Puerto Plata y la llegada del siglo XX: tabaco, maderas, mulas y ferrocarriles

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Puerto Plata, en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, atrajo un considerable flujo de comercio internacional y comerciantes foráneos que dieron lugar a la conformación de la primera forma de vida burguesa en el país. Este grupo de emprendedores determinó, casi en su totalidad, la vida local despegando así el desarrollo de las comunicaciones y de una economía volcada a la exportación que modificó las costumbres, la educación y permitió la aparición de una bella arquitectura que su casco histórico en el presente aún refleja.
Durante el período señalado su puerto se insertó en las rutas de la economía atlántica exportando tabaco del Cibao y caoba de sus bosques, que fueron implacablemente desforestados por la voracidad consumista europea y norteamericana. Se estableció también como receptor de los productos de las economías industriales. Hamburgo y los alemanes detentaron el monopolio del tabaco, por tanto, la vida de los agricultores, cosecheros y pequeños comerciantes del Cibao dependió en gran medida de los impulsos del norte de Europa.

Si los alemanes fueron el grupo más notorio, también hubo grupos de otras nacionalidades como por ejemplo escoceses y franceses ligados ambos a la construcción del ferrocarril. Los ingleses gozaron de facilidades porque el gobierno los exoneró de aranceles por su cooperación en las luchas contra España y Francia. Hubo también un pequeño grupo de italianos asociados al tabaco, pero siempre a la sombra alemana y otro de españoles presentes con pequeñas comunidades de canarios y catalanes.
Tras la guerra de Restauración llegaron otros dos flujos migratorios, uno de franceses y norteamericanos vía Nueva Orleans y otro venidos de las islas inglesas del Caribe. Al estallar la guerra de Cuba y durante la década de la contienda entraron más de 4000 cubanos. Situación que le dio un aire de cosmopolitismo del que otras ciudades del país carecían. Entre 1850 y 1898 la población pasó de 2 mil habitantes a 16 mil, es decir, se multiplicó por 8 en menos de 50 años, impulsado entre otras razones por esta riada migratoria.

El emporio industrial y del comercio estuvo ligado a los europeos, cubanos y algunos norteamericanos blancos. Los trabajadores en su mayoría fueron afrocaribeños, incluyendo la migración de los libertos exiliados de los Estados Unidos. El arribo de cubanos aportó una lluvia de capital y tecnología que fue crucial para el desarrollo azucarero dominicano del siglo XX, que con el tiempo rompió, a nivel nacional, la hegemonía exportadora del tabaco y las maderas del Cibao.

En 1871, la comisión anexionista recogía en su informe que los campos de las costas hacia el interior albergaban magníficas plantaciones bien cuidadas, propiedad de alemanes y norteamericanos, y subrayaban el empeño de los cubanos por familiarizar a los ganaderos con el sistema de predios demarcados y no comunales como era la costumbre hasta ese entonces. Las empresas agrícolas, como sostiene la historiadora Neici Celler, fueron impulsadas por los inmigrantes, destacando el empuje cubano, que propició los primeros aires de industrialización, concretada en la instalación del primer ingenio azucarero de la firma Loinaz Brothers y la llegada, en 1897, de la empresa Brugal y compañía íntimamente ligada a la historia de la ciudad.

El poder económico se tradujo en poder político sin duda alguna, las recaudaciones aduaneras favorecieron la transformación de la ciudad en un poderoso centro político, pues la financiación del gobierno dependía en gran medida de sus recursos. El éxito de la Restauración, el fracasado intento de anexión a los Estados Unidos, muy celebrado por la comunidad alemana, las encarnizadas luchas de Luperón y Cabral contra Báez y otras muchas empresas de índole política se financiaron con capitales puertoplateños.

El general Gregorio Luperón, socio de una compañía de crédito, fue el líder azul entre 1868 y 1895 llegando, en un período determinado, incluso a nombrar a la ciudad como capital interina y asiento de Gobierno. Su partido, mayoritario en el Cibao, fue siempre dirigido desde Puerto Plata. El liberalismo se impuso sin discusión alguna, desde luego, alimentado también por los cubanos enzarzados en su lucha contra España. La Libertad fue el lema del partido azul y la composición social de sus afiliados y su poderío económico le granjeó fuerza política en el norte y en el sur de la isla.

Las recuas de mulas cruzaban el Cibao a través de sus montañas y ríos para llegar al puerto con sus productos agrarios. Miles de burros, mulas y caballos llenaban el paisaje de la región y de ello dependía la cadena comercial. Ello enfocó los esfuerzos de la Sociedad de Fomento en la mejora de las vías pecuarias. Del mismo modo, se convino agilizar el sistema de correos para el envío de paquetes, correspondencia y dinero. Hacia final del siglo XIX los intereses europeos impulsaron la construcción de líneas de ferrocarril que posibilitaron una mejora en los canales de distribución del comercio. Largas controversias relacionadas con la adecuación de las infraestructuras cerraron el siglo, pero la llegada constante de vapores internacionales impulsó definitivamente la modernización de las infraestructuras. En 1872, se instaló el alumbrado público, en 1873 se dispuso un reloj en la fachada de la Iglesia, el matadero fue inaugurado en 1877, la primera biblioteca en 1881 y en 1884 se estrenó una moderna casa municipal. Sin duda alguna, el siglo XX dominicano asomó por esta hermosa ciudad.
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Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World”. This project has received funding from the European Union´s Horizon 2020 research and innovation programme under the Marie Sklodowska Curie grant agreement Nº 823846. Dirigido por Consuelo Naranjo Orovio desde el Instituto de Historia-CSIC.

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Doctor en Historia, Investigador Centro de Estudios Caribeños. PUCMM