El problema de la justicia

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Si la mora judicial no es el gran problema de la justicia dominicana: ¿cuál es? La respuesta, obviamente, dependerá de intereses, conocimiento de la problemática, compromisos, cercanía o distancia con el tema y otros múltiples factores. Por vía de consecuencia, cualquier opinión podría ser objetada con sólidos argumentos por otro observador.
Claro, no dar respuesta satisfactoria en un plazo prudente a cualquier disputa se transforma en una injusticia. Por ejemplo, desalojar abusiva e ilegalmente una familia, o no dar la fuerza pública a otra en un plazo prudente o imponer y mantener una prisión preventiva en casos bagatela, son grandes problemas, entre otros muchos, pero no el principal.

Personalmente, tampoco creo que el gran problema de la justicia dominicana sea la falta de recursos económicos. Este problema es permanente, lo sé. Y se arrastra desde la fundación de la República y, de los tres poderes clásicos del Estado, golpea en la cara del Judicial que nunca tiene los fondos suficientes para funcionar de forma adecuada, mientras el Ejecutivo y el Legislativo pueden lograr todos sus propósitos anuales. Y si, sin recursos nada se puede lograr de forma satisfactoria, pero ese no es el gran problema de la justicia dominicana.

El principal problema de la justicia dominicana, que arrastramos desde hace 176 años, ha sido, y es, simple y llanamente, la imposibilidad de servir de dique de contención al poder político. Esta falta de independencia funcional que le reafirme como tercero imparcial y que, en su imperio, se deba sólo al orden institucional del país. Ese, estimo, es el gran problema de la justicia nacional. Lo fue ayer y, posiblemente, lo será mañana.

Dice la Constitución, en su artículo 151.- “Independencia del Poder Judicial. Las y los jueces integrantes del Poder Judicial son independientes, imparciales, responsables e inamovibles y están sometidos a la Constitución y a las leyes”.

Y los jueces, de forma mayoritaria, y mientras más altos en mayor medida, ni son independientes ni imparciales, más bien son todo lo contrario.

Es una falta de perspectiva ver la justicia sin la óptica política para su correcto funcionamiento. Lo demás es sumamente importante, imposible negarlo. Pero el eterno agradecimiento al poder, la falta de carácter para hacer lo debido (imperativo categórico) y, quizás, hasta la carencia de sentido de la historia, son problemas mayores. Empero, el mayor problema de la justicia nacional, postrada, adolorida, afectada, mal vista y peor valorada, es su falta de independencia. Misma que se manifiesta de muchas formas, tanto con afectaciones que nacen dentro del mismo Poder Judicial, como fuera del mismo.

Combatir esta realidad no es tarea fácil. Y el primer paso debe darlo el poder político, que se comprometa con un Poder Judicial independiente, que actúe apegado a la Constitución y leyes adjetivas y que tenga conciencia de su valor e importancia.

Una justicia independiente es el primer paso para un avance institucional sin precedentes en el país. La clase política debe acordarlo, para beneficio de todos. Los demás problemas, que son muchos, frente a este, tienen menor afectación al crédito de El Judicial.

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