Abrazos de dominicanos y boricuas

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SAN JUAN, PUERTO RICO.- Tengo una breve visita aquí, en Puerto Rico. Mi estancia tiene el propósito de participar en una importante reunión con miras a encontrar orientación (a nivel de edición) que concierne a la producción de mi nuevo libro que publicaré en Santo Domingo el 26 del cursante mes.

Siempre aprovecho mis viajes al extranjero para escribir sobre temas relacionados con el país que visito. El tema de ahora refiere a la hermandad que norma a ciudadanos puertorriqueños y dominicanos.

La colonia dominicana en Puerto Rico alcanza más de 200,000. Salvo algunas negativas excepciones, nuestra diáspora en esta isla tiene una alta valoración.

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló, elogia a los quisquieyanos quienes, afirma, se entregan al trabajo honesto y apegado a la decencia y laboriosidad plena.

Héctor Julio Hernández, veterano periodista dominicano con más de 45 años de ejercicio profesional (ha sido también profesor universitario), ha estado en importantes jornadas que envuelven a la comunidad dominicana.

Como presidente de la filial en Puerto Rico del Colegio Dominicano de Periodistas, Hernández realizó una eficiente gestión. Es un paradigma de la excelencia periodística en la tierra del humanista y educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos.

Con ocasión del 175 aniversario de la Independencia Nacional, la prensa local reseñó: “El folklore, la cultura y la historia de República Dominicana se conjugaron en las actividades conmemorativas por del país caribeño realizadas por el consulado dominicano Franklin Grullón en Puerto Rico”.

También subrayo lo que proclamó el cónsul Franklin Grullón: “Esta conmemoración es la reafirmación de nosotros como nación, gracias al sacrificio de los Padres de la Patria, que nos legaron un país soberano, capaz de decidir su destino y construir su futuro”.

Puerto Rico, la bondadosa nación vecina de República Dominicana -hay que ratificarlo- siempre ha sido una isla hermana. Sus autoridades han sido solidarias con los criollos que residen en la Isla del Encanto. La inmigración, en muchos países, ha sido –y es una realdad que no debe soslayarse- “es un estorbo social”, pero en PR a los quisqueyanos, por su historial de trabajo, ese negativo calificativo, ¡no les encaja!

Puertorriqueños y dominicanos, durante décadas, han actuado con una hermandad sincera que no ha sido salpicada por la demagogia ni la hipocresía.

Los abrazos de boricuas y dominicanos se fortalecerán con el paso del tiempo. Esos abrazos permanecerán por siempre.

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