Durante sus intensas actividades de precampaña para las elecciones de 2012, el hoy presidente de la República Dominicana, Danilo Medina, solía incluir en sus discursos una promesa que resultaba muy agradable a los presentes.

Esta promesa consistía en que una vez investido como presidente se encargaría de empoderar a los dirigentes locales del Partido de la Liberación Dominicana mediante el otorgamiento de determinadas facilidades para que pudieran incidir en la canalización de las pequeñas obras que necesitaran las comunidades.

Sostenía Danilo que mediante ese mecanismo se beneficiaban las comunidades con la satisfacción de necesidades, pero también los dirigentes locales del PLD adquirían calidad moral para acercarse a los ciudadanos en procura de apoyo en coyunturas electorales, pues se les veían como referentes de soluciones.

Sin embargo, una vez instalado en la Presidencia no sólo no cumplió esa promesa a los dirigentes locales, sino que poco a poco estos fueron sintiendo el alejamiento de uno de los dirigentes considerado más próximo a las estructuras medias y bajas del partido morado, producto de haber sido por años un cultivador del contacto directo con esos núcleos.

Pero el mismo comportamiento han asumido muchos de los ministros cuyas oficinas han permanecido vedadas a esas masas que en cierta forman han recibido, sino el desprecio, por lo menos la indiferencia.

Es ahí donde va a radicar la dificultad de muchos de esos directivos del PLD para conectar con las bases en procura de reunir apoyos para el precandidato Gonzalo Castillo, definido por algunos de los que hasta el pasado domingo fueron sus competidores en el sector del presidente, como “un invento de última hora”.

La única oportunidad que tienen las bases de los partidos de vengarse de funcionarios alejados es pasarles la factura de su indiferencia cuando se aproximan a solicitarles respaldo para una empresa electoral, ya sea interna—como es el caso de las primarias del seis del mes entrante—o bien una candidatura nacional.

Y es ahí también donde se halla la fortaleza del doctor Leonel Fernández en su lucha por obtener la candidatura presidencial del partido de Gobierno, pues en sus administraciones siempre estuvo pendiente de las bases que le vieron crecer como dirigente y se esforzaron para que él dirigiera el país.

La pelea de Leonel de cara al mes próximo se afinca en la respuesta que recibe en cada lugar, pues el trabajo se hace desde el raso hacia arriba y no con generales y coroneles que abandonaron el campo de batalla para refugiarse en el aire acondicionado de los búnkeres.

La fuerza del pueblo le dará a Leonel la victoria el seis de octubre, como lo reflejan encuestas ordenadas por sus adversarios.

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