Depresión Postvacacional

    Por Ana Consuegra, médico psiquiatra. Especialista de Terapia Boutique

    El síndrome postvacional, conocido también como estrés o depresión postvacacional, es un conjunto de signos y síntomas que se manifiestan cuando nos incorporamos a nuestras obligaciones, sean laborales, familiares o de estudio, tras un período de vacaciones. Afecta al 15% de los adultos y a un 5-8% de los niños. 

    Culminadas las vacaciones, los más pequeños de casa deben readaptar su rutina a nuevos horarios, alimentación y actividades, en un corto período de tiempo. Este proceso puede presentar alteraciones psíquicas y físicas que responden a una resistencia por parte de éstos a retomar su “nueva” vida diaria. Los manuales de clasificación internacional no contemplan una patología de depresión postvacacional, pero no cabe duda alguna de que todos, y en especial los niños, al regresar de unas merecidas vacaciones pueden manifestar reacciones que responden a una dificultad de volver a clases y todo lo que implica.

    Síntomas
    Dependerán de la edad del niño e intensidad del malestar que presente. Los más comunes son insomnio, llanto, somatizaciones digestivas (dolores abdominales, vómitos o diarreas), baja autoestima, cefalea, tristeza, apatía, decaimiento, ansiedad e irritabilidad

    Si se logran identificar los aspectos positivos que conlleva el fin de las vacaciones, el niño se adaptará a la nueva etapa sin problemas. La semana previa al inicio de las clases es bueno ajustar los horarios.

    Algunos aspectos positivos que podríamos tomar en cuenta para que los niños se ilusionen por recuperar su rutina diaria. Lo ideal es planificar esto de forma gradual, no de la noche a la mañana: transmitir la alegría de volver a reencontrarse con sus compañeros de clase, preparar juntos el material escolar, dormir de nuevo en su habitación, si no lo hacía; fomentar la adaptación a los nuevos horarios (reservar algunos días para que los niños se adapten a su ritmo) y evitar transmitir la idea de que retomar la vida cotidiana conlleva algo negativo.

    El cuadro
    Suele presentarse por dos días y hasta una semana. Se aconseja recurrir al psicólogo cuando los síntomas se manifiestan por un período de dos semanas o más para evaluar y detectar las posibles causas y definir el tratamiento que ayude al niño a adaptarse. Los posibles enfoques son varios, entre ellos la psicoterapia.

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