras. Desde los inicios en los años cincuenta del siglo XX la obra dramática de Franklin Domínguez –nacido en 1931– se perfiló exitosa y arraigó de forma permanente en el gusto del público nacional como representativa de la más esencial dominicanidad. Ha sido una trayectoria extraordinariamente fecunda que incluye los más variados géneros del teatro desde las primeras piezas —Éxodo de 1951; Cuando juega el amor, El vuelo de la paloma, ambas de 1952; Sin importancia, Alberto y Ercilia, y Mi esposa espera un niño, de 1954; de 1955: Extraño juicio, Dos en la soledad; de 1956 El punto final,Hombres y relojes, y Tertulia de fantasmas; y de 1957 El último instante, y Habitación 203—.

Fue aquella una década protagónica para Domínguez y desde entonces ha sido la suya una vida dedicada por completo al arte dramático con una producción cercana al centenar de obras, reconocida y galardonada en todos los niveles públicos.
El drama Un amigo desconocido nos aguarda fue estrenado en 1958, y Espigas maduras del mismo año, le confirió fama definitiva en todo el territorio nacional. En 1959 Domínguez editó su pieza La espera. En el prólogo de esa publicación Manuel Valldeperes, importante crítico español del exilio entonces radicado en Santo Domingo, señaló diferencias esenciales entre la escritura de aquella pieza y el teatro anterior de Domínguez: “Se muestra resueltamente cómico, con una comicidad grotesca rayana en la sofisticación de lo estoico que es el camino de la insensibilidad y de la conformación ante las propias adversidades. Pero de este teatro inicial ha pasado a un teatro en el que prevalece la entidad moral” -La Espera, pieza en tres actos. Ciudad Trujillo, 1959. P. 8-.

Posteriormente Se busca un hombre honesto de 1963 estructuró el estilo propio que en adelante exhibiría su escritura teatral unida a un género en particular: la sátira política, en donde destacan obras de índole proselitista tales como la ultra representada Lisístrata odia la política. Esta pieza, inspirada en la “Lisístrata” de Aristófanes se desarrolla en el mítico pueblo creado por Domínguez ‘Sálvese quien pueda’. Allí vive Lisístrata, la esposa del jefe de policía, mujer valiente y de fuerte carácter que cansada de ser desplazada por la política y sus conspiraciones, decide que las mujeres son las únicas que tienen derecho y el poder para poner remedio a la indiferencia de los hombres hacia ellas. Vale decir que fue la pieza escogida para la Antología de teatro dominicano que tuve el privilegio de preparar y publicar a fines del 2017.

Autor imprescindible de nuestro teatro, Franklin Domínguez ha recibido el Premio de literatura teatral Cristóbal de Llerena en repetidas ocasiones: Por Omar y los demás en 1975, Lisístrata odia la política, en 1979,Los borrachos de 1983, Drogas 1986, Las extrañas presencias en 1992, Bailemos ese tango en 1997, Duarte en 1998, La telaraña del poder en 1999, y por Tú también morirás, en el 2003. Su repertorio se ha representado en cuantiosos escenarios del mundo y en festivales internacionales y sus obras forman parte de numerosas antologías de teatro hispanoamericano y universal. Sobre los temas recurrentes de su dramaturgia resultará de interés a los investigadores el estudio de George Irish, “SomeObssesivesThemes in theTheatre of Franklin Domínguez”, en Jesse Noel, SpanishCaribbeanTheatre, University of West Indies, Saint Augustine, 1979, pp. 126-138, y su categórico “Discurso de Ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua” en abril del 2008.

Las múltiples piezas escénicas compuestas y exitosamente estrenadas por Domínguez han logrado un corpus extenso, coherente, de rasgos diferenciados y al mismo tiempo altamente vinculados. Desde la circunstancial superficialidad de su famosa sátira Se busca un hombre honesto, o la comicidad sutil de la temprana Farsa de los campesinos infieles hasta el hondo expresionismo de El último instante, -o de La llamada- la escritura de este dramaturgo dominicano ha sido expresión de la más genuina identidad nacional y al mismo tiempo es el conjunto de sus obras la traducción de una extraña motivación interior que a lo largo de su vida ha puesto a nuestro alcance, al alcance de todos, desde la magia del teatro que es sólo una de las seis artes básicas que forman el diseño humano para disfrutar y valorar la creatividad, individual o colectiva.

La dinámica de puestas en escena para las piezas de Domínguez se mantiene vigente y actual en todo el territorio nacional; mientras que las compañías locales trabajan sus obras de forma continuada, internacionalmente es el autor dominicano más representado de todos los tiempos. Las compilaciones de su dramaturgia no han sido tan numerosas como cabría esperar tomando en cuenta el alto número de piezas escritas y los reconocimientos obtenidos, aunque cabe destacar que Domínguez ha sido el dramaturgo con la mayor cantidad de antologías de autor en nuestra bibliografía, y sin lugar a dudas que su estudio resulta imprescindible para la historiografía de la literaria dramática dominicana. Junto a Iván García, salvando la desigualdad prolífica en producción de textos -que en el autor santiaguero es infinitamente mayor en cantidad-, ambos son, de hecho, los dramaturgos dominicanos más estudiados, editados y antologados dentro y fuera del país.
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Portada del primer tomo de Sátiras Políticas. La edición fue iniciada por el entonces Ministro de Cultura, José R. Lantigua; nunca se concluyeron las dos partes subsiguientes anunciadas. Posteriormente el ministro Pedro Bergés dispuso la publicación de la próxima Antología de Domínguez, esta vez sobre piezas diversas indicadas por el dramaturgo; sin embargo, la misma no se concretizó antes de su término ministerial. A la fecha de este escrito, ambas compilaciones se encuentran entre los planes de ediciones nacionales.

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