Medicina amarga pero necesaria

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Poco más de tres meses han transcurrido desde que el coronavirus ingresó a nuestra geografía. Con la información publicada el pasado sábado 13 de junio, es posible contrastar el desempeño del país enfrentando y limitando el impacto del virus sobre la población, con el de otros países de la región que, a la fecha, registran más de 10,000 casos positivos.
Comencemos con las pruebas realizadas. Sólo tres países en la región, Chile, Perú y Panamá, entre los 10 países analizados, han realizado más pruebas por millón de habitantes que República Dominicana. Con 10,285 pruebas por millón de habitante realizadas a la fecha, República Dominicana supera a Colombia, Ecuador, Brasil, Argentina, Bolivia y México.

Contrario a lo que muchos habían pronosticado, el número de fallecidos por millón de habitantes (55) que hemos registrado a la fecha, es inferior al de Ecuador (217), Brasil (197), Perú (191), Chile (162), México (128) y Panamá (98). Sólo Bolivia, Colombia y Argentina, registran un índice menor.

La tasa de letalidad (fallecidos como % de los casos positivos), es de 2.56%, inferior a la de México, Ecuador, Brasil, Bolivia, Colombia, Perú y Argentina. Sólo Panamá y Chile, registran tasas inferiores. Un resultado similar se observa con la relación recuperados/fallecidos. En nuestro caso es de 22.7, inferior únicamente a los de Panamá y Chile.

El progreso en materia de reducción de la tasa de reproducción (Ro), medida como promedio móvil de 7 días, ha sido significativo. Entre el primer día que se computó y el 8 de junio, ha descendido en 1.46, al bajar de 2.64 a 1.18, según las estimaciones de Simon Kucinskas, de la Humbolt University of Berlin. Solo Ecuador, entre los diez países latinoamericanos con más de 10,000 casos positivos, registra una reducción mayor (2.65).

Un estudio de la Universidad de Oxford indica que República Dominicana ha sido uno de los países de la región, entre los diez con más de 10,000 casos positivos, cuyo gobierno actuó con mayor rigurosidad para imponer el distanciamiento social, incluyendo cierres de escuelas, cierres de lugares de trabajo y prohibiciones de viaje. Solo el gobierno peruano exhibe una respuesta del gobierno más rigurosa que la aplicada por el dominicano. Entre los cuatro países analizados, República Dominicana, Chile y Perú han iniciado un programa de flexibilización gradual del cierre y la cuarentena. Panamá las flexibilizó con mayor agresividad. ¿Resultado? Niveles records de casos y fallecimientos. Ha impuesto las restricciones de nuevo.

El manejo de la pandemia, a pesar del elevado costo económico que ha provocado la política de distanciamiento social, hace acreedor al gobierno dominicano de una de las mejores calificaciones en la región. Dicho lo anterior, la dinámica de algunos indicadores, luego del inicio de la desescalada o flexibilización de las medidas de distanciamiento social, resulta preocupante.

El índice de positividad (casos positivos diarios como porcentaje del total de las pruebas realizadas es día) muestra una tendencia creciente. La semana previa al inicio de la flexibilización, el índice de positividad promedió 17.8%; catorce días después de haberse iniciado la desescalada, el índice ha promediado 22.5%. En los últimos tres días, 24.8%.

Más preocupante aún es la dinámica que se observa en la tasa de reproducción (Ro). Recordemos que la meta debe ser llevarla por debajo de la unidad. Cuando se inició la desescalada, la tasa de reproducción era de 1.19; en los últimos tres días, ha promediado 1.38. Para los que piensan que tenemos al Covid-19 “cogido por el pichirrí”, la tasa de reproducción en New York el pasado 7 de junio, 0.78, debería llevarlos a pensar de nuevo. Mientras 100 contagiados en la actualidad infectan en promedio a 78 personas en New York, en nuestro caso, 100 contagiados están infectando a 138.

Bajar la guardia frente al coronavirus podría llevarnos en el corto plazo a tener que revertir la flexibilización y a reintroducir medidas más severas de distanciamiento social. Hasta ahora el sistema sanitario ha podido enfrentar satisfactoriamente la demanda de hospitalización y de cuidados intensivos requerida por pacientes afectados por el Covid-19. Sin embargo, estamos llegando al límite de las 2,856 camas disponibles para pacientes de Covid-19. Al 12 de junio, el 96% estaba ocupado. Sabemos que es posible aumentar la disponibilidad utilizando espacios que podrían habilitarse en hoteles y otras edificaciones, una vez agotemos las adicionales que puedan separarse en los hospitales y clínicas del país. Disponemos de más oxígeno en Unidades de Cuidados Intensivos; actualmente de las separadas para pacientes Covid-19, el 41% está ocupado. Desconocemos, sin embargo, si la oferta de médicos y enfermeras exhibe la elasticidad que requeriría un aumento descontrolado de la demanda de pacientes que necesiten hospitalización y cuidados intensivos.

A ninguno nos gusta el toque de queda, mucho menos en tiempos de “mano a mano” para indecisos, caravanas antidepresivas y mítines multitudinarios para fotos de primera página. Es una medicina preventiva amarga pero necesaria. Si queremos controlar la pandemia y crear las condiciones para que la tasa de reproducción baje, no desacreditemos una medida cuya fecha de despedida no se ve clara en el futuro cercano.

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