La justicia policial

    Ya la gente no se alarma  cuando la Policía anuncia que mata a cualquier número de personas, cuando las sindica como delincuentes peligrosos o como sicarios. Todos estamos hasta la coronilla con la violencia y la inseguridad que ha impuesto la delincuencia. Y con el silencio aprobamos las ejecuciones al margen de la ley.

    Ahí hemos llegado. Definitivamente la Policía tiene una licencia para matar con la tácita aprobación social: el silencio. Sólo basta que diga que los caídos “eran perseguidos activamente por un prontuario delictivo y enfrentaron la fuerza pública”.

    Con esa aprobación del silencio, parecería que la Policía ha trazado una línea: “darle para abajo a los delincuentes”, como sugirieron no hace demasiado tiempo algunos legisladores.

    Y esa línea podría estar en concordancia con una queja del jefe policial: la facilidad con que quienes cometen delitos son despachados por los jueces, sin sanción. “Como el sistema no funciona”, se habría dicho la uniformada,  “resolvamos con la ley del Talión”, pero aún una norma tan antigua como esa sugería la presencia de una autoridad que determinaba la pena, que no era más que un simple acto de venganza familiar o social.

    Ahora, sin que medie autoridad judicial alguna, la Policía “les da para abajo” a los señalados como delincuentes. Sus miembros administran justicia a discreción. Tal imperio es más bárbaro que el régimen establecido en el código de Hammurabi.

    Aunque los delincuentes suelen ser muy crueles y cometen cualquier crimen, sin la más mínima consideración, todavía la norma dominicana no consigna la muerte en su código penal, y mucho menos a discreción, al mejor estilo policial.

    Cuando se mata a una persona en nombre de la ley y el orden, bajo el alegato de que es un delincuente o que disparó a la autoridad, se estimula la violencia. Y eso, por más que los criminales nos asedien, no podemos aceptarlo. Es perder la esencia de lo que somos: seres humanos.

    Las versiones de la Policía sobre las muertes en enfrentamientos generalmente no concuerdan con la verdad. No importa donde hayan ocurrido los hechos, sea en la Charles de Gaulle o en Galván.

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