“Estamos para amar a los otros como Jesús lo hizo”

Monseñor de Jesús Moya afirma que ha vivido siempre su sacerdocio contento. Abel Ureña
Monseñor de Jesús Moya ha servido en diferentes campos, sobre todo en el clero, donde ha formado más de 80 sacerdotes

Oriundo de una familia numerosa de Villa Tapia, provincia Hermanas Mirabal, Monseñor Jesús María de Jesús Moya, descubrió la vocación por el sacerdocio siendo apenas un adolescente, y a sus 87 años, a pesar de haber sido retirado en el año 2012 y declarado Obispo Emérito de San Francisco de Macorís, continúa oficiando misas, con la certeza de que este es un oficio para siempre. A la educación ha estado vinculado por muchos años, ya sea formando sacerdotes en el seminario San Pio X, en universidades, tanto como directivo, como en la rectoría, o guía espiritual, todo con el mismo amor y compromiso.

1. Origen
Provengo de una familia campesina larga, fuimos 10 hombres y 6 mujeres, nunca hubo una diferencia para querernos. Nací en el 1932, soy el número 11. Papá no tenía estudios, pero recibía la catequesis del padre Fantino y se le quedaban muchas cosas en su memoria, nos enseñó a trabajar a todos para que progresáramos, al mayor por ejemplo le señaló 5 tareas de tierra para que la cultivara y un cerdito pequeño para que lo cuidara, para que fuera creciendo en esa línea, como un ejemplo de participación. Dicho y hecho, mi hermano trabajaba ese pedacito de tierra, y así fue creciendo, eso lo aprendió el segundo, el tercero, y lo fuimos aprendiendo todos. El tercer hijo se fue a vivir con el padre Fantino, y a los siete años de estar viviendo con él lo mandó al seminario.

2. Vocación
Estando en octavo curso le digo a papá que me voy a ir al seminario, y me dijo: pero mi hijo ya tenemos un sacerdote en la familia, por qué mejor no estudias medicina? Me señaló una carrera buena y seria, entonces le dije, porque creo que como sacerdote puedo hacer un bien mayor a la gente, porque uno está para trabajar, y eso lo marcó y me apoyó tanto sabiendo que quería que fuera médico en vez de sacerdote, y no me disgustaba mucho la medicina, me hubiera encantado, pero le dije pienso que puedo hacer un bien mayor queriendo la gente, a la humanidad, siendo sacerdote. Él lo vio muy bien y me apoyó.

3. Muerte de sus padres
Mi madre Nicolasina Moya murió a los 47 años, recuerdo que me cuidaba muchísimo, porque yo sufría de asma, y cuando murió, el asma desapareció para siempre como si hubiera sido un milagro. Cuando mi padre Gil de Jesús Hernández se enfermó pidió que no me lo dijeran, porque eso podría interrumpirme la carrera, justo el día de su muerte fue que me informaron de la enfermedad, estando en lecho de muerte. En ese tiempo la vida sacerdotal y del seminario eran muy estrictas, muy exigentes. Lo sentí muchísimo, porque uno entraba al seminario por ejemplo para septiembre y no volvía a su casa sino después de 9 meses, yo entré el 27 de septiembre de 1950 al seminario y no volví, porque no había ni vacaciones de Navidad ni de Semana Santa.

4. Ordenación sacerdotal
Ordenarme sacerdote para mí significó perseverancia. Para mí era para hacer lo que la iglesia me mandara. Lo del seminario fue una vida felicísima en la formación, después tuve un sacerdocio muy variado, porque nunca estuve en un solo lugar, trabajaba en tres o cuatro lugares: en una parroquia, en un seminario, en una capellanía, por ejemplo coordinando la parte espiritual de un grupo de monjas o de una escuela.

5. Formador de sacerdotes
El Seminario San Pio X de Licey al Medio fue fundado por monseñor Polanco Brito, y monseñor Agripino y yo fuimos de los que comenzamos el 11 de octubre de 1962. Yo era director, de ahí se han desprendido más de 80 sacerdotes, muchos de ellos son arzobispos, como el que está en Santiago, el que está en Santo Domingo, monseñor Ozoria, monseñor Felipe, que fue obispo de Barahona y administrador apostólico en San Pedro de Macorís; monseñor José Grullón, que está en San Juan de la Maguana; monseñor Nicanor Peña, que está en Higüey, y como cuatro obispos más. La mayoría pasaron por mis manos, les enseñaba a los muchachos a ser serios y coherentes.

6. Flexibilidad
Los sacerdotes diocesanos nos formamos para estar con la gente, por lo que consideré que los seminaristas al menos podían visitar su familia para que sepan si hay problemas, porque la mayoría de familias son pobres, para que sepan lo que pasa en casa, entonces cuando fui ordenado sacerdote para la Diócesis de Santiago, el segundo ministerio que me pusieron fue de Vicario parroquial en la catedral, y una de las primeras obligaciones que me tocó junto a monseñor Agripino cuando se abrió el seminario San Pío X de Licey al Medio fue trabajar allí, entonces propusimos que los seminaristas visitaran su familia, porque si uno se aleja de la familia cuando viene a ver ni se entera de lo que pasa en la casa, no se va a enterar de lo que le pasa a los otros y nosotros tenemos que estar preocupados de todas las personas.

7. Episcopado
Fui consagrado como obispo el 21 de mayo de 1977 en Santiago. Estando en una reunión, cuando la diócesis de Santiago iba a cumplir 25 años, me llamó el nuncio apostólico y me dijo que el Santo Padre Pablo VI me había nombrado obispo auxiliar, ya sabe qué significaba eso, porque era una diócesis muy grande. Cuando me dio la noticia, le dije: anjá pues ahora el papa me quiere quitar la vocación, porque me hace superior de los compañeros sacerdotes, y si yo quiero mucho a los seglares se supone que a los sacerdotes debo quererlos más, y uno no hace nada con ser superior, uno hace con querer mucho a la gente. En el 1984 me trasladaron aquí, a San Francisco de Macorís, duré dirigiendo la diócesis 28 años.

8. Rectoría UCNE
Fui rector de la Universidad Católica Nordestana durante 25 años. Después que estoy aquí es que me dicen el nuncio y el cardenal Veras, mira ya que estás ahí, tienes que darle apoyo a la universidad. Como había sido de la Junta de Directores de la Madre y Maestra, pensaba que era un apoyo moral, pero fue real porque llegué el 5 de mayo de 1984 y el 17 me estaban juramentando como rector, sin avisarme antes, pero claro, siempre me gustó la educación. En principio como es una universidad, donde la mayoría son pobres no recibía ningún dinero, después de 10 ó 15 años me asignaron un pequeño sueldo, recuerdo que el primer cheque fue de $15,000 y de una vez hice un cheque de $5000 para que se lo aplicaran a un estudiante pobre.

9. Caridad
Comenzamos a hacer el fondo para estudiantes de escasos recursos, y en el año 2003 lo convertimos en la Fundación Monseñor Jesús María de Jesús Moya. Como se habían formado muchos profesionales en todas las áreas, a través de la fundación comenzamos a recibir ayuda, como la del senador Amílcar Romero, que nos pasa todos los meses una parte del barrilito aquel famoso. Antes de existir la fundación, un muchacho de un campo de Nagua, de una familia muy pobre vino a estudiar Medicina, le dije tienes que mejorar la vida de tu familia, ejercer una medicina popular dirigida a los pobres, y hace como 3 o 4 años fui a Matancitas, un pueblecito en Nagua, a celebrar la misa de San José, y después de la misa ese muchacho, que ya era médico va a la sacristía y me dice llorando, pero de emoción, que se le había dado el plan tal como yo se lo decía, que había ayudado a su familia, a sus hermanitos a que estudien, y que estaba ganando muy bien, una gente que no tenía ni para comer y ya le había mejorado la casita a su mamá y a su papá.

10. Mediador
A mi llegada a San Francisco me convertí en el mediador de conflictos. Recuerdo que en el ayuntamiento vi a los concejales peleándose en una reunión, eso no le hace bien para un municipio, aunque sean de partidos diferentes, entonces les dije que el diálogo era lo que más conveniente para a la ciudad, y por eso hacía una mediación. Recuerdo una mediación bastante dura cuando secuestraron al hijo de Urbano Jiménez, junto a Antonio María, un gran periodista, él y yo cogimos la mediación entre la familia y los secuestradores, iniciamos ese diálogo para tratar de salvar la vida de ese muchacho secuestrado. Eso fue en el año 2000.

Continúa oficiando misas

Fui retirado como Obispo en julio del 2012 y fui declarado Obispo emérito, pero sigue trabajando porque eso ayuda mucho a la salud, la gente me dice que me cuide mucho, y lo hago, me hago análisis a cada rato, estoy sometido a una dieta, pero por ejemplo este residencial se presta muy bien para hacer ejercicio y caminar, por aquí caminan tempranito 15 o 20 personas, entonces yo me río de ellos porque ya yo caminé en mi juventud, la escuela me quedaba a 3 y 4 kilómetros, cuando estaba en el seminario íbamos de la Abraham Lincoln al Malecón a caminar, y a veces nos íbamos cuando estábamos libre a Haina a pies eran 26 kilómetros ida y vuelta, ya yo caminé tanto en la juventud para qué me voy a poner a inventar ahora. Sabes que como el sacerdocio es para siempre y una parroquia por ejemplo que tiene 20 o 30 mil habitantes y el padre está solo, entonces yo puedo ayudarlo a celebrar una misa, en la catedral sigo celebrando tres misas a la semana, aquí en la parroquia San Pablo como 2 kilómetros de la casa celebro domingo primero y domingo tercero, los otros domingos voy a otra parroquia ayudar, primero porque se necesita y segundo el sacerdote lo solicita y uno va a gusto porque es a servir a la gente.

Credo
En todos los partidos tengo amigos, si me identifico con uno y usted simpatiza por otro, entiendo que la libertad suya está por encima de mi opinión”.

Sabiduría
Sostengo que no estudiaba para sacar buena nota, ni para pasar de curso, sino para saber, pues al sacerdote le preguntan mucho y lo importante es saber”.

Capellanía
Era primer teniente capellán de la Fuerza Aérea Dominicana, algo que no buscaba, pero aprendí mucho, porque me encontré con gente que tenía mucho valor”.

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