¡Qué pena!

    Es muy penoso saber que mil 396 personas están bajo investigación y probablemente sean sometidas a la Justicia por mal uso del sistema de emergencias 9-1-1, con llamadas molestosas. Esa es una mala señal que desdice del civismo criollo. ¡Cuánto falta para que maduremos! ¿Cómo se explica que un grupito se dedique a sabotear un servicio de ayuda para todos y que, incluso, salva vidas? Probablemente quienes intentan sabotear el 9-1-1 son de los que se quejan de la ineficacia oficial en materia de seguridad y de la falta de acción en situaciones difíciles. ¡Qué pena que un modelo de servicio público encuentre esa clase de obstáculos.

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