La verdad de las cosas

    Cuando la misión de informar deviene en espectáculo, resulta difícil proyectar la realidad. Ahora se trata de construirla y reconstruirla cotidianamente. Porque las redes sociales y algunos medios electrónicos convencionales han hecho tan liviana la misión de informar, que nunca se sabe dónde reside la materialidad de las cosas. Si es fruto de la imaginación, la especulación o el divertimento. Ocurre con la versión de “niños robados”, difundida a la velocidad de la luz, en esa competencia de mentiras que lamentablemente legitima el ejercicio irresponsable de reproducción de cualquier tontería. Por fortuna, todavía persisten restos mnémicos en la memoria de muchos y se conforman así: hasta que la prensa profesional no lo diga, no es verdad.

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