“Mi religión siempre ha sido el voleibol”

Gioriber Arias tiene más de 50 años dedicados al voleibol.
Gioriber Arias formó cientos de jugadoras de las selecciones nacionales en las diferentes categorías, fue exaltado al Pabellón de la Fama del Deporte en 2012

Con más de medio siglo dedicado al deporte, Gioriber Arias reconoce lo difícil que fue al principio conformar un equipo de voleibol, pero también valora el apoyo que le brindaron diferentes personalidades como Cristóbal Marte y el expresidente Leonel Fernández.

Arias, quien además fue maestro de Educación Física en varios centros educativos por más de 30 años, fundó el Club Mirador junto a su entonces esposa y voleibolista Mayo Sibilia. Ha entrenado a casi todas las atletas que fueron parte de selecciones nacionales en las diferentes categorías desde 1970.

1. Centro Social Obrero
Nací el 7 de febrero de 1940 en el sector de Villa Francisca. Ahí conocí a mi mentor en la formación deportiva, Horacio Mazara, en el Centro Social Obrero. Él aglutinaba una serie de jóvenes para darles clases; cuando eso yo estudiaba en el Liceo Argentina. Se enfocaba más en enseñarnos a entrenar. Comencé cuando tan solo tenía 14 años a practicar, y lo mejor es que siempre conté con el apoyo de mis padres, Domingo Arias y América Gneco, ambos de la capital. A esa edad les di clases a las muchachas de varias escuelas, aunque Mazara se mantenía con nosotros ayudándonos, porque apenas estábamos comenzando como instructores. Tenía mucha ilusión con esa parte del voleibol. A esa edad fui aprendiendo la gran diferencia entre la aptitud y la actitud que hay entre un jugador y un entrenador”.

2. En su adolescencia
Formé parte del Club Villa Francisca, donde potencié mi carrera en el voleibol, aunque jugaba otras disciplinas. Después de los 16 años ya me había mentalizado que quería ser entrenador, ya estaba prácticamente formándome para eso. Eran tiempos difíciles, nos encontrábamos en tiempos de Trujillo, así que Mazara fue como un héroe para todos nosotros. Nos salvó de caer en malos vicios y en la violencia militar. Recuerdo cuando él subía de la Duarte casi esquina Mercedes, desde su vivienda, con su colorido sombrerito, a darnos consejos y a perfeccionarnos en las prácticas. Esa época fue muy bonita, porque tuve el privilegio de jugar junto a una de las figuras del deporte más trascendentales: Carlos Morales. Pero también porque yo había ganado como mejor anotador en un torneo realizado en La Romana, donde participaron Centro Obrero, La Vega, y Moca, que eran los grandes rivales. Nunca olvido el apoyo que me dieron mis compañeros Morales, Mario Crispín y Tomasito Bennett. Fueron momentos inolvidables”.

3. Clubes deportivos
Luego del torneo en La Romana, pasé a jugar en el Club San Carlos. Cuando eso se hacían los torneos interbarriales, que ya no se hacen hoy. Se pasaron a los clubes, y los clubes se desligaron de los barrios. Antes hablar de Villa Francisca, San Carlos, San Antón, era hablar de clubes por sector, constituidos por decenas de jóvenes. Precisamente esos clubes fueron los primeros que ganaron los torneos superiores. No olvido Los Caballos de San Antón, que cuando ganaron bajaron en burros hasta su sector. Eran momentos donde la gente se entregaba verdaderamente al deporte, y entendía que formaba parte importante de nuestro desarrollo como localidad. Actualmente, lo que da mucha pena, los clubes deportivos que existen, no están haciendo los esfuerzos suficientes como para captar a los jóvenes que necesitan del deporte para mejorar sus condiciones físicas y mentales; pero también para no caer en la lacra social que nos está matando a todos: la delincuencia. Antes, el deporte en esos barrios del Distrito nos servía hasta de entretenimiento, o sea, uno no estaba pegado como ahora a teléfonos o a televisores. Uno se encontraba con sus amigos, la pasábamos bien porque nos unía el deporte”.

4. Su vida con Mayo Sibilia
Mi esposa fue Mayo Sibilia, una impresionante atleta nacida en Puerto Plata, a quien conocí en las prácticas. Fui hasta su provincia para poder hablar con sus padres, a quienes les comenté lo interesado que estaba en su hija. Algo que no pasa ahora, ya que los jóvenes buscan a las jovencitas a sus casas, pero las regresan de inmediato porque no quieren nada serio. Recuerdo que en el año 1966 participamos en los Juegos Latinoamericanos del Caribe, en Puerto Rico. De ahí en adelante fue que comencé a ir más a menudo a la casa de los padres de ella, que eran rectos y no le daban permiso con facilidad. Me desposé con Mayo ese mismo año. Con ella lo intenté hacer todo bien. Es una mujer entregada a lo que ama, enfocada en mejorar y sacar el máximo potencial de las atletas, por eso es tan reconocida en el voleibol a nivel nacional. Con ella tuve dos hijos, que me enorgullecen profundamente, porque aunque no están ligados al deporte directamente, son trabajadores y amorosos”.

5. Inicios del Club Mirador
Fundamos el Club Mirador el 14 de junio de 1970. Ahí estuvo Bienvenido Rojas, que estuvo vinculado estrechamente a la organización. Participamos en todos los torneos de categorías menores, y eso nos mereció que nos reconocieran en el Gran Santo Domingo y otras partes del país. Uno de los torneos más importantes para nosotros fue el de 1975, cuando jugaban el Mauricio Báez, Mirador y La Fe. No olvido que Leo Corporán estaba al frente del Mauricio Báez, y éste bajaba de Villa Juana con todo ese público al Pabellón de Voleibol, y lo mismo hacían los que estaban en La Fe. Nosotros teníamos jugadores un poquito más humildes, pero que eran muy buenos, como Deyanira Pascual, que es Inmortal del Deporte, o Ana Dilia Hernández. Pudimos conquistar ese torneo, lo que nos llenó de mucha satisfacción y alegría, porque los contrincantes no nos daban las más mínimas posibilidades de victoria. La realidad es que teníamos mucho trabajando en esa categoría, por lo que se nos hizo más fácil conformar un equipo que diera la talla. Mi religión siempre ha sido el voleibol”.

6. Victorias del Club
De ahí en adelante, ganamos ocho años consecutivos, desde el 1975 al 1983. O sea, mostramos que cada esfuerzo que habíamos hecho en el pasado había sido suficiente como para coronarnos en todas esas etapas. En muchos de esos torneos, sin embargo, me sentía a veces inseguro, sin ningún motivo. Luego comprendí que cada victoria obtenida, no era más que el resultado de mis desveladas y mis gotas de sudor con las muchachas. Perdimos en el 1984, frente a Mayo, que se había separado de nosotros por una oferta laboral que le había llegado del Naco, que provocó que dividiéramos a las jugadoras. Volvimos a ganar en el 1985, con lo que recuperamos la Copa Teleantillas. Esos juegos se transmitían por televisión, incluso fueron los primeros que tuvieron un espacio en tal plataforma. Perdimos en otras ocasiones, y luego tuvimos otra racha de éxitos de diez torneos ganados; del 1990 al 1999. Mirador ganó un total de 25 torneos, por eso es el club más fuerte del voleibol dominicano, reconocido en Centroamérica y el Caribe. Incluso, en las celebraciones de las Copas de Clubes Campeones Internacionales, nosotros fuimos los únicos en ir a tres copas consecutivas, una aquí y dos en Catar. Fueron actividades que nos demostraron que cuando se quiere, se puede y se llega lejos”.

7. El apoyo de Cristóbal Marte
Otro de los momentos inolvidables fue el encuentro con el político Cristóbal Marte, que fue viceministro administrativo de la Presidencia. Cuando Balaguer lo nombró secretario de Deportes, lo primero que hizo fue dirigirse al Centro Olímpico, que era el lugar donde se aglutinaban casi todas las federaciones deportivas. Fue una decisión que aplaudimos los dirigentes deportivos de la época, porque los anteriores secretarios de Deportes no habían hecho eso tan rápidamente, pero tampoco los recientes se han acercado como quizás necesiten los dirigentes de hoy en día. Los ministros ni siquiera van a reunirse con los que encabezan los clubes en los barrios, que son los lugares que les brindaron el primer contacto con el deporte a gran parte de los peloteros, voleibolistas y basquetbolistas famosos de hoy día. Marte fue allá, nos encontró practicando para un torneo, entró, y me lo presentaron. Se sintió muy complacido con el esfuerzo que yo había estado haciendo, y me preguntó que si necesitaba algo, así que aproveché y le pedí algunos tenis. Marte me indicó que era necesario ir a su oficina al día siguiente, y así lo hice, con mucha ilusión, ya que entendía que de eso dependían muchas cosas. Al otro día, esperé hasta entrada la noche en su oficina, hasta que él terminó de atender a varias personas que estaban antes que yo. Me recibió pasadas las 9:00, conversamos y me regaló 15 pares de tenis, un gran logro para nosotros, ya que entonces estábamos compitiendo contra equipos que tenían muchos recursos y que no tenían que hacer grandes sacrificios para conseguir los materiales que necesitan para jugar”.

8. Su casa fue villa deportiva
Después de haberle insistido tanto para que fuera presidente de nuestro Club, Cristóbal aceptó, y tuvimos la fortuna de contar más con su colaboración. Cuando lo encabezó, nos dotó de todo lo necesario, hasta esparadrapo para las manos. Estábamos listos para ganar más torneos y representar dignamente nuestro país en competiciones internacionales. Pero no siempre fue así, nuestros inicios, como el de la gran mayoría, estuvo manchado por muchas precariedades, que, al final de cuentas, nunca nos detuvieron. Todo esto, claro está, porque nunca dejamos de hacer los sacrificios que fueran necesarios para que las muchachas se mantuvieran en las condiciones óptimas para dar lo mejor en cada torneo. Uno de los inconvenientes que enfrentábamos era que no teníamos los jugadores congregados en un solo sitio. Buscamos la forma de resolverlo, y decidí limpiar mi sala, metí tres camas dobles y conformé la villa deportiva. Me la pasaba conchando en un carrito para darles pasajes, alimentación, y cubrir todas sus necesidades básicas, nos esforzamos hasta consolidarnos como proyecto nacional en 1984”.

9. Desempeño como docente
Tuve 38 años como profesor de Educación Física, sin falta cometida, lleno de satisfacción y orgullo; aunque con una jubilación que a duras penas llega hasta los 5 mil pesos. Comencé en la Escuela Básica Juan Bautista Zafra, donde duré un año, luego fui al Liceo Estados Unidos de América y al Liceo Manuel Rodríguez Objío. Haber trabajado en esa área durante tanto tiempo fue uno de los mayores logros en mi vida. Puedo decir que siempre fui feliz porque me dediqué a lo que me apasionaba: el voleibol. Actualmente hay varios funcionarios y empresarios que pasaron por mis clases, a quienes aconsejé y brindé mi amistad. El cariño que me tuvieron fue tanto, que hasta hace algunos meses se reunían casi 50 de ellos cada fin de semana para venir a visitarme. Disfrutaban contando todas las anécdotas que vivimos juntos”.

10. Los hijos no siguieron sus pasos
De mis 5 hijos, fruto de dos matrimonios, solo uno se dedicó al deporte, aunque no se destacó tanto como hubiéramos querido. Se trata de Edgar Arias Sibilia, quien es fisioterapeuta profesional. Él vive con su madre. Mi otra hija vive en Estados Unidos, junto con sus hijos y mi primer biznieto, con los que siempre estoy en contacto. Yo vivo con Solangel Aquino, una joven que adopté como una hija hace más de 10 años. Ella me atiende y está atenta a todo lo que tengo que hacer, de si me tomo mis medicinas, o si me hace falta alguna cosa. La vida me ha regalado muchas cosas bonitas. Entre ellas, ellos, y muchísima gente más”.

Exaltación al Salón de la Fama

“En octubre del 2012 tuve la dicha de vivir uno de los momentos más inolvidables de mi vida. El expresidente Leonel Fernández decretó con mi nombre, “ Profesor Ricardo Arias”, el Palacio de Voleibol. Eso estuvo organizado por la Oficina Supervisora de Obras del Estado, que para ese entonces la dirigía Luis Sifres. La persona que dio las palabras centrales, la verdad es que fue la más indicada: Cristóbal Marte, presidente del Proyecto de Selecciones Nacionales. Estando allí veía el resultado de más de 50 años dedicados al voleibol. Lloré mucho ese día, y el expresidente me abrazó y me agradeció por mi trabajo. Además, otro de los momentos más grandes fue mi exaltación al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano ese mismo mes. Eso me hizo enderezar más mi vida, pero también compartir mis consejos con quienes lo necesitaban para ayudarlos a lograr sus metas. A los atletas les decía que el deporte es una actividad pasante, o sea, cuando a esas muchachas les llegara la hora de retirarse, si no tenían una formación universitaria iban a pasar por muchos problemas. La edad vence al deportista, no deben dejar los estudios. Lo que tienen que hacer es llevar los triunfos deportivos con los triunfos en la escuela, porque la fama también desaparece, es una cuestión circunstancial. La educación es lo único que te garantiza la permanencia, aún después de salir del campo de juego”.

Club Mirador
Gioriber Arias, junto a su exesposa, la voleibolista Mayo Sibilia, fundó el Club Mirador, el que gracias a sus múltiples victorias se convirtió en el más destacado a nivel nacional y regional.

Profesor
Sus más de 30 años de labor docente en diferentes centros educativo lo llenan de orgullo, aunque lamenta que ese esfuerzo se vea recompensando económicamente con una pobre jubilación.

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