Asimetría marca las relaciones entre RD y Haití

    Para la República Dominicana, Haití es su segundo mercado, que recibe productos dominicanos por alrededor de US$1,000 millones anuales, que son aproximadamente el 30% de sus importaciones totales. Así mismo, la parte Este de la isla es para Haití su segundo mayor suplidor de remesas monetarias.

    Las estadísticas de comercio e inversión, limitadas por la informalidad de algunas transacciones, reflejan una voluminosa y creciente relación económica entre los dos países que ocupan la isla Hispaniola.

    En la comparación, la parte dominicana supera a la haitiana, excepto en la mano de obra y la correspondiente secuela, las remesas.

    La relación económica República Dominicana-Haití está marcada por la asimetría y por balances extremos en ciertas áreas o actividades. Del intercambio comercial entre los dos países, que ya supera los US$1,000 millones, el 97-98% está compuesto por exportaciones dominicanas.

    Mientras la República Dominicana le suple a Haití casi una tercera parte de las importaciones que hace ese país, desde la parte occidental de la isla procede un ejército de inmigrantes que, según un estudio del Banco Mundial, representa entre el 3% “hasta casi la cuarta parte de la fuerza laboral” de la parte oriental.

    Como consecuencia de la elevada presencia de haitianos en el territorio dominicano, la balanza de remesas entre los dos países está dominada por los envíos que salen desde aquí.

    Estudio del BM
    Según el estudio “Haití, República Dominicana: Más que la Suma de las Partes”, realizado por el Banco Mundial, “la migración y las remesas resultantes son fundamentales como fuente sustancial de ingreso para las familias y como entrada significativa de divisas”, para Haití que recibe al año por ese concepto unos US$1,300 millones, que representan más de la cuarta parte de su PIB.

    La República Dominicana contribuye con el 11% de las remesas que recibe Haití, según la investigación del Banco Mundial.

    La migración haitiana ocupa en el mercado laboral dominicano, por lo regular, las áreas de “trabajo duro”, y la economía informal. La industria azucarera se nutre de braceros haitianos para las labores de corte y cultivo de la caña, la industria de la construcción hace igual, en las plantaciones de café, arroz y otros cultivos agrícolas también es mayoritaria la presencia haitiana. Los vigilantes de edificios y el servicio doméstico ya son mayoritariamente controlados por haitianos. Ya incursionan en otros servicios como “motoconcho”, y las ventas informales de frutas, víveres, tarjetas de llamada, son de su dominio. En la hotelería hay presencia haitiana no solo en labores de limpieza, sino en reservaciones.

    Los dominicanos que viven en Haití por lo regular tienen pequeños negocios, como salones de belleza, peluquería y otros. Según cálculos extraoficiales, la inversión dominicana en Haití supera los US$200 millones, sin incluir los contratos que tienen empresas locales en el vecino país. Existen limitaciones o restricciones para el establecimiento de empresas u oficinas de representación de compañías dominicanas en Haití. Desde el año 2006 el estatal Banco de Reservas ha estado tras el permiso para establecer una oficina en Haití, sin que haya podido lograr el objetivo. También han sido infructuosos los esfuerzos de empresas locales, entre ellas una que fabrica helados y otra que produce alimentos cárnicos, en obtener autorización para entrar directamente al mercado haitiano.

    Hay, sin embargo, una importante presencia de empresas dominicanas del sector construcción ejecutando proyectos de infraestructura en el vecino país, como carreteras, puentes y edificaciones.

    También, en la comunidad haitiana de Juana Méndez, el Grupo M, de Santiago, tiene un parque de zona franca, donde emplea alrededor de 7,000 personas residentes en esa comunidad y zonas aledañas. Los propietarios de ese parque estiman que su presencia y los empleos que genera, beneficia al 32% de los habitantes de las comunidades circundantes, de unas 100 mil personas
    La inversión directa de Haití en la República Dominicana es limitada, y de poco dominio. En la clasificación que figura en la balanza de pagos, en el capítulo inversión extranjera directa, no hay una casilla destinada para Haití, como tienen países como Estados Unidos, España, México, Canadá y Venezuela. El registro se hace en una cuenta común denominada “Otros”, por lo que es imposible atribuirle un monto determinado.

    Capital haitiano en la RD es poco y discreto

    Hay identificadas algunas inversiones propiedad de empresas o empresarios haitianos, y la más importante de ellas parece ser la del grupo que adquirió los negocios que tenía en el país la empresa distribuidora de combustible que operaba bajo la marca Texaco. Se conoce también de negocios en las áreas de transporte, joyería, hotelería y venta de equipos de oficina.

    En Las Terrenas, en Samaná, existe una plaza comercial propiedad de inversionistas haitianos.

    En las inversiones, como en las demás relaciones económicas, la falta de definición es común. El informe del Banco Mundial dice, en el aspecto de la migración, que a pesar del “considerable desafío que plantea” la movilidad humana, “no existe actualmente un marco jurídico común que lo regule” y que “los últimos intentos de cooperación fueron los acuerdos de la Comisión Mixta Bilateral sobre las condiciones de repatriación de diciembre de 1999 y sobre las condiciones de contratación y la preparación de resultados de contrato en febrero de 2000”. Pero esos acuerdos “nunca fueron aplicados ni respetados por ninguna de las partes”, según la visión del Banco Mundial.

     

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