Vinicio Muñoz: “Los jugadores de antes éramos más disciplinados”

    Vinicio Muñoz amaba el deporte, siempre practicaba alguna disciplina deportiva, menos baloncesto. Él quería ser jockey, lo que con su estatura era materialmente imposible.

    Un día fue llamado por el entrenador de un equipo de baloncesto para que cubriera la ausencia de uno de los jugadores, y eso bastó para despertar su pasión por ese deporte. En ese momento, comenzaba a escribirse la historia cuyas páginas se escribieron por 26 años dentro de la cancha de baloncesto, pero que continúa ahora desde otro escenario.

    Tres días a la semana imparte clases de baloncesto a decenas de niños y adolescentes que se dan cita en la escuela que lleva su nombre y que funciona en el Estadio Olímpico Félix Sánchez.

    Hoy, afirma que es un hombre bendecido, y con gran sentido del humor dice que desde hace cuatro años juega en el equipo del Señor y de ahí no piensa retirarse.

    1. De Bameso
    Mi nombre es Héctor Vinicio Muñoz Arias. Nací un 13 de noviembre de 1956. Mis padres, ambos fallecidos, se llamaban Juan Antonio Muñoz y Luz María Arias. Nací y me crié en el barrio Mejoramiento Social. En mis inicios en el deporte, jugué voleibol porque ese era el deporte que se jugaba en mi barrio, porque Bameso era sinónimo de voleibol; pero también jugaba fútbol, y como buen dominicano jugaba béisbol, pero eso no era lo mío.

    2. Ricos en amor
    Mis padres eran pobres de dinero, pero éramos felices, ricos en amor. Nunca pasamos hambre porque teníamos un padre muy responsable. No eran mucho de besar a uno o sentarse a uno en las piernas. Mi padre era mi mayor crítico. Nunca me vio jugar, me veía por momentos y escuchaba los juegos por la radio. Él se ponía muy nervioso y cuando los juegos se apretaban mucho, apagaba la radio. Papá tenía como dos o tres radios en diferentes lugares de la casa, para poner los programas después de todos los partidos, para escuchar todas las críticas. Y al día siguiente, cuando yo visitaba la casa, cuando ya estaba casado, me decía lo que habían dicho.

    3. Muchacho tremendo
    Yo era muy travieso. Hacía muchísimas travesuras. Recuerdo que íbamos al mercado y mi mamá me decía que fuera donde un señor, y ese señor siempre me daba dos cajas vacías de arenque, eran cajas de madera, y en mi casa, con una mocha, yo tenía que cortarlas y apilarlas. Como yo era un niño tan bueno y obediente..., esas dos cajas de arenque eran rotas en mi cuerpo durante la semana, porque yo era terrible. Recuerdo a doña Bartola, una vecina que vendía arepas. Una vez, mis amigos, en una travesura de muchachos, le quitaron toda la cáscara a la arepa, y así era muy difícil venderla. Entonces, cuando mi papá pasó por la casa de Bartola, ésta le dice: “Mire, lo que hicieron Vinicio y sus secuaces”. Mi papá sin mediar palabras me dio un chancletazo en la espalda, con una chancleta de las que se llamaban Samuray, que yo duré como algunos cuatro o cinco meses con esa marca. A los varios días, Bartola le dijo a mi papá que la disculpara por la pela que le hizo darme, pero que yo no había sido. Yo sabía que ella se había disculpado y estaba esperando a ver lo que mi papá me decía, y él solo se limitó a decirme que esa era una pela por adelantado.

    4. Quería ser jockey
    Mi pasión por el baloncesto viene por accidente, porque yo lo que quería era ser jockey. Eso empezó una vez que yo venía en una bicicleta, cansado, y llegué a la cancha de la Escuela Cuba y faltaba uno en el equipo de baloncesto. No me interesaba mucho ese deporte, pero me metieron a jugar por el tamaño. Mi ascendencia en el baloncesto fue de una manera meteórica, ya para el año 74, yo estaba jugando superior, prácticamente me desarrollé en un año.

    5. El comienzo
    Quien descubre mis cualidades como baloncestista es Félix Aguasanta y Rojas. Yo jugaba en el Club Doctor Rafael Vargas, hasta que llegué a la categoría pre superior, que antes era la categoría B. Él me vio jugando y luego hizo entrenamientos individuales conmigo, y entonces me dio la oportunidad de practicar superior en 1974 con el equipo del Eugenio Perdomo. En ese momento se estaba en el proceso de realizar los 12 Juegos; y luego, para ese verano del 74, jugué superior con el equipo del Eugenio Perdomo. En diciembre de ese año, paso a formar parte de la Selección Juvenil, a los 17 años, porque en ese momento íbamos  a participar en los Juegos Panamericanos, pero no recuerdo porqué circunstancias el equipo de baloncesto no iba. Entonces, yo me quedo practicando con el equipo de voleibol de la Selección Nacional y en ese momento nosotros somos sede para el Centrobásquet  en 1975, donde me invitan a entrenar por mi participación destacada en el superior y en juvenil. Entonces abandono la preselección de voleibol y me voy para el equipo de baloncesto. Ahí comienza mi carrera.

    6. En la selección
    En el año 1977, fuimos a los Centroamericanos celebrados en la ciudad de Panamá, donde obtuvimos la medalla más querida por el pueblo dominicano, la primera medalla de oro que se obtuvo. En ese tiempo tuvimos muchos viajes. En 1978, fue la primera vez que un equipo dominicano asistía al Mundial de Baloncesto, que se celebró en la ciudad de Manila, en Filipinas, donde no logramos pasar de la primera ronda. En ese mismo año, formé parte del equipo que ganó medalla de bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Medellín, Colombia. Para el año 95, formé parte del equipo que ganó la medalla de plata, en un torneo celebrado en Santo Domingo. También en Santo Domingo, se produce mi retiro como miembro de la Selección Nacional dominicana, donde duré 20 años.

    7. Hombre de Dios
    Hace cuatro años soy un hombre de Dios. Tengo un pequeño ministerio que se llama Un canasto para Cristo, donde yo voy a los clubes y las iglesias dando testimonio de mi vida. Hace mucho tiempo yo sentía el llamado de Dios, pero no lo interpreté nunca, no sabía por qué era que me habían pasado tantas cosas. Pero una vez, en Puerto Rico, donde visito varias iglesias, visité una iglesia y salí con una paz tan grande... y no sabía por qué sentía esa tranquilidad, era algo muy extraño, y pensé que sería pasajero, pero el día transcurrió y seguía sintiendo la misma armonía. Entonces, luego, por el testimonio de un amigo mío, un médico llamado Manuel Polanco, es que realmente me intereso en la iglesia, pero nunca pensé que yo sería cristiano.

    8. Nacimiento de la fe
    A mí me declararon cáncer en la próstata. Entonces, yo trataba de buscar lo que los cristianos llamamos milagros de Cristo, estaba esperando por ese calor que dicen que uno siente en su interior cuando es sanado, buscaba desesperadamente, y donde quiera que había un culto de sanación yo siempre iba y estaba con esa ansiedad de sentir la sanidad. Después entendí que el milagro no iba a venir de ese modo. El milagro vino, porque Dios puso en el corazón del doctor Robert Mejía, cristiano también, para la gloria de Dios, la idea de que se me hiciera una biopsia. Mi vida ha cambiado grandemente. Soy un hombre bendecido, feliz, tengo menos preocupaciones. No es que no tengo problemas,  porque Dios nunca le ha prometido a nadie que no tendrá problemas, pero es que uno aprende a dejarle sus cargas a Dios.  Yo no entendía por qué Juan Luis Guerra decía que tenía un famoso vacío, y yo me reía porque yo pensaba que la felicidad venía por el dinero y la fama. Ahí es cuando doy el paso, y me doy cuenta de que no es así. Nosotros podemos vivir con lo más mínimo y tener una vida plena, con nuestros problemas y complicaciones, pero con fe en Dios.

    9. Jugadores diferentes
    Los jugadores de antes éramos más disciplinados, se cuidaban de otra manera. Hay mucha diferencia, los de antes sentíamos un amor incondicional a la patria, no era porque merecíamos o no más dinero, ahora se juega por más dinero. Ahora, hay muchas facilidades. Antes nos daban de dieta cinco y 10 dólares, ahora se dan miles de dólares, y eso está bien. Pero ahora en los juegos locales, ves que está vacío de público, antes la gente se mataba por asistir a los juegos. Ahora, hay dominicanos en la NBA. En el tiempo nuestro, se ha dicho que muchos de nosotros teníamos condiciones para llegar, pero entonces no había cable, cero computadoras, no Internet, estábamos aislados.

    10. Tres hijos
    Mi hijo mayor, Harold, era muy crítico mío también, pero entiendo que son cosas propias de su entusiasmo por querer que yo me destacara. Yo soy padre de tres hijos, tengo cuatro nietos. Me he casado tres veces. Tengo una relación de la que espero que todo marche bien. Trato de ser buen ejemplo para mis hijos, tengo dos hembras y un varón, trato de tener un buen comportamiento, porque cualquier cosa negativa que yo haga les puede afectar.

    Presente en cuatro Centroamericanos

    Yo soy el único jugador centroamericano y del Caribe que ha participado en cuatro Juegos Centroamericanos. Mi participación en la selección centroamericana fue de manera ininterrumpida, desde 1975 hasta el año 95. Jugué baloncesto superior desde 1974 hasta el año 2000, es decir que tuve una carrera de 26 años. Jugué para el equipo del Mauricio Báez en  calidad de préstamo, Luego, del 78 al 81, juego para el equipo de San Carlos, donde ganamos cuatro años consecutivos. Después, pasé al equipo de Arroyo Hondo, ahí ganamos dos torneos, uno en 1983 y otro en 1990. De ahí pasé prestado al equipo de San Lázaro, por un año. Después jugué por un año en el equipo de Calero, luego retorno a San Lázaro por tres temporadas y luego, mi última temporada, que fue en el año 2000, fue con el equipo de Los Mina, donde llegué como refuerzo. He sido refuerzo en Panamá, Colombia, en El Salvador, en Brasil, donde jugué y fui cuarto en asistencia. Fui jugador más valioso en seis ocasiones, fui líder en puntos en varias ocasiones. Fundé mi escuela de baloncesto junto a Evaristo Pérez, en el año 1994. En el año 2006 fui exaltado al Pabellón de la Fama del Baloncesto Dominicano y hace ocho años poseo la escuela Vinicio Muñoz, que está ubicada en el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte. 

    Antes y después
    Es mucha la diferencia entre los deportistas de ahora y los de antes. Antes éramos más disciplinados, sentíamos un amor incondicional por la patria”.

    Hombre de fe
    Yo no entendía por qué Juan Luis Guerra decía que tenía un famoso vacío, y me reía porque yo pensaba que la felicidad venía por el dinero y la fama”

    Padre
    Trato de ser un buen ejemplo para mis hijos. Trato de tener un buen comportamiento, porque cualquier cosa negativa que yo haga les puede afectar”.

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