Francina Hungría es María Teresa Mirabal

    Coordinación Sarah Carrasco

    Texto Nazaret Espinal

    Fotografía y Manejo digital Karla Sanabia

    Vestuario María Reyes

    Maquillaje y Peinado Sushy Makeup

    Locación Casa de Zorica Krcelic.

     

     Francina Hungría

    “Debemos expresar nuestra inconformidad con la violencia”

     

    Una tragedia la llevó del anonimato a la palestra pública. No por ser ingeniera, pero aprendió a construir un puente con las piedras que la vida le había arrojado.

    Cuando era niña, se cayó de las escaleras de la casa de su abuela. A pesar de la herida producida en su quijada, su padre se negó a que le dieran puntos porque consideró que era demasiado pequeña para soportar el dolor. Así que él mismo sostuvo la herida cerrada con sus propias manos. Así pasó una noche, sin dormir, para lograr su objetivo. Francina cuenta este episodio con mucho orgullo, que no empaña el recuerdo que tiene de su niñez, que considera fue inigualable. No sabía entonces, que de adulta, habría de sufrir por una caída peor. Sin embargo, su respuesta ha sido sorprendentemente positiva e igual, no mancha el valor que siente ante la vida. He aquí una mujer a sus 30 años, valerosa, emprendedora, que se da la oportunidad de soñar. Es cierto, un crimen le robó su capacidad visual. Pero lo que ha conseguido ha sido mucho más de lo que perdió: la fuerza para vencer y el amor por la vida.

     

    P Tanto tú como María Teresa fueron víctimas de la corrupción y la violencia que se vive en el país. ¿Cómo evalúas el tema de la seguridad? Son circunstancias distintas, aunque en ambas situaciones de violencia hay un alto costo humano. María Teresa murió víctima de la opresión política del régimen de Rafael Trujillo, sacrificó su vida por la libertad de nuestro país. Yo fui víctima de la inseguridad ciudadana que actualmente nos arropa; producto del narcotráfico, el porte de armas ilegales, la falta de oportunidades, la debilidad de nuestro sistema judicial… En fin, recordar la lucha de una mujer como María Teresa, que fue martirizada por sus creencias y coraje, debe servirnos de inspiración para unirnos como pueblo y exigir que se tomen medidas drásticas, necesarias para recuperar nuestra tranquilidad. Dejar de ser simples espectadores, y levantarnos en una sola voz que exprese la inconformidad y el dolor que sentimos al ver cómo día a día cientos de dominicanos, que trabajan honradamente para sustentar a su familia, se ven afectados por la violencia extrema que se vive en nuestras calles, situación en la que muchos no corren con la misma suerte que yo y lamentablemente han perdido su vida.

     

    P Desde puntos de vista distintos, ambas son heroínas, lástima que por una tragedia. ¿De qué forma esta situación cambió tu vida? Mi vida ha cambiado en todas las formas posibles (risas). En esencia, por supuesto, soy la misma persona, pero a la vez distinta. Es decir, he tenido que entrenarme para aprender a vivir utilizando los demás sentidos. El 90% de las actividades que realizamos cotidianamente se ven afectadas por la falta de visión, no es que no las podamos hacer, sino que simplemente las hacemos diferente. Somos muy afortunados ya que poseemos cinco sentidos y a la pérdida de uno de estos, ¡los demás se desarrollan increíblemente! Sé que es difícil de entender, pero te puedo asegurar, que hoy día utilizo mis oídos de dos formas: en unos momentos los empleo como lo hacía antes de perder la vista, para escuchar; pero la mayor parte del tiempo literalmente veo a través de ellos. Lo mismo pasa con el tacto y el olfato, lo que entra a mi cerebro a través de mis oídos, dedos y nariz, produce imágenes que hasta se graban en mis recuerdos prácticamente como cuando entraban por mis ojos. Eso no quiere decir que la pérdida de la vista no me ha afectado terriblemente, pero tomando el lado positivo. Lo que me ocurrió también me ha enseñado a “ver” a las personas de manera distinta. Obviando la parte física, te concentras más en la esencia y eso ha despertado en mí una gran sensibilidad hacia las circunstancias que afectan a los más vulnerables, y un sentido de responsabilidad de servicio a los demás que no poseía antes, lo cual se traduce en una gran satisfacción que me ha hecho amar cada día más a Dios, mis seres queridos y mi propia vida.

     

    P Luego del accidente y de que supieras que no ibas a recuperar la visión, ¿cuál fue tu primera reacción? Cuando me dieron el diagnóstico por primera vez en el Bascom Palmer Eye Institute (Miami), rompí a llorar. Al ver que mi madre se tiró al piso para recostarse en mi regazo y hacer lo mismo, me detuve, sequé mis lágrimas y le dije que todo estaba bien.

     

    P ¿Hubo un cambio en el trato entre tus cercanos hacia ti? ¡Claro que sí! ¡Un cambio enorme! Antes era muy independiente y apenas los veía. Ahora todos quieren protegerme, cuidarme y ayudarme en todo lo que necesite, incluyendo a mi sobrinito de tres años (risas). En cierta forma toda esta situación nos ha unido más a nivel familiar.

     

    P ¿Qué políticas públicas hacen falta ser aplicadas en nuestro país para la protección y la defensa de las personas con discapacidad visual? ¡Hay mucho por hacer! Pero creo que debemos arrancar por brindar igualdad de derechos al acceso a la educación, como cualquier otro ciudadano, pero con las herramientas y adaptaciones pensadas para que puedan desarrollarse en su condición. Eso acompañado de las medidas necesarias para que las personas ciegas puedan movilizarse por nuestras ciudades libre de peligros innecesarios, de manera que puedan suplir sus necesidades básicas de forma autónoma.

     

    P ¿Hubo algún momento en el que sentiste que tocaste fondo? Por supuesto, los primeros días en cama. Estaba librando una batalla interna con mi cerebro. Revivía constantemente el hecho, lo cual no me permitía descansar y alejarme del inmenso dolor que sentía, o dormir aún con altas dosis de calmantes. Me pareció una verdadera tortura estar viva en esos momentos, así que en dos ocasiones me atreví a decir en voz alta que mejor hubiese sido que pasara lo peor… Gracias le doy a Dios por regalarnos el poder de la oración, que me ayudó a combatir y superar estos terribles momentos.

     

    P Siempre te has mostrado muy positiva, incluso momentos casi inmediatos después del accidente. ¿Cómo lo lograste? ¿De dónde sientes que sacaste esa fuerza? Tener el apoyo de tantas personas y contar con el amor y cuidados constantes de familiares te ayuda a no dejarte caer. Pero creo que lo más importante y determinante durante todo este trayecto ha sido el amor y misericordia de Dios que he visto manifestarse de muchas formas. Primero, el perdón, un regalo de precio incalculable que me ha mantenido en paz con el Señor y conmigo misma. Luego, la confianza en que “para los que aman a Dios todas las cosas le obran a bien”(Romanos 8, 28). Tener esto presente en todo momento ha significado un gran consuelo y me ha ayudado a tener paciencia y conformidad con lo sucedido.

     

    P María Teresa tenía el cabello muy largo, al igual que el tuyo. ¿Cómo lo cuidas? ¿Has pensado cortarlo para cambiar de look. ¿Crees que debería cambiarme el look? (risas). La verdad es que no lo he pensado porque me parece que el cabello largo me hace lucir más femenina y alarga mi rostro, que es redondo. En cuanto al cuidado, ¡no hay secretos! Lo lavo dos veces por semana, entro y salgo del salón de belleza tipo flash, porque nunca tengo tiempo. Unos 10 años atrás, solía ponerme aceite de oliva antes del lavado para aportar brillo, pero en estos momentos, después del champú, básicamente uso una mascarilla que me ayuda a desenredarlo con más facilidad.

     

    P  ¿Un lugar para escaparte? Cualquiera, en compañía de mi novio. Cuando estamos solos, ya sea en casa o en nuestras salidas, es como si nos sumergiéramos en nuestro propio mundo, pero al mismo tiempo tenemos la sensación de que nos podemos apoderar de todo lo que nos rodea. Me explico: él es una persona que ha vivido desde los tres años con discapacidad visual, por lo que es todo un experto en la materia, a nivel práctico y profesional. Yo que soy nueva en todo esto. No dejo de sorprenderme de todo lo que podemos hacer y de cómo lo hacemos, lo cual me ha quitado el miedo a vivir como una persona ciega y me hace pensar que no existen obstáculos. De mi parte, aporto a la receta las destrezas sociales y referencias visuales que él no tuvo la oportunidad de recibir, así que, como lo definiría una gran amiga, poseemos lo mejor de ambos mundos (risas).

     

    El vuelo de una mariposa

    Fotografía original Cortesía del Museo de la Resistencia: “María Teresa Mirabal cuando cursaba sus estudios universitarios. La foto fue tomada en el jardín de la residencia de una de sus amigas”

    Eran tiempos de afrenta, de dolor común, de agonía y sangre… Tiempos de sombras de muerte, de silencios forzosos, de una libertad engañada. Tiempos en los que el sufrimiento y la injusticia parecían tener la última palabra. República Dominicana tenía como su capital la “ciudad Trujillo”, y todo era un repugnante olor a miedo vestido con el impecable traje de militar.   

    Trascurría, mientras tanto, que en el corazón de tres valientes mujeres germinaba el amor por la Patria. En el de ellas y en el de muchos otros que, en el silencio de las trincheras y el murmullo de la clandestinidad, diseñaban el plan para sacar de la ignominia su adorada Quisqueya. Una de ellas es la más pequeña de Las Mariposas. “Maritere”, como le apodaban cariñosamente, no sucumbía ante el miedo. Por eso, no dudó en unirse a sus hermanas y otras mujeres que conformarían el Movimiento insurgente 14 de Junio, con el fin de terminar con la opresión de la dictadura.

    El 14 de febrero de 1958 contrajo matrimonio por el civil con el ingeniero Leandro Guzmán. Unos meses más tarde (3 de mayo de 1958), realiza la ceremonia por la Iglesia, siendo sus padrinos su hermana Minerva y su cuñado, Manolo Tavares. Tras un año nació su única hija: Jacqueline Del Rosario. “Maritere”, la agrimensora de profesión y amante de las matemáticas desde niña, no detuvo, sin embargo, la inquietante sed de contribuir con el rescate de su país. Su valentía le impidió disfrutar de su familia. Pesaba más en la sangre el amor por su pueblo, y fue así como transcurrió su vida después de casarse. Fue varias veces detenida por la ¿justicia?, hasta que una tarde de un 25 de noviembre de 1960, el odio le mutiló las alas. Porque sí, le cegaron la vida terrenal, pero la mariposa (las mariposas) sigue su vuelo, dejando a su paso una luz que ilumina su Patria soñada, una Patria libre. 

    “…cuando hay una hora en los relojes antiguos y los modernos, que anuncia que los más grandes imperios del planeta no pueden resistir la muerte de ciertas debilidades, amén de mariposas”. Amén de Mariposas, Pedro Mir.  

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