En esta esquina, Pastorino…

    Elecciones presidenciales de 1994
    Las elecciones de mayo de 1994, en la que los principales contendientes eran el Partido Reformista, con su candidato Joaquín Balaguer; y el PRD, con José Francisco Peña Gómez, estuvieron precedidas por temores de fraude y de intervención de fuerzas militares en favor de uno de los candidatos. Por supuesto, el fraude provendría de Balaguer, que desde 1986 era el presidente de la República. Tanto temor había, que el embajador estadounidense, Robert Pastorino, en reseña que se publicó el 9 de mayo, dijo que “la importancia del logro dominicano aumenta nuestra preocupación acerca de los incidentes de violencia que han ocurrido durante la campaña electoral, y acerca de la convicción de algunos dominicanos de que se llevará a cabo un fraude electoral”.

    Para tratar de conjurar estos temores, se consideró necesario llegar a acuerdos y el 10 de mayo se firmó lo que se denominó el “Pacto de la Civilidad”, rubricado por los candidatos Balaguer, Peña Gómez, Jacobo Majluta y Antonio Reynoso. Los testigos fueron Manuel Ruiz Tejada, Germán Ornes, Manuel Bergés Chupani, Rafael Herrera y, por la Iglesia Católica, los monseñores Francisco Arnaiz y Agripino Núñez. En las elecciones, “ganó” Balaguer, lo que reseñó el New York Times, el 20 de mayo, bajo el título de “La dudosa victoria del señor Balaguer” y con otro artículo del mismo periódico, de cuatro días después, bajo el título de “New York Times pide presionen”. En adición, también el Washington Post dudaba de las limpieza de las elecciones y un despacho de UPS indicaba que “… es posible que éstas no hayan sido las elecciones más sucias en la historia de la República Dominicana….”. Localmente, las protestas por la “injerencia” norteamericana no se hacían esperar. El 22 de junio, el Cardenal, entre otras declaraciones, indicó que “ningún gobierno, absolutamente ningún gobierno, tiene derecho a meterse en asuntos dominicanos”. Y, Pastorino, evidentemente enojado y por ésta y tantas protestas, escribió una carta al Cardenal solicitando “su autorización para la recepción de un embarque que llegaría al país con una serie de donaciones que hacen a la República Dominicana diversas organizaciones del área de Chicago”, carta que reproducimos a continuación y que mereció una respuesta boxística como solo los campeones de este deporte son capaces de propinar, respuesta que reproduciremos la próxima semana. Toda esta situación viene a cuento por el reciente intercambio de “jabs” y “upper cuts” entre el mismo Cardenal, y el actual embajador de Estados Unidos, James Brewster.

    Su Excelencia:
    Pláceme extenderle mis más sinceros saludos. Como sabrá su Excelencia, está programado que un carguero estadunidense traiga hacia la República Dominicana 31 contenedores con camas, muebles y otros enseres, el sábado 25 del mes en curso. Este cargamento, que será donado al Hogar de Ancianos San Francisco de Asís y a las Hermanas de la Caridad en Santo Domingo, constituye una ayuda humanitaria donada por diversas organizaciones del área de Chicago Illinois. El Departamento de Estado Washington aprobó el envío, el cual arribará en una aeronave militar a Santo Domingo. Es un asunto de rutina para los Estados Unidos conceder este tipo de ayuda a aquellos que lo necesitan.

    Sin embargo, y de acuerdo con declaraciones previas de Su Eminencia Reverendísima, el envío de este cargamento puede interpretarse como una ingerencia en los asuntos internos de la República Dominicana. Mi pregunta es: su Excelencia, ¿deberíamos dejar a la República Dominicana sola en este caso y no brindar esta ayuda? Mi posición personal es no autorizar la llegada de este avión a la República Dominicana hasta tanto no cuente con su opinión respecto a este envio de ayuda humanitaria, el cual puede ser mal interpretado, en cuyo caso adquiriría la denominación de “ingerencia” (sic).

    Esperando su pronta respuesta, en estos tiempos de tribulaciones, queda de Usted, su seguro servidor, Robert S. Pastorino,
    Embajador.

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