Exportaciones de calidad

    La disponibilidad de divisas es una de las mayores restricciones a la que se enfrenta el crecimiento en una economía pequeña como la dominicana.  Cuando la demanda crece y hay pocas divisas en el mercado, se genera una presión sobre el mercado cambiario que contribuye a incrementar la tasa de cambio por encima de lo normal y a incrementar los precios, porque los requerimientos de maquinaria, equipo, insumos y muchos bienes de consumo son satisfechos básicamente con importaciones. Esto hace que las exportaciones tengan una enorme importancia en la medida en que su crecimiento facilita la expansión económica.

    Sin embargo, no sólo se trata de generar divisas; la cantidad no es lo único que cuenta sino también la “calidad” de las actividades.  Las actividades exportadoras son parte intrínseca del tejido económico e influyen directamente en el desarrollo.  En primer lugar, generan empleos de mayor o menor calidad, con implicaciones para la vida de las personas como las remuneraciones que reciben y los aprendizajes (o falta de ellos) en que se involucran. 

    En segundo lugar, se relacionan con otras empresas comprándoles insumos o servicios, o vendiéndoles parte de su producción. Pueden incluso contribuir a que se creen empresas. En ese sentido, contribuyen a crear redes de negocios y tejidos empresariales más o menos densos, los cuales además de ventas y producción pueden involucrar aprendizajes y transferencia de conocimientos (desde las exportadoras hacia las no exportadoras y en sentido inverso), tanto entre empresas directamente vinculadas a las exportaciones como también de terceras empresas. 

    En tercer lugar, las actividades exportadoras tienen impactos fiscales. Contribuyen directa o indirectamente a la tributación, y demandan recursos fiscales por la vía del gasto público o de las exenciones.

    Por último,  ellas se ubican en territorios específicos y tienen impactos concretos en ellos a través del empleo, de las redes de negocios territoriales en las que participen (si es el caso) y de su involucramiento en dinámicas locales de tipo social o de otra naturaleza. 

    De esta forma, la cantidad y calidad de los empleos, los encadenamientos productivos y los tejidos empresariales, las implicaciones fiscales directas e indirectas, y los impactos en los territorios son criterios imprescindibles para evaluar la calidad de las actividades exportadoras, y para identificar a cuáles de ellas fomentar de manera particular o para definir el tipo de estímulo que debería dárseles.

    Por ejemplo, en general, las exportaciones de zonas francas son buenas generadoras de empleo pero, por varias razones, los tejidos económicos que crean (con excepción de la manufactura de cigarros) son limitados y son consumidoras netas de recursos fiscales. Bajo estos criterios, el resultado de la evaluación de la calidad de esas exportaciones es mixta, ¿cómo estimular que tengan mayores vínculos con el resto de la economía y que aumenten su contribución al fisco sin limitar (y más bien potenciar) su capacidad de crear empleos, en especial para jóvenes y mujeres?

    Por su parte, la calidad de las exportaciones de productos de la industria manufacturera local es incierta y probablemente muy diversa. Aunque presumiblemente generan tejidos económicos más densos que las zonas francas y contribuyen más con el fisco, no está claro que generen muchos empleos porque algunas de esas industrias son muy intensivas en capital, y es difícil separar los efectos de las actividades relacionadas con las ventas locales de aquellos vinculados a las exportaciones.

    Por último, las exportaciones agropecuarias también tienen calidades diversas. Algunas generan muchos empleos pero de muy baja calidad y con pocos aprendizajes (por ejemplo, el banano), y otras generan pocos empleos pero de remuneraciones probablemente más elevadas (por ejemplo, frutas y vegetales). En general tienen encadenamientos importantes, pero por ser actividades primarias la potencialidad es menor que las de las manufacturas. Y en general, no contribuyen directamente con el fisco.

    Por todo lo anterior, el fomento de las exportaciones no puede ser un cheque en blanco. Deben existir criterios claros de qué es lo que se quiere promover: ¿muchos empleos para combatir la desocupación? ¿Encadenamientos productivos que contribuyan a que las exportaciones arrastren muchas actividades e impacten positivamente en muchas otras empresas? ¿Empleos de calidad y de mayores salarios y capacitación? ¿Bajo costo fiscal?

    Hay unos dólares que son mejores que otros. La política pública debería tenerlo claro y apuntar bien.

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