La delincuencia tiene que cesar

    La violencia es negativa en todas sus expresiones y manifestaciones, pero es más nociva, destructiva y avasalladora cuando se combina o asocia con el crimen y el delito.

    Un homicidio como resultado de una discusión que degeneró en un enfrentamiento entre dos o más personas, es una muerte, y provoca dolor y tristeza. Puede ser hasta un asesinato, si se trata de una muerte planificada por alguien que actuó en venganza por un hecho que entendía le afectó.

    Pero no es lo mismo, no tiene igual connotación, si la muerte es resultado o va acompañada de un robo con violencia, de un asalto, un atraco para despojar a alguien de dinero, un teléfono, un vehículo o un arma de fuego. Este tipo de homicidio horroriza, atemoriza e intranquiliza. Cruza la frontera de la violencia ordinaria y llega al territorio de la inseguridad, esa que crea pánico en la población, que aleja al turista, que afecta los negocios y la inversión.

    En el país se están sucediendo hechos de esta naturaleza de forma tan acelerada que apuntan a un recrudecimiento o expansión. El jueves en la noche un oficial de la Policía fue muerto y despojado de su arma en el municipio de Haina. En La Romana un comerciante, propietario de bancas de loterías, fue muerto a tiros por personas hasta ahora desconocidas que lo despojaron de dinero y un arma de fuego. Cerca del mediodía, en la misma fecha, unas cuatro personas portando armas largas y vistiendo ropas militares de faena, asaltaron una sucursal bancaria en el sector La Isabelita, en el municipio Santo Domingo Este.

    Esos hechos ocurrieron cuando todavía estaba en la mente de los habitantes del Gran Santo Domingo la muerte a tiros de un funcionario del Ayuntamiento del municipio Santo Domingo Oeste, a manos de dos delincuentes juveniles, cuando intentó evitar un atraco que estaban cometiendo los que terminaron siendo sus asesinos. Escaparon en una moto y se llevaron el arma del funcionario edilicio.

    Ayer, la vicepresidenta Margarita Cedeño de Fernández y el Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria, abogaron por una aplicación más rigurosa de la ley, como mecanismo para combatir la delincuencia. Lo cierto es que no estamos bien y vamos mal. Hay que detener esta situación.

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