Meursault: el hombre moderno

El hombre moderno, como “El viajero inmóvil”, está solo en la multitud, una especie de “soledad acompañada”. Podría decirse que siempre ha sido así, o muy parecido, pero antes había la esperanza del cambio, incluso de la revuelta, hoy no es así. Cada vez más el “ensimismamiento” gana terreno, la desidia, la distancia, la falta de motivos y de valores, el “dejar hacer”: la falta de esperanza.

No tiene culpa de la muerte de su madre en un asilo. Incluso, tomo permiso a su patrón para ir al entierro con desidia, pensaba ir y volver al asilo de ancianos ubicado en Marengo, a unos 80 kilómetros de distancia, en un día. Para qué más de ahí. Además, ni siquiera tenía clara la fecha de la muerte. Habrá sido ayer, quizás hoy, ni sabía ni tenía nada que decir al respecto. Hubiera querido ni ir al entierro, pero por razones más cercanas a disfrutar del paisaje y de un fin de semana sin trabajar, asistió a las honras fúnebres de su madre.

El asilo quedaba a dos horas de viaje y en el último año apenas visitó a su madre porque “venir anulaba mi domingo, sin contar el esfuerzo de ir al autobús, de tomar los billetes y de hacer dos horas de viaje”. Ya en el asilo, luego de conversar con el director, frente al féretro, no quiso ver el cuerpo sin vida de su madre, le pareció poco importante. Luego charló con un conserje y aunque dudó si podía fumar “delante de mamá”, cosa por demás que le parecía de poca importancia, ofreció un cigarro al conserje y fumaron.

Momentos después, junto al director, el conserje, una enfermera, el sacerdote del pueblo y unas dos personas más emprendieron el camino hasta el cementerio. El sol era muy fuerte y el calor le sofocaba, quería terminar aquello rápido y volver en bus a su casa, a unas dos horas.

Precisamente, al volver a su casa, fatigado de la jornada del día anterior, tomo el tranvía y fue a bañarse a una playa: la casa de baños del puerto. Allí se encontró con una antigua compañera de trabajo, Marie Cardona, con quien luego de un saludo, algunas bromas y juegos, nadaron juntos, rieron juntos y quedaron de ir al cine a ver una película de humor: un filme de Fernandel. Luego del cine Marie fue a su casa y durmió allí.

Era domingo y estaba aburrido. Miraba por la ventana de su habitación la calle mojada y las personas pasar, fumaba. Marie le gustaba, incluso cuando tiempo después ella le dice si se casaría con ella le dijo que sí, pero que le daba igual hacerlo con otra, nada le importaba. A nada le prestaba mucha atención, nada motivaba su curiosidad.

Esta es la descripción de los primeros párrafos de “El Extranjero” y del carácter de su protagonista, Meursault. Esta novela de Albert Camus, corta, casi lacónica, pero no desprovista de belleza, sin dudas, hace una genial descripción del hombre moderno.

La recomiendo.

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