No son las familias, doña Margarita

En una información de prensa vi que la Vicepresidenta, doña Margarita Cedeño de Fernández, atribuye espantosos crímenes que se registran en el país “a la descomposición social que afecta a la familia dominicana”.

Sorprende que la abogada y dirigente política, conocedora de las implicaciones de fondo de la violencia y delincuencia desbordadas que padecemos, caiga en el reduccionismo, prefiero no llamarle simpleza, de atribuir a las familias lo que son responsabilidades fundamentales de las políticas públicas y de un absolutismo presidencialista que ha convertido a los gobernantes morados en dueños de almas y haciendas del país.

La señora Cedeño, quien ha sido primera dama en los tres gobiernos de su esposo Leonel Fernández, y vicepresidenta de la República en las dos gestiones del presidente Medina, ha tenido un dilatado desempeño como figura de primer orden en el diseño y ejecución de las políticas sociales de los gobiernos del PLD.

Y no es la descomposición social de las familias, como dice doña Margarita, la causante de los desbordantes niveles de delincuencia, violencia, del alto número de feminicidios, de la desesperanza sin fondo y la poquita fe que angustia a tantos dominicanos, debido a las grandes carencias y déficits sociales, de la pesada deuda social que agobia a nuestro pueblo.

Claro que la exclusión e inequidad, la corrupción e impunidad que se burla de las crujías y apuros en que desenvuelven sus vidas los estratos sociales de medios para abajo, que son la mayoría, tienen hacen tambalear y erosionan la armonía y la unidad familiar.

Sobre todo cuando conocen los del medio y los de abajo, que las cúpulas del PLD que se han embolsillado al país, no fueron capaces de aprovechar el largo período de crecimiento económico para reducir la pobreza y la desigualdad, fortalecer las instituciones e impulsar el desarrollo integral del país… tan ocupados estaban en convertirse en millonarios y super millonarios aquellos que vimos llegar pobres o medio pobres al poder.

Doña Margarita debía saber que cuando se traza una línea imaginaria que toca los puntos opuestos del cuadrante con que podemos comparar a una sociedad, un ejercicio de transversalidad indica que cuanto más elevados son y con mayores recursos cuentan las instancias de decisión, mayor es su poder de solución, y también mayor es su responsabilidad frente a las fallas y fracasos.

Sin contrapeso en el Congreso, ni en el poder judicial, ni en lo que en países democráticos llaman órganos contralores del Estado, en nuestro caso Cámara de Cuentas y Contraloría General, los gobiernos del peledé de Danilo, de Leonel y de doña Margarita son los responsables de la pendiente enjabonada en que venimos cayendo. No la descomposición de las familias.

La descomposición y ausencia de valores que empujan a tantos dominicanos a quererse ir del país, y lo que siembra las angustias y la desesperanza que orilla a la gente a la desesperación no son causa sino consecuencias de las malas políticas públicas moradas.

No hay que desojar margaritas –me quiere, no me quiere, es esto o lo otro–, para advertir que son los malos gobiernos del PLD los responsables de tanto desguañangue.

Por más que se pretenda mantenerlos en una burbuja mediática que socializa la responsabilidad de lo que anda mal.

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