Tres sacerdotes nativos de La Romana

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Introducción

Por primera vez en la historia de La Romana, se han consagrado juntos tres sacerdotes por imposición de manos de S.E.R. Monseñor Gregorio Nicanor Peña Rodríguez, en la Basílica Catedral de Nuestra Señora de la Altagracia, el sábado 29 de diciembre de 2018. Son ellos:

1- Ángel de la Rosa
2- Sergio Cordero
3- Eduardo de García.
Se prepararon el templo, Santuario catedralicio, estaba repleto con la participación de más de 40 sacerdotes concelebrantes.
Queremos notar la homilía de S.E.R. Monseñor Gregorio Nicanor Peña Rodríguez, que recoge valiosas reflexiones dirigidas tanto a los jóvenes ordenados como a los fieles todos. Hela aquí:
Homilía
Homilía de Monseñor Nicanor Peña.
Queridos hermanos:

«Les daré pastores según mi corazón, que los apacienten con sabiduría y con inteligencia (Jr. 3,15).

El Señor nos da estos tres diáconos que recibirán la ordenación sacerdotal, cumpliéndose así la promesa hecha por Dios al pruebo de Israel, por medio del profeta Jeremías.

Queridos ordenandos: ustedes han sido llamados por Dios, así lo hemos rezado en la oración colecta de la misa de hoy: «Señor, Dios nuestro, que para guiar y gobernar a tu pueblo, has querido servirte del ministerio de los sacerdotes, concédeles a estos diáconos cumplir incansablemente tu voluntad»; y la oración de ordenación nos recuerde que, del mismo modo que Dios dio colaboradores a los apóstoles, ahora, como ayuda a nuestra limitación, nos da estos colaboradores que necesitamos para ejercer el sacerdocio apostólico (cfr. Oración de ordenación).

El evangelista San Mateo, en el (capítulo10,1), nos dice que Jesús habiendo llamado a los doce discípulos, les dio potestad para expulsar a los espíritus inmundos y para curar todas las enfermedades y dolencias. Sobre ustedes queridos hijos descenderá el Espíritu del Señor y sus manos serán ungidas con el santo crisma, que será para ustedes fuerza y auxilio, para que puedan santificar al pueblo cristiano y ofrecer a Dios el sacrificio eucarístico (cfr. Pontifical Romano, unción de las manos).

Hemos llegado a este momento extraordinario en que estos hermanos nuestros por la ordenación serán configurados con la gracia de Jesucristo, sumo sacerdote. Por la imposición de manos serán consagrados Sacerdotes de Dios.

La sagrada escritura nos presenta al sacerdote como el hombre de la Palabra de Dios. Un hombre elegido y enviado por Dios, un hombre que sabe hablar con Dios, que sabe escuchar y dirigir la palabra y ha hecho experiencia de Dios. Vive en una relación permanente con Dios y de la relación con Dios, comunica la presencia de Dios a sus fieles.( Cf Ser Sacerdote hoy).

El sacerdote es un enviado de Dios, ¿Cómo enviado de Dios, que deberíamos enseñar?, nada más que la palabra de Dios, la doctrina y moral de la Iglesia, la verdad sobre Dios, sobre Cristo, y el Hombre.

Somos sacerdotes para anunciar a Cristo.

La identidad del sacerdote es ser hombre de la palabra de Dios en un mundo que con frecuencia siente miedo de abrirse a Dios.
Les corresponderá también la función de santificar en nombre de Cristo. Por su ministerio, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que por sus manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en la celebración incruenta. Dense cuenta de lo que hacen e imiten lo que conmemoran, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrección del Señor, se esfuercen por hacer morir en ustedes el hombre viejo y procuren caminar en una vida nueva.

1. Al introducir a los hombres en el pueblo de Dios por el Bautismo.
2. Al perdonar los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia por el Sacramento de la Penitencia.
3. Al dar a los enfermos el alivio del Oleo Santo.
4. Al celebrar los ritos sagrados.
5. Al ofrecer durante el día la alabanza, la acción de gracias y la súplica no sólo por el pueblo de Dios, sino por el mundo entero. Recuerdan que han sido escogidos entre los hombres y puestos al servicio de ellos en las cosas de Dios (Hebreos 5,1)

El primer deber como presbíteros, es convencerse a ustedes mismos de que Cristo es su camino, su verdad y su vida, para así poderlo transmitir a los hermanos y que en El tengan vida
Como discípulos de Cristo deben tener bien presente, que asumen la cruz de cada día, sin sentirte desdichados, porque saben que la cruz unida a Cristo es instrumento de salvación, no de tortura. Como servidores de Cristo, solo serán auténticos discípulos si toman su cruz cada día “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. (Mc 8,34-35).
Realicen, pues, con alegría perenne, en verdadera caridad, el misterio de Cristo Sacerdote, no buscando su propio interés, sino el de Jesucristo.

• Al recibir el sacramento del Orden, serán consagrados por el Espíritu Santo para participar del triple ministerio de Cristo, formar una fraternidad sacramental con el Obispo y los demás presbíteros. Su incardinación en esta Iglesia particular les hace miembros de un presbiterio concreto como su familia. “El ministerio sacerdotal que brota del Orden Sagrado tiene una “radical forma comunitaria” y sólo puede ser desarrollado como una “tarea colectiva” (PDV 17).

• Su tarea permanente como Presbíteros, es vivir la intimidad con Jesús como discípulos misioneros en comunión permanente con Él. Esta es parte fundamental de sus vidas y garantía de su perseverancia. Por lo tanto, han de ser hombres de oración que dedican los mejores momentos de su vida a escuchar y meditar su Palabra y a contemplarlo y adorarlo en el Santísimo Sacramento.

• La celebración de la Eucaristía Debe ser para ustedes un Momento privilegiado como presbíteros. Deben descubrir el valor maravilloso de la celebración diaria de este misterio de amor. No hay presbítero sin Eucaristía, ni Eucaristía sin presbítero.

• Como presbíteros han de ser hombres de misericordia y compasión; deben estar muy cercanos a su pueblo, como sus servidores, particularmente con los grupos humanos que sufren grandes necesidades. En medio de su vasta tarea pastoral necesitan organizarse y trabajar en equipo dentro de una pastoral orgánica. No deben olvidar que como pastores siguen siendo discípulos. La caridad pastoral, fuente de su espiritualidad sacerdotal, debe estar presente en todas sus acciones.

• Como presbíteros, están llamados a conocer la cultura para sembrar en ella la semilla del Evangelio. Esto implica potenciar su formación inicial y permanente en orden a una verdadera competencia pastoral.

• Deben vivir con madurez la afectividad y la sexualidad, para asumir el significado evangélico del celibato, vivirlo con serenidad y alegría en un camino comunitario, como signo de su caridad pastoral, y entrega a Dios y a los hombres con corazón pleno e indiviso. “En efecto, esta opción es una expresión peculiar de la entrega que les configura con Cristo y de la entrega por el Reino de Dios. El hecho de que Cristo mismo, sacerdote para siempre, viviera su misión hasta el sacrificio de la Cruz en estado de virginidad, es el punto de referencia seguro para entender el sentido de la Iglesia latina a este respecto. “En realidad representa una especial configuración con el estilo de vida del propio Cristo” (Sacramentun Caritatis 24).

• Como presbíteros están llamados a ser primordialmente propulsores y ejecutores de la misión de santificar, guiar y enseñar al pueblo de Dios.

• El pueblo de Dios tiene necesidad de presbíteros discípulos, que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón de Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración, misioneros movidos por la caridad pastoral, que los lleve a cuidar del rebaño a ustedes confiado y a buscar a los alejados con la predicación de la Palabra de Dios, siempre en comunión con el Obispo.

• Tengan presente que solo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar a su parroquia.

• Recuerden que deben ser ardorosos misioneros, que viven constantemente el anhelo de buscar las ovejas alejadas y no se contenten con la simple administración.

Finalmente, al ejercer, en la parte que les corresponde, la función de Cristo, Cabeza y Pastor, permaneciendo unidos al Obispo y bajo su dirección, esfuércense por reunir a los fieles en una sola familia, de forma que en la unidad del Espíritu Santo, por Cristo, puedan conducirlos al Padre. Tengan siempre presente el ejemplo del buen Pastor, que no vino a ser servido, sino a servir, y a dar su vida en rescate por todos.

Que la Santísima Virgen Madre, “Estrella de la Evangelización” guíe y defienda su sacerdocio.

No olviden que en María de la Altagracia, tenemos una madre que nos ama y una estrella que ilumina nuestro camino.

CERTIFICO que estuve presente en la ordenación de tres sacerdotes de La Romana, por primera vez, ordenados juntos, el 29 de diciembre de 2018, en la Basílica Catedral de Higüey y, por lo tanto, soy testigo de cuanto allí se hizo y dijo.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los tres (03) días del mes de enero del año del Señor dos mil diecinueve (2019).

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