Salir de compras, “terapia” a la que muchos recurren

Las personas que padecen el trastorno de compra compulsiva quieren ocultar a través de las compras una vida de estrés, tristeza, depresión, baja autoestima, miedo, carencias emocionales, soledad e insatisfacción personal. Henry Santiago
Hay personas que pasan horas en centros comerciales en un intento por amortiguar sus carencias emocionales

Visitar tiendas y/o comprar atuendos de vestir, ¿da felicidad? Puede que a ti no, pero esto no quita que haya gente que un paseo por centros comerciales les resulte divertido y les de una chispa de felicidad. Para la psicóloga Denisse Reyes, del Centro de Psicología y Terapia Familiar, es evidente que en nuestra sociedad, actividades como mirar escaparates, visitar tiendas y pasar horas en centros comerciales, se han convertido en una forma de ocio tanto para mujeres como hombres.

Sin embargo, Reyes sostiene que detrás de este pasatiempo muchas personas ocultan una vida de estrés, tristeza, depresión, baja autoestima, miedo, carencias emocionales, soledad e insatisfacción personal. “La compra es un intento de amortiguar estas sensaciones de las que no siempre se está consciente. Con frecuencia las personas afectadas tienden a valorar mal sus sentimientos, teniendo dificultad para distinguir entre deseo y necesidad, además de tener poca tolerancia a los estados psicológicos desagradables, tales como el mal humor, la tristeza, la soledad, y la frustración”, señala Reyes.

Trastorno de compras compulsivas, ¿válvula de escape?

El trastorno de compra compulsiva u oniomanía se caracteriza por la carencia de autocontrol para regular las compras y contener los impulsos. Reyes lo define como un proceso psíquico en el que muchas personas no son capaces de controlar sus deseos o impulsos y someterlos a la reflexión o la crítica antes de la compra (claro está, no todas las compras imprevistas o no planificadas son compras compulsivas).

De acuerdo a la psicóloga, este trastorno frecuentemente es comórbido a trastornos del estado de ánimo, abuso de sustancias y trastornos alimentarios. “Este no se limita sólo a las personas que sobrepasan las compras más allá de sus medios y posibilidades, sino que también incluye a personas que emplean una cantidad excesiva de tiempo visitando tiendas o planificando compras, aunque nunca paguen por ellas”, dice.

Para determinar si una persona padece del trastorno de compra compulsiva, “los especialistas en conductas tomamos como referencia los criterios que componen el cuadro patológico”. Éstos son:

1.Presencia de impulsos excesivos y recurrentes por comprar, que producen importantes problemas personales y familiares.
2.Impulsividad y repetición de la conducta.
3. Necesidad urgente e irreprimible de comprar.
4.Intentos fracasados de controlar gastos.
5.La existencia de consecuencias negativas tangibles de comprar excesivamente, como agotamiento marcado, deterioro social o laboral, y problemas financieros o familiares.

Incidencias entre hombres y mujeres

Para explicar la mayor incidencia de las compras compulsivas entre las mujeres y los hombres, se ha argumentado que las personas desarrollan adicciones excesivas hacia conductas que les son habituales, comparte la especialista.

Por ejemplo, para muchas mujeres realizar las compras constituye una obligación dentro de sus actividades más habituales, es por ello, que es fácil que se convierta en su principal “válvula” de escape frente a otros problemas, dice Reyes, quien también añade que otra posible causa de compras incontroladas es que los artículos más llamativos para las mujeres son las prendas de vestir, calzado, cosméticos y otro tipo de productos que tienen que ver con el cuidado de la apariencia física.

En cambio, en el caso de los hombres, la psicóloga indica que los excesos en las compras están orientados hacia los artículos de electrónica, automóviles, complementos para vehículos, etc. No obstante, los hombres que lo padecen suelen pasar más desapercibidos, a pesar de que adquieren productos de elevado costo.

Tratamiento

Denisse Reyes, psicóloga del Centro de Psicología y Terapia Familiar.

Lamentablemente, Reyes señala que la mayoría de las personas que tienen estos problemas no reciben, ni solicitan tratamiento y, si lo hacen, es después de años de padecerlos, cuando la adicción ha provocado importantes repercusiones económicas en su patrimonio o de deterioro de la relación con las personas de su entorno.

Durante el proceso para tratar este trastorno, como en otras adicciones como el juego, el alcohol o el tabaco, no se puede pretender apartar a quién lo padece de la conducta a la que es adicto (la compra) sino hay que ayudarle a ser capaz de enfrentarse a los estímulos consumistas que le rodean (tiendas, escaparates, publicidad), manteniendo el autocontrol. Por ello, las técnicas psicológicas más empleadas son de tipo cognitivo- conductual; consiste en tomar conciencia sobre la adicción a través de terapia individual o de grupo.

En algunos caso es necesario, el uso de tratamiento farmacológico debido a la inclusión de este problema dentro de los trastornos obsesivo-compulsivo.

Mientras que su relación con la depresión, ha conducido a utilizar determinados fármacos antidepresivos para su tratamiento, evidenciándose, en ciertos casos, buenos resultados, puntualiza Reyes.

Satisfacción
Salir de tiendas genera en quienes padecen el trastorno de compra compulsiva una satisfacción inmediata, con la que consiguen borrar temporalmente sus problemas.

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