“Mi padre nunca aceptó que jugara”

Reyes Corcino se graduó de Licenciado en Contabilidad en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Reyes Corcino participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Jamaica en 1962, donde se obtuvo plata

Luis Reyes Corcino jugó voleibol, baloncesto, béisbol y softbol. Es uno de los más completos y versátiles atletas del deporte dominicano a partir de la década del 60, cuya carrera se prolongó hasta los años 80 como jugador de béisbol y softbol.

Desde pequeño presentó sus habilidades para el deporte, y aunque su padre se oponía a que lo practicara, siempre se las ingeniaba para salir de su casa con dos o tres uniformes en una mochila.

“En mi casa no se podía jugar ningún deporte, mi padre no quería en su casa ni bailarinas ni peloteros. Para poder practicar me iba los fines de semana para la casa de mi tía Yeta”, recuerda Reyes Corcino, quien fue exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano en 1917.

1. Nacimiento
Nací el 10 de septiembre de 1940 en la Clínica Internacional, mi padre me contó que pagó cuatro pesos por el servicio. En el barrio de San Carlos jugaba béisbol en un solar que le decían El Jobo, ahí jugábamos los muchachos de las calles La Altagracia, de la Félix María Luis Ravelo y de la Enriquillo. Tenía 12 años. Una vez organizaron un torneo juvenil de 12 a 14 años, el dirigente era un muchacho que vendía periódico que le decíamos Yen, él hacía las pelotas con gangorra, era nuestro manager. Recuerdo a los jugadores Pablo del Rosario, que le decíamos Cuquito, Antonio Reyes, Motoquito, Máximo Laucher, fue en un momento difícil, estaba el equipo del Escogido Junior, que reclutaba a los mejores jugadores de los barrios, tenían a Virgilio García Trujillo (Billy), que jugaba primera y segunda base. Si Billy bateaba un rolling, que se iba al shortstop, el anotador le ponía hit. Para ese torneo, fuimos a La Normal y buscamos de refuerzo a un muchacho que le decían Carabina, un moreno de más de seis pies, y otro que vendía periódico que le decían Cabeza. Ganamos ese campeonato. Fue la primera actividad deportiva organizada en la que participé”.

2. Estudios
Estudié en la Escuela Chile los primeros seis años, la intermedia en el Liceo Argentina y en la Juan Isidro Pérez hice el séptimo y el octavo. En el Liceo Presidente Trujillo, La Normal, cursé el bachillerato. Ahí jugué voleibol y baloncesto, fui selección nacional en ambos deportes, jugábamos torneos intramuros entre los cursos, tenía 15 años. En La Normal hicimos el equipo de voleibol Clase B, era clase C Junior, éramos dos jugadores claves, Tirso Gautreaux, un muchacho de San Antón, y yo. De ese torneo, pasé a clase C Sénior, competíamos con los colegios Muñoz Riveras y La Salle, que eran trabucos, jugadores formados por los profesores de Educación Física, nosotros teníamos en La Normal al padre Acacio, un cura terrible y también al padre Vicente Rubio. En ese torneo fui el mejor anotador. De ahí en adelante en todos los torneos de baloncesto terminaba siendo el primero o segundo anotador”.

3. Entrenadores
Desde los diez años, tuve como entrenadores a Viruta Pichardo y Horacio Martínez, para mí los mejores entrenadores que había en la época en el béisbol. Viruta se encargaba de organizar los torneos de pelota en María Auxiliadora, nos repartía los uniformes. Lo respetaba como a un padre. Cuando le decíamos Viruta la bola brincó, nos decía brinca con ella y no le quites la vista, era bien necio cuando uno daba un rolling, recuerdo que él levantaba la cabeza y le quitaba la vista a la bola. Para entonces jugaba tercera base. Viruta siempre tenía los mejores equipos, no importaba la clase, María Auxiliadora siembre iba a las finales, era el entrenador por excelencia, nos enseñaba a no cogerle miedo a la pelota, nos ponía a practicar, nos entrenaba físicamente. Era un entrenador extraordinario, fuera de serie”.

4. Oposición de su padre
Jugué pelota superior casi a los 16 años, en esa época era bien difícil, mi papá, Luis Reyes, un moreno de Palenque, muy difícil, enrredao, no quería en su casa ni bailarinas ni peloteros. En mi casa no se podía jugar ningún deporte. Mi padrino Chito César, escogidista, muy enllave de mi papá, me regaló unos clavos, un guante y me llevó a María Auxiliadora, consiguió que Horacio Martínez me entrenara, él era coach del Licey, vivía frente a mi casa. Cuando salía de mi casa, envolvía en un bultico varios uniformes, porque un día jugaba pelota, el otro día baloncesto y voleibol, entonces se lo tiraba al hijo de una trabajadora que teníamos que se llamaba Garibaldi para que me lo entregara a una esquina de la casa. Salía con un pan con huevo, un vaso de agua y cinco cheles. Muchas veces fui a pie a La Normal o al Ensanche Ozama a practicar, la guagua costaba cinco cheles, entonces me quedaba con el dinero y compraba un mabí, un yaniqueque y con los dos cheles que quedaban me las bandeaba. Mi padre nunca aceptó que jugara. Mi madre, Lidia Corcino, era de Bonao, media tremebunda, era la que daba pelas. Yo era muy tremendo, peleaba mucho. De padre y madre éramos cinco hermanos, mi padre tuvo cinco hijos más, en total éramos 10, nos llevábamos bien. A esos hermanos mi papá nunca los reconoció, entonces cuando murió, como era el mayor, los reconocí y las casitas que dejó se las cedimos a ellos”.

5. Su tía Yeta
Todos los viernes, cuando salía de la escuela me iba para donde mi tía Yeta, que vivían en la José Martín, esquina Manuela Diez, allá me quedaba hasta el domingo a las cinco de la tarde. Recuerdo que cuando en mi casa me quería dar golpe cogía para su casa, de una vez ella me preguntaba qué te pasa Luisito como me decía, le contestaba, que Luis Reyes me quiere dar una pela. Cuando papá llegaba, ella le decía que tuviera mucho cuidado con ponerme la mano, que él sabía que se ponía mala, entonces mi papá se sentaba un rato, luego nos íbamos para nuestra casa. En la casa de tía era que papá comía hasta el día de su muerte”.

6. Voleivol
La segunda vez que jugué baloncesto organizado era categoría C Sénior, al mismo tiempo jugaba voleibol Clase B, de ahí pasé a Clase A, la selección máxima. Pasé a esa categoría, porque participé en un intercurso y me gané el puesto. Aunque era pequeño, medía cinco cuatro, brincaba mucho, tenía muy buenos dedos. Formé parte de la selección de voleibol a los 16 años, recuerdo que le colocaba a Augusto Alcides, que medía más de seis pies, mi coach era José Eurípides Matos, que era profesor de Educación Física en La Normal. Tirso era un jugador extraordinario, que no levantaba ni cuatro pulgadas del piso, pero cogía todos los rebotes con movilidad y destreza, a la bola que tiraba la quitaba, era un jugador extraordinario. Jugando un play-off en la Salomé Ureña, Matos pidió un tiempo, faltaba un minuto de juego, él quería pasarme la pelota, le dije que se la diera a Tirso, para que me la tirara, a mí me galdeaba Félix Rivera, que le decían El Chivo. Cuando me tiraron la bola, ahí ganamos el juego. Tirso Gautreaux y yo éramos muy buena mutual, siempre digo que fue el mejor de mi camada”.

7. A punto de morir
Dios me ha dado tantos beneficios, que estoy vivo de milagro. Una vez estaba en el parque estudiando, mi amigo Chicho Vega me dijo que lo acompañara a un lugar, aunque me negué varias veces, fue tanta su insistencia que lo acompañé. Chicho había tenido un pleito con unos policías. Cuando entramos a un restaurancito que había por la Calle Barahona, no bien habíamos llegado, cuando se apareció un guardia y un policía, nos emburujamos con ellos, yo cargaba un puñalito que era de mi papá y corté al policía y al guardia. A mí me dieron muchos palos, me desprendieron la nariz, me operaron y me la reconstruyeron en el Darío Contreras, duré dos meses interno. El pleito era con Chico, pero yo tenía que echar para adelante. Eso fue en el 61, tenía 17”.

8. Gremios
Cuando terminé la secundaria, me fui a estudiar a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde me gradué en Contabilidad. Mientras estudiaba participaba simultáneamente en béisbol, voleibol y baloncesto en los torneo intramuros representando mi facultad, también en eventos distritales y nacional, como en el torneo del Distrito de Voleibol de 1961-1962, donde resultamos campeones. En la UASD era medio rebelde, pertenecí al 14 de Junio, fui militante con Máximo Bernal y Arismendi Santana. También pertenecía al Fragua, pero me salí rápido de la política. Recuerdo como ahora que me dieron un bombazo en la espalda en esa corredera que se armaban, por cierto era Caamaño que dirigía, pero eso era normal todos los días. Cuando me gradué en 1967, concursé para impartir docencia y gané una licitación, allí estuve más 20 años. Me retiré en el 96. Trabajé también en la Cámara de Cuentas, fui asistente administrativo de Obras Públicas, Contralor de Savica, pero ahora estoy pensionado”.

9. Esposa e hijos
Mi primer matrimonio fue con una compañera de estudios, Julia Peralta, de San Cristóbal. Duramos cuatro años de casados, tuvimos un hijo, Iván, que vive en Estados Unidos. Luego me divorcié y me casé con Eva Fernández Pantaleón, de San Francisco, también era compañera de estudios, tenemos más de 20 años casados, aunque no vivimos juntos. Tuvimos tres hijos, Luis Eduardo, Sarah y Joel, quien murió hace años en un accidente automovilístico en la Luperón. Tenía 15 años”.

10. Exaltación
Me exaltaron al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano en 2017. En los años 61-62, según decía la gente, era uno de los mejores atletas del país, entonces me exaltaron 70 años después, es decir casi cuando me estoy muriendo. En el 57- 58 decían que era de los mejores atletas, porque era selección de voleibol, de basquetbol y de pelota, además jugaba softbol, entonces me exaltaron como quien dice el otro día. Recuerdo que me pedían un resumen de mi trayectoria, les dije que buscaran mi referencia en los periódicos, entonces uno de mis hermanos se las llevó. Yo digo que las cosas llegan cuando Dios quiere, y hay que cogerlo como Dios te lo da.

Trayectoria profesional

Jugué en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Jamaica en 1962 en voleibol, baloncesto y béisbol. En esos juegos participé en voleibol, fui suplente en baloncesto, ya que no me permitían los dos deportes. En béisbol me cortaron al final, porque disminuí mucho de peso por todos los entrenamientos. En 1961 encesté 37 puntos en un juego, récord nacional, era miembro del equipo de baloncesto de San Carlos, campeón del Distrito Nacional 1966-1967, jugué en el equipo de béisbol amateur Colgate, campeón del Distrito Nacional en 1970. Bajo la dirección del dirigente Luis Ángel Montalvo, jugué como refuerzo en el Torneo Regional de Béisbol de Baní, con el equipo de Boca Canasta en 1963 y 1964.
Además de mis actividades como atleta, laboraba como profesor de Educación Física y Deportes en la Escuela Julia Molina en Santo Domingo y el Colegio Loyola en San Cristóbal. Después de regresar de los juegos de Jamaica me retiré.

Oposición
Jugué pelota superior casi a los 16 años, en esa época era bien difícil. Mi papá, Luis Reyes, un moreno de Palenque, muy difícil, enrredao, no quería en su casa ni bailarinas ni peloteros.

Revolucionario
Cuando estudiaba en la UASD, era medio rebelde, pertenecí al 14 de Junio, era una época en que, después de la muerte de Trujillo, todos los muchachos cayeron en ese movimiento. Fui militante con Máximo Bernald y Arismendi Santana.

Recuerdo
Desde que tenía diez años, tuve como entrenadores a Viruta Pichardo y Horacio Martínez, para mí fueron los mejores que había en la época del béisbol”.

Admiración
Mi primer torneo en La Normal, Tirso Gautreaux y yo hicimos 20 puntos cada uno, éramos muy buena mutual. Siempre digo que él fue el mejor jugador de mi camada”.

Agradecimiento
Mi padrino Chito César, me regaló unos clavos, un guante, me llevó a María Auxiliadora y consiguió que Horacio Martínez me entrenara”.

Juego
En la UASD me gradué en Contabilidad, pero allá también participaba en béisbol, voleibol y baloncesto, representando a mi facultad”.

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