El PRM frente al peligro de la democracia fracasada

    Es innegable que el sistema de partidos políticos dominicanos está sumido en una profunda crisis de valores. La ideología, el partido y la reforma social son solo recursos de campaña y proselitismo político. La base solo está para pisarla y seguir corriendo. La militancia es para agitar banderas y gritar consignas. Un militante es simplemente el instrumento para ganar votos. No cuenta como ser humano ni como elemento transformador de la sociedad. La verdadera meta es la conquista del poder para adquirir fortuna. El gran negocio está en ascender hasta la posición que más dinero deje en el bolsillo.

    El poder transforma peligrosamente principios y valores. De ser un partido con ideales puros, el PLD pasó a ser un partido desprovisto de vergüenza, salvo muy contadas excepciones. Siguió el viejo patrón del partidismo dominicano, esencialmente mercado, clientelismo, compra-venta. Juan Bosch despreciaba al PRD porque lo vio caer en esa gran tragedia nacional. Al fundar el PLD lo hizo con la fe puesta en una fuerza nueva, sin los vicios que arrastraba el PRD antes de ascender al poder en 1978 con Antonio Guzmán como Presidente, que fue cuando probaron las mieles del poder y quedaron hechos los primeros ricos.

    Fundar un nuevo partido, sin profesar fuertes principios éticos e ideológicos comprometidos con la democracia y el respeto firme a los recursos del Estado, es replicar el modelo existente. Al nacer sin ninguna clase de postulado diferenciador de sus raíces perredeístas, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) marcha por el mismo rumbo equivocado. La confrontación clientelista, que busca ganar el poder para repartir a su antojo el botín del Estado, es su único norte. Lo mismo que causó la división del viejo PRD y el fracaso de la reelección de Hipólito Mejía en el 2004. En el PRM no se habla de educar a las bases para curar esa enfermedad entre sus militantes y dirigentes. Sólo se habla de candidatos, padrón, poder y elecciones. Nada más.

    Nada diferente se ve en el horizonte del PRM que lo distancie del PLD, el PRSC y el PRD. Falta el principal sustento ideológico: educación de sus militantes en combatir los más crónicos temas de la corrupción a la hora de conquistar el Estado, al que ya hay muchos que quisieran entrar pobres y salir ricos. Un congreso fundador que defina esos lineamientos, y que profundice en el análisis de las causas del fracaso de la democracia dominicana, darían la tónica perfecta diferenciadora del PRM frente al resto de las fuerzas políticas. Y lo peor de todo aún: están jugando a la ruleta rusa con la convención desorganizada, sin estructuras partidarias completa, a la hora de elegir su candidato presidencial.

    No basta con decirlo de la boca para afuera. Tienen que demostrarlo con sus hechos. Un Código de Ética y Reglamentos Electorales claros. Donde quede consignado que quien falte a sus deberes partidarios será expulsado. Y quien robe en la conducción política del Estado encarcelado. Dos herramientas fundamentales para demostrar que quien es un militante del PRM es porque tiene dos dedos de vergüenza. Y que va a ese partido animado por el más puro ideal de justicia, paz y progreso. No detrás del botín del Estado ni a robarse el tesoro de los pobres de la nación.

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