Multinaturalismo, inmigración y política de género

El multiculturalismo es un concepto positivo y tan antiguo como la humanidad. El conocer y compartir con otras culturas nos nriquece. Basta viajar a la provincia de Xian en China para descubrir los efectos culturales resultado de siglos de comerciar con la seda, pues llevó el Islam a esa región, con su particular arquitectura china de las mezquitas, y de regreso, ese comercio llevó a Italia la tradición culinaria de Xian, en base a tallarines de arroz con albóndigas. Pero no tenemos que ir tan lejos, la economía del tabaco en el Cibao del Siglo XIX estuvo acompañada de una importante influencia cultural, en la medida que alemanes, holandeses, ingleses y norteamericanos se asentaron en Puerto Plata y otros lugares de la región. Es difícil explicar el surgimiento del liberalismo político del Cibao sin estas influencias.

Desafortunadamente, el concepto del multiculturalismo fue utilizado por extremistas para justificar un movimiento migratorio desbordado. A medida que en pocos años los inmigrantes se hicieron cada más numerosos en Europa y otros países del mundo, ya no se trataba de una fertilización cultural beneficiosa, sino de la imposición abrupta de una cultura ajena a la del país receptor. Francia el país de la Revolución Francesa y los Derechos del Hombre tiene una importante minoría que considera que la sociedad francesa debe ser regida por normas del siglo VIII.
Como resultado los partidos anti-inmigración de Marie Le Pen, del Brexit, de la Liga del Norte en Italia hoy son dominantes. Es decir, el multiculturalismo llevado a extremos ha creado una reacción que ha terminado por casi enterrarlo. Pero los extremistas responsables de tan deplorable resultado no escarmientan, pues no aceptan ninguna responsabilidad por lo ocurrido, de la que acusan a la intolerancia, el fascismo y a todo el mundo, menos a ellos.

Pero lo más absurdo consiste en que estos extremistas se han unido a los nacionalistas para darle martillazos a lo poco que queda del multiculturalismo. Esto así, pues si bien su agenda de la inmigración desbordada el multiculturalismo les convenía, en el segundo punto de su agenda, que es la política de género no les conviene, pues la mayoría de las culturas del mundo son conservadoras y no apoyan la versión extrema que ellos propugnan. Pues lejos de abogar por la comprensión, la tolerancia, el respeto a los que son diferentes, y a lo que toda persona decente está obligada, ellos tratan de glorificar determinados comportamientos, y convencernos que ser heterosexual es casi una anomalía.

En fin, los seres humanos no aprendemos. Aristóteles argumentó que la virtud es ante todo moderación, el buscar un punto medio. Pero semejante sabiduría no encaja con unos exaltados que son dueños de la verdad, y que no aceptan su responsabilidad en el atolladero que han y continuan armando.

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