Dios siempre está con nosotros

Estos son tiempos de muchas angustias, tribulaciones, problemas y necesidades insatisfechas para una gran parte de la población. El mundo está lleno de situaciones inverosímiles, de incertidumbre, de dolor, de sufrimientos, de violencia, de muerte y de situaciones difíciles de manejar.

En cada una de ellas el paso más preciso, acertado y pertinente para enfrentarlas con éxito, es mantenernos junto a Dios. Dios nunca nos abandona, Él siempre está. Él siempre quiere y nos da lo mejor. Muy bien dice la Biblia en Santiago 1:17, que “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”.

Dios siempre está a nuestro lado. El, como Padre Celestial, siempre tiene para nosotros amor, consuelo, misericordia y gracia. Nuestros padres terrenales hacen todo por nosotros aquí en la tierra, nos protegen, nos cuidan, nos aman, nunca un padre terrenal dejará que su hijo sufra o le suceda algo sin él entregar todo los que sea necesario para proteger a ese hijo. Si eso es nuestro padre terrenal, aún mucho más lo hará nuestro Padre Celestial.

Dios nos ama profunda e intensamente. Él nos cuida y nos protege por encima de todo y contra todo. En muchas ocasiones somos nosotros lo que nos alejamos de Dios y luego queremos pedirle a él cuentas porque nos abandonó y nos pasaron cosas difíciles. Dios nunca se aparta, somos nosotros los que nos alejamos de él cuando nos abruman los problemas o las situaciones que no sabemos manejar.

Estamos afanados de manera permanente por lo que vamos a comer, a beber o a vestir. Ese afán cotidiano nos aparta de Dios. En el evangelio de Mateo capítulo 6 del 31 al 33, Jesús dice con claridad lo siguiente: “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas nos serán añadidas.”. Y así es, si buscamos a Dios por sobre todas las cosas y siempre lo tenemos en nuestros corazones, todas las cosas de estas tierra, todo lo que necesitamos para vivir, todo será añadido.

Dios es lo fundamental, todo lo demás es secundario. Cuando atravesamos momentos difíciles (una enfermedad, un proyecto que no se da, la pérdida de un ser querido, un grave problema económico, una desilusión amorosa, etc.) pensamos que Dios nos ha abandonado, que no nos ama, que nos ha olvidado y asumimos sentimientos de angustia, tristeza y hasta de rebeldía, llegando incluso en casos extremos a renegar de la existencia de Dios.

Es necesario que entiendas que precisamente en aquellos momentos de mayor tribulación y desesperación, Dios está contigo. Él es nuestro Padre Celestial y nunca nos abandona. Si Él cuida de las aves, la tierra, los peces y todo, como no nos ha de cuidar a nosotros, a ti y a mí, que somos hijos especiales y queridos por Él. No dejes que el dolor o la tribulación momentánea te alejen de Dios, porque nuestro Dios es siempre amor y siempre está contigo para cuidarte y protegerte. Nunca, nunca, nunca, te alejes de él, de su amor, de su gracia y su misericordia. Amén.

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