Renuncia del embajador venezolano en Roma

El intelectual Isaías Rodriguez es un personaje controversial. Su carrera corre en paralelo a la historia reciente de Venezuela. Militante de Acción Democrática, abandonó su militancia para incorporarse al Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), de Hugo Chavez, en el medio del colapso del sistema de partidos. Rodriguez ocupó cargos importantes dentro del gobierno chavista, entre ellos el de Vicepresidente ejecutivo de Venezuela, por algunos meses, y el de Fiscal General del país, donde se le imputa haber perseguido a los oponentes del Chavismo.

El Sr. Rodriguez ha sido actor-testigo de un nuevo colapso del sistema político venezolano, que en cierta manera cierra el ciclo que comenzó con el colapso del sistema de los partidos tradicionales Adeco-Copey. En su papel de actor-testigo de este nuevo colapso, el Sr. Isaías renunció a su posición de embajador venezolano en Roma, por no poder pagar el alquiler, y los salarios de los empleados locales, a causa de que los “gringos (lo) sancionaron y la banca italiana me echó de su lonja”, acumulando deudas en el proceso, que obligó a su esposa a vender sus joyas. Un pequeño detalle, en un desastre que ha producido colas kilométricas para surtirse de gasolina, en uno de los países de mayores reservas petroleras del mundo.

La carta de renuncia del Sr. Rodríguez ha sido ampliamente difundida, y naturalmente, recibida con sarcasmo por muchos de sus contrarios, quienes la han descrito como un ejercicio de hipocresía, para limpiar sus acciones pasadas. Sin embargo, su carta expresa ideas que debemos tomar en cuenta, pues por desagradable que nos parezca un persona, siempre es útil escuchar lo que tenga que decir. Siendo así, el renunciante expresa de manera elocuente el reto presente de la sociedad venezolana: “Mucho más allá de los partidos, ese pueblo, es una gran familia que debe superar el odio. Con el tiempo sabremos quienes somos, y a quienes nos hemos parecido, a Bolívar o a Santander.” El odio a que se refiere el Sr. Rodriguez lacera hoy la sociedad venezolana. Pero cabe preguntarnos, ¿No fue y es utilizado por el presente régimen para aferrarse al poder? ¿Debe sorprendernos, entonces, el presente desastre? Pues resulta imposible construir nada en base al odio. Mas adelante afirmó,“La fe, Presidente, es una lección, pero también una elección. No tengo nada de que arrepentirme; he sido feliz entregándome a una de las causas más bellas de la vida: la libertad de mi país.” Esta aseveración plantea una pregunta fundamental para las democracias. “Libertad”, estamos de acuerdo, ¿ pero cual libertad ? ¿La libertad de mi país? Eso es independencia, que estamos de acuerdo que es un valor, pero que no debe ser utilizada como excusa para suprimir las libertades positivas (de expresión, de pensamiento, de asociación, etc.) de todo un pueblo.

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