Madre después de los 40

    Aunque un embarazo después de los 40 conlleva más riesgos, cada vez son más frecuentes. Los adelantos médicos hacen posible llevarlo a buen término y, por ende, tener hijos sanos en esta etapa madura de la mujer, quien se está planteando la maternidad con menos premura que décadas atrás.

    A diferencia de épocas anteriores, la mujer prioriza su etapa profesional y deja para después el desempeño de su rol de madre. Por eso, es frecuente que las mujeres se embaracen en la cuarta década de sus vidas, cuando sienten que ya han alcanzado profesionalmente la meta trazada. Así también, si las cosas en su matrimonio no marchan, son decididas y ponen punto final. Se dan una segunda oportunidad, y es en esa segunda vuelta cuando surgen también embarazos en la madurez de sus vidas, como es el caso de Amanda y María Gabriela que han vuelto a ser madres después de los 40.

    El segundo matrimonio de Amanda Duque se dio cuando sus cuatro hijos de una anterior relación eran adolescentes.

    Diecisiete años habían transcurrido del último embarazo cuando, a los 42 años, recibe la noticia de su ginecólogo de estar embarazada del que sería su quinto hijo. Llevaba dos años buscándolo y había perdido las esperanzas. “Pensé que mis malestares obedecían a algún proceso viral, jamás que estaba embarazada, puesto que los médicos me habían hecho perder esa esperanza. No obstante, y para descartar, una simple prueba de embarazo dio a la luz la mejor noticia: estaba embarazada”.

    Para Amanda y su esposo este embarazo vino a hacer realidad el sueño de ambos, puesto que él no tenía hijos, a sus casi 50 años.

    La llegada del vástago vino a hacer el vínculo que los uniría de por vida; y para los hermanos, éste fue como un hijo.

    No hubo dificultad durante todo el embarazo, salvo el día del parto, dado que el bebé nació de once libras y media, con 19 pulgadas de largo. Afortunadamente, gracias a una cesárea a tiempo, todo culminó exitosamente. Ser madre a los 42 significó para Amanda un compromiso mayor. “La experiencia te lleva a ser más cautelosa, más cuidadosa y, en mi caso, un poco aprehensiva”, dice.

    Definitivamente, el conocimiento a veces nos hace más exigentes y vemos las cosas antes de que puedan ocurrir. “Cuando tuve mis otros hijos era muy joven y, casi paralelamente a ellos, fui aprendiendo”, eso tiene otro tipo de ventajas.
    El caso de Gabriela Varela de Haché es similar al de Amanda. Un segundo matrimonio, una segunda etapa, una segunda ronda. Dos adolescentes de su primer matrimonio y una menor de su segundo.

    “Al recibir la noticia de mi cuarto embarazo, la primera reacción fue de shock, de sorpresa. Allí mismo rompí a llorar, porque para mí ya habíamos cerrado la fábrica. Luego de una hora llorando en el consultorio del médico y después de haber hablado con mi esposo, me fui calmando. Esperé a que pasaran los tres primeros meses del embarazo para comunicar la gran noticia a mi madre e hijas”, relata María Gabriela cuya hija mayor y el benjamín de la familia tienen 17 años de diferencia.

    En lo físico, su último embarazo fue “súper bien”. En el aspecto emocional hubo diferencias. “Con la primera estaba en expectativa total, porque no sabía cómo era el asunto de ser madre, pero con el último sentía que no iba a poder con la carga de tantos hijos de diferentes edades. No tenía idea de cómo encajar al bebito y todo lo que una nueva maternidad acarrea, en el esquema ya estructurado de toda la familia”, continúa su relato esta ejecutiva de una legación diplomática en nuestro país, donde labora desde hace ya 24 años. Pero nadie ha dicho que resulte fácil lidiar las cosas entre hijos con tanta diferencia de edad. “Simplemente trato de no volverme loca en el intento. No te queda más remedio que irte adecuando en el proceso y que tus hijos mayores vayan tomando conciencia y nuevas responsabilidades.

    Los primeros tres meses, María Gabriela se volcó en su bebé, que ya hoy tiene 18 meses. “Tengo que reconocer que mi esposo y mi madre fueron, y son, de gran ayuda. Sin su ayuda, sin sus consejos, me hubiera sido más cuesta arriba; pero poco a poco ya estamos teniendo una rutina, un desenvolvimiento efectivo”, expresa. Al principio-admite- fue un golpe para sus hijas ya adolescentes y para la menor también, “hubo celos, pero creo que poco a poco lo han ido aceptando, él nos une más. Todas quieren ser su madre, así que, me he tenido que poner dura, para que entiendan que ellas pueden ayudar, pero que sus padres son los responsables de criar”.

    “Conviene tener los hijos jóvenes, ya que las amanecidas y los desvelos no afectan tanto. Definitivamente, se tiene mucho más energía, piensas que te puedes comer el mundo. Pero si no hay opción y llegan a partir de los cuarenta, se sobrevive y se disfruta de una manera muy especial en la madurez del ser humano, valoras cada segundo junto al bebé. Cada etapa tiene su encanto”, dice convencida.

    Al igual que en el caso de Amanda, su hijo “simplemente llegó” sin avisar “y tengo que reconocer que ha sido el mejor regalo, junto a sus hermanas. Ha sido perfecto para culminar mi etapa de madre y ayudarme en el crecimiento como ser humano”. Aunque la esencia es la misma en el proceso de crianza, “definitivamente todo va cambiando con tu evolución como ser humano. Con el transcurrir de los años, disfrutas, entiendes y procesas todo diferente”. Y, a medida que se crece como ser humano, “van cambiando tus valores, tu visión de las cosas. El cambio es inevitable”, subraya. Reconoce que en sus años mozos era permisiva en la crianza de sus hijas “pero mis hijas mayores dicen que me he vuelto más aún”.

    Contrario a Amanda, que se tornó muy aprehensiva con su quinto embarazo, María Gabriela dice que nunca lo ha sido ni siquiera ahora. Aunque ha vivido la maternidad en tres etapas diferentes, a los 25, 36 y 42 años, habla de un mismo sentimiento que se ha confirmado y reafirmado en cada hijo. “El amor de madre es el más grande que pueda existir, es distinto a otros amores, es incondicional, fuerte, paciente, tolerante y crece con los hijos y los años. No se agota, aunque una se canse a veces de lidiar con diferentes situaciones o circunstancias y te asalten ganas de salir corriendo”.

    Luego de ser madre –continúa- pude entender el amor de mi madre hacia mí, aprendí a valorar todo lo que ha hecho y sigue haciendo por sus hijos. “Todavía la veo sufrir cuando uno de nosotros no va por el camino que debe. Y te das cuenta de que quieres retribuirle ese amor con creces”.

    Con sus hijos, dice, ha podido constatar que daría su vida sin pestañear “por cada uno de ellos, y que prefiero el dolor propio al de mis hijos. Siempre les digo: ‘no sabrás cuánto te amo hasta que tengas tus propios hijos ”. Segura está de que el amor de una madre es el reflejo del amor de Dios por nosotros, concluye.

    Famosas que fueron madres después de los 40

    • Meryl Streep, actriz ganadora del Oscar, tuvo su hijo a los 41 años en 1991.
    • La actriz australiana Nicole Kidman tuvo a su primer bebé a la edad de 47 años.
    • La cantante Celine Dion tuvo gemelos a la edad de 42 años. 
    • Susan Sarandon tuvo a su hijo Jack, a la edad de 42 años en 1989.
    • La mexicana Salma Hayek quedó embarazada cuando tenía 41 años.
    • La actriz Annette Bening tuvo su hijo a los 41 años de edad.
    • Mariah Carey, cantante, tuvo gemelos a los 40 años.
    • Geena Davis, actriz americana, tuvo a su primer hijo a los 46 años de edad.
    • Madonna tuvo a su hijo Rocco a los 41 años.
    • Adamari López tuvo a su primera hija a los 43 años.
    • Kim Basinger, tuvo su hijo, con el también actor Alec Baldwin, a sus 41 años.
    • La actriz mexicana Edith González tuvo a su hija Constanza a los 40 años, en 2004.
    • Rosario Flores tuvo a su hijo Pedro Antonio a los 42 años.
    • La actriz mexicana Paty Manterola tuvo gemelos a los 42 años.
    • Kelly Preston, actriz y esposa del actor John Travolta, tuvo un bebé a la edad de 47 años. l

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