El complicado proceso electoral

No sé si cuando este artículo esté publicado (hoy viernes) la cúpula del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), poniendo en práctica la mejor inteligencia política, haya resuelto sus graves problemas internos.

Tras mi reciente estancia de veinte días en la ciudad de Nueva York, lo que aproveché -en el marco de unas necesarias vacaciones- para abordar el interesante tema de la inmigración dominicana en la gran urbe de Estados Unidos, ya tenía pensado referirme al complicado proceso electoral latente en República Dominicana. A solo siete meses del montaje de las elecciones municipales (que marca la primera etapa del voto local), pautadas para el 16 de febrero de 2020, en el país se nota una clara realidad sintetizada en lo siguiente: La vivencia de un complicado proceso electoral.

¿Por qué complicado? Ese mismo panorama también lo podemos calificar de complejo. Una complejidad motivada especialmente por las luchas intestinas que abaten al principal partido de la nación, el PLD, que lleva en el poder casi 16 años corridos después que el otrora poderoso Partido Revolucionario Dominicano (PRD) gobernara por cuatro años (2000-2004) con Hipólito Mejía como mandatario.

Recordemos esta resolución: El pleno de la Junta Central Electoral (JCE) resolvió fijar para el 16 de febrero y 17 de mayo del año 2020 la celebración de las elecciones a nivel congresual-municipal y presidencial, respectivamente.

Pero otro importante detalle: El organismo colegiado dispuso para el próximo seis de octubre realizar las elecciones primarias simultáneas de las organizaciones políticas. Mientras tanto, el inexorable tiempo avanza vertiginosamente. Hay que tener presente, y aplicar un análisis objetivo, que para la ganancia de los comicios presidenciales solo dos partidos tienen reales posibilidades: El PLD y el Partido Revolucionario Moderno (PRM).

El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), organización que con su histórico líder -Joaquín Balaguer- disfrutó del poder durante 22 años (los tres primeros períodos del 1966 al 1978) y sumó sus otros dos lustros de 1986 a 1996, ya no es ni “sombra” para tener chance de llegar al Palacio Nacional.

El tercer partido, de los tres grandes (el PRD), tampoco tiene oportunidad de volver a la Presidencia en la consulta comicial del 17 de mayo, en tanto que el PLD, por sus serios problemas internos, debe “hilar fino” si quiere mantenerse en el poder.
La realidad es que la mayor complejidad del proceso electoral se observa en la indefinición del candidato presidencial peledeísta.

¿Cierto?

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