“Le prénom” en la escena dominicana

La obra de teatro “Le Prenóm” se presentó en el Teatro Nacional “Eduardo Brito”.

Ciertamente, Le Prénom se ha presentado en varios países. Partiendo del texto hasta hicieron una película. Pero nada de eso constituye una garantía de calidad literaria.

En realidad, es un texto deficiente y cursi; que a pesar de lo pretencioso tiene errores históricos y literarios. Sumamente reiterativo. Tanto, que llega a ser fastidioso. En la dramaturgia, casi siempre, el uso del narrador resulta ser un serio problema. Esto, porque el Teatro es el Arte de la representación. Lo que se espera es que las acciones y el argumento lleguen a través de los personajes. En los primeros diez minutos de la obra, los autores de la misma (Matthiu Delaporte y Alexandre de la Patelliere) abusan del efecto narrativo, algo que establecen como locución.
La presentación narrada de los personajes desconecta de la atmósfera escénica. En el Teatro decimos que se narra cuando la falta de imaginación del autor no encuentra soluciones para plantear su discurso. Establecidos los problemas estructurales del texto, pasemos a analizar la realización criolla de esta obra presentada en la Sala Ravelo del Teatro Nacional.

He repetido hasta el cansancio que un director no es un simple lector de libretos. Él es un ente creativo que debe transformar el texto literario en una verdad escénica. En este caso, no ocurre así con la dirección de Antonio Melenciano. Por eso, las deficiencias de la dramaturgia no son “cedaceadas” en el proceso direccional. Las actuaciones lucieron peligrosamente desiguales. Igual ocurre con el “tempo” escénico.

Las luces estaban correctas. En muchos casos hasta ingeniosas. La escenografía es convencional. El cuadro del forillo, con una pintura de la torre Eiffel, nunca nos convence de que la acción está ocurriendo en París. Vicent es el personaje mejor perfilado en “Le prénom, el que tiene “garras” para su interpretación. Pero no logra trascender en la realización criolla. José Roberto Díaz, a quien recuerdo haber aplaudido por lo menos en una ocasión, retorna a su estilo actoral encajonado, poco comprometido, sumamente lineal y locutoril. A pesar de todas las posibilidades de su personaje, desgraciadamente el actor se queda en la llamada “actuación de pantalla”.

El caso más preocupante es el de Gianni Paulino (Elisabeth). Ella es una aficionada urgida de buenos entrenamientos como actriz, si desea destacarse en escenarios. Uno de sus graves problemas es que no sabe “escuchar” en escena. Eso le impide tener correctas reacciones ante las distintas situaciones de la obra.
Elisabeth luce haberse construido para su revelación final. Ocurre que Gianny no da el grado en el “destape” y evidencia, ahí más que nunca, su amateurismo. Su voz, sus movimientos y el manejo de las emociones están evidentemente divorciados de lo que demanda su personaje.

Algo distinto ocurre con Richard Douglas (Pierre). Su personaje es orgánico, creativo, creíble y muy divertido. Douglas da una gran lección actoral de buena comedia. Es común en nuestros escenarios que los actores impriman a sus creaciones el estilo llamado astracán. Este actor, aunque en tres ocasiones vacila con el texto, evita lo payasesco de las comedias baratas y logra una muy natural interpretación. Mis aplausos.

Elisabeth Chahín (Anna) es una grata revelación. Joven, bella y talentosa; de una presencia teatral avasallante. Buena en el manejo de las inflexiones vocales. Mejor manejo de las transiciones emocionales de su personaje; que es, desde el punto de vista de la dramaturgia, el menos agraciado en la pieza. Nunca, en ningún caso, pierde la concentración de la atención. Aplausos.

Una actuación natural

Pepe Sierra, logra un más que aceptable Claude. Su amaneramiento es natural; aunque algunas veces cae en el clisé. El manejo de su voz es correcto. En ocasiones luce distante y frío. Pero su interpretación general logra que entendamos la naturaleza interior del personaje. Admitiendo que las reseñas críticas no son absolutas, tengo la necesidad de recurrir al siempre conveniente… ¡Telón!

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