Peripecias de un periodista viajero

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Es a partir de tener mi credencial cuando doy inicio formal a mi labor. Buscar datos por todas partes para elaborar mis noticias, reportajes, columnas y análisis del combate que tenían programado, en el moderno coliseo T-Mobile de la monumental ciudad de Las Vegas, Nevada.

El lunes, 29 de abril, es cuando abren el Centro de Prensa que funciona en el hotel MGM Grand. Allí están los informes precisos de todo lo concerniente a la pelea Canelo Álvarez vs Daniel Jacobs. Y en el mismo lugar se organizan las conferencias de prensa o encuentros con los boxeadores que deben dar declaraciones a periodistas.

Día por día, desde las 9:00 AM (hora de Las Vegas, 12 del mediodía, hora de República Dominicana) hasta altas horas de la noche, realizaba mi arduo trabajo. Todos los días, desde las nueve de la mañana, ir al Centro de Prensa, buscar detalles y hasta que llegó el viernes, antesala de la pelea, cuando fue celebrada la ceremonia del pesaje.

Es rutina de los periodistas que todos los días, a partir de las nueve de la mañana, comiencen a realizar su trabajo. Tener las informaciones más importantes para de esa manera escribir sus notas, en el caso de los periodistas de periódicos. Los reporteros de televisión, radio y diarios digitales, en el mismo rol. Los reporteros de prensa escrita y de agencias noticiosas son quienes más sacrificio llevan “a cuesta”.

Yo, en mi rol de periodista del diario periódico elCaribe, siempre con “ojo avizor” de los acontecimientos registrados en todo el proceso de la pelea. Y un y trabajo constante para publicar las noticias más frescas, con un periodismo de la inmediatez, en el diario digital de elCaribe.

Tuve horas de “escape” y lo hacía cuando ya había cumplido con enviar mis reportes. Freddy Luna, mi anfitrión de siempre, me iba a buscar en su auto y dábamos giras por los diferentes hoteles, centros de diversión, tiendas y restaurantes.

Un momento que califico de “raro” fue cuando estuvimos en una tienda, donde compré algunas cosas. Tras terminar nuestro recorrido (turístico), llegamos al hotel y me tomé el necesario descanso.

Cerca de hora y media después, recibí una llamada, en el celular de mi amigo -que lo tenía prestado- y escuché la voz de una dama, de origen cubano, que me reclamó su teléfono móvil. Era cierto, yo lo tenía, sin saber que el aparato había sido introducido en una funda en la que contenía parte de lo yo había comprado.

Le dije a la señora que fuera al hotel a buscar su teléfono móvil. A la media hora se presentó. Freddy sospechó que “eso podía ser un gancho” y meterme en un serio problema. Por suerte, eso no ocurrió. Llegó la dama y le hice entrega de su teléfono y ella se fue tranquila y feliz porque había recuperado lo que pensaba que ya estaba perdido. ¡UFF, qué susto!

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