“Nunca en mi vida he tomado vacaciones”

Rafael Calderón no trabaja el Viernes Santo, es el único día del año que no lo hace. “Lo intenté un día y un palo me dio un fuerte golpe en la cabeza, así que decidí no trabajar ese día”. Para él la apariencia física de las personas…

Rafael Calderón no trabaja el Viernes Santo, es el único día del año que no lo hace. “Lo intenté un día y un palo me dio un fuerte golpe en la cabeza, así que decidí no trabajar ese día”. Para él la apariencia física de las personas no significa nada, prefiere ver en el interior de ellas, pues es allí donde, afirma, reside la verdadera esencia del ser humano. Contrario a la creencia de muchos, niega que fuera el más influyente funcionario de la administración del presidente Hipólito Mejía. “Simplemente me di a respetar. Sabían que habían cosas en las que no podían contar conmigo”, asegura.

Sobre Loma Miranda, entiende que no todo el que aboga porque sea declarada parque nacional, lo hace por patriotismo, “algunos sí”, afirma. Lo que sí da por seguro, es que la decisión que surja en ese sentido, será la más justa y la que más beneficie a los dominicanos, aunque quizás, no sea la que más le guste a la mayoría. Entre sus principales virtudes, está decir la verdad por encima de todo y no transigir en sus convicciones. “Siempre he tenido un norte muy claro, que es hablar siempre con la verdad. Lo mío es la verdad total y absoluta, nada de mentiras, nada de chantaje”. Es así como da inicio al relato de su historia, que comenzó a las cuatro de la mañana del 27 de febrero de 1944, en la provincia de Azua.

1. Azuano
Soy el primero de 14 hermanos y hermanas de padre y madre. Papá, se llamaba José Antonio Calderón Matos y mi madre, Cristiana Martínez Velázquez. Nací un domingo, a las cuatro de la mañana, el día 27 de febrero del año 1944, cuando la Independencia Nacional cumplía 100 años, y yo pretendo igualarla. Esos primeros años, de una familia humilde, fueron muy difíciles. Mi papá estudió Contabilidad por correspondencia y la verdad es que siempre lo admiré, porque no era tan fácil estudiar por correspondencia en esa época y eso le permitió trabajar como contador con la familia Recio en Azua, una familia de origen azuano. También trabajó con los Pelletier, que era una familia de origen extranjero. Después trabajó muchos años en el Ingenio Río Haina.

2. Quería ser médico
Yo vivía en la casa de un tío, que era militar, perdí como dos años de estudios, porque a esos guardias los trasladaban a cada rato. Viví como en 13 ó 14 lugares, incluyendo la capital. Mi vocación original era estudiar Medicina, de hecho, realicé un primer año de práctica en el hospital de Azua en el último año del bachillerato, aprendí a suturar y a hacer partos. Después, al llegar a la capital, me di cuenta de que no podía estudiar Medicina porque era una carrera muy costosa, obligaba a tener un horario completo y yo tenía que trabajar para pagar la pensión donde vivía y cubrir los costos de los alimentos. Como yo tenía vocación de servicio y una práctica en trabajos sociales, me identifiqué con la Sociología e hice la carrera de Sociología en la UASD, y desde antes de graduarme, en el último año, creé un centro, que se llamaba Centro Nacional de Investigaciones Científicas y Consultorías, un nombre muy abarcador, agresivo y muy ambicioso, pero eso fue lo que nos permitió, y yo lo digo siempre, que todo lo que tengo, que es una casa y un solar, se lo debo a la Sociología.

3. La Revolución de Abril
Después que mataron a Trujillo, lógicamente, como yo era muy activo, participé en todas esas manifestaciones, mayormente en Azua. Después regresé a la capital, fui fundador del Partido Revolucionario Social Cristiano, que dirigieron Alfonso Moreno Martínez y Josefina Padilla, candidatos a presidente y vicepresidente en las primeras elecciones nacionales. Con ese partido ganamos la Sindicatura en Azua, pero luego, en el 65, que ya yo estaba estudiando en la universidad, la Revolución de Abril me agarró trabajando en el colegio  La Salle, a las dos de la tarde. Ahí me tocó ver cómo empezó la Revolución. No había transporte, entonces me fui a pie del colegio hasta la calle Montrecristi con Abreu. Todo el camino se escuchaban los disparos, porque ya Peña Gómez había hecho el anuncio por Radio Televisión Dominicana, y antes de llegar al Palacio Nacional, me tocó cruzar bajo un tiroteo muy grande. Era el primer intento de asalto al Palacio, crucé y me refugié en el cine San Carlos.

4. Artesano
En la escuela Argentina, aprendí artesanía, la escuela tenía un taller de artesanía lindísimo. Después yo aprendí a hacer goletas, barquitos y lámparas con cuernos de vaca. Nos íbamos a pie de la Arzobispo Portes hasta la Feria Ganadera, donde tiraban todos los desperdicios del matadero. Nosotros esperábamos que las olas se retiraran, nos metíamos en las cuevas y sacábamos todos los cuernos de vaca. Comencé a hacer artesanía y con lo que me ganaba compraba zapatos. Invadí a Azua de artesanía.  Llegó un momento en que ya no tenían nada más que comprarme. La gente decía: “Calderón tiene el pueblo invadido de artesanías”. Las vendía baratas.

5. Adiós al PRD
Yo estaba decidido a irme del PRD, porque en el PRD no valoran, ni respetan a nadie. El PRD no tiene normas, no tiene reglas, no las tiene, ni las ha tenido en los últimos 10 ó 20 años y cada vez es peor,  porque el PRD es así y está así. Porque si tú vas a una convención a elegir candidatos y candidatas, sobre la base de unas normas y de unas reglas y de unos estatutos, el arma que llevas es esa. Pero si tú vas a una convención y en lugar de poner en la mesa las reglas y estatutos, lo que pones encima de la mesa son ametralladoras y pistolas, ya es una lucha desigual, ya no es una competencia democrática, es un asalto. Por eso me fui. Llegué al PLD donde me siento altamente valorado y respetado, siento afecto y cariño a cambio de absolutamente nada, porque contrario a lo que mucha gente cree, que cuando uno llega a un partido le dan dinero, yo no pedí nada.

6. Recuerdos dolorosos
Sobre lo más triste que me ha pasado, podría ser cuando papá y mamá murieron. Sin embargo, como que me resultó más comprensible aceptar la muerte de papá, a los 80 años y la de mamá, a los 81, que la muerte de un hermano, que murió cuando tenía 10 años.  A él le dio tifus, pero en esa época, los médicos no lo diagnosticaron a tiempo y aunque a veces digo que fue negligencia de los médicos, con el tiempo me di cuenta que más que eso, fue la falta de actualización, de conocimiento y de dominio de ese tipo de enfermedades. Las condiciones en las que él murió, es una pena que nunca hemos podido olvidar. Yo tenía como 14 ó 15 años. Fue muy brusco, él era un muchacho fuerte, un deportista, alegre, trabajador. Éramos muy unidos. Siempre hemos sido una familia muy unida. Otra muerte que me causó una profunda pena, fue la del hermano que me seguía a mí, murió de cáncer hace más de dos años. Éramos los dos mayores y estábamos tan identificados que cuando estábamos  pequeños, yo escuchaba que mamá le decía Chichí, y se le quedó Chichí para el resto de la vida, pero en la familia el único que me decía Chichí, era él a mí. Así que los dos éramos Chichí.

7. Funcionario de Hipólito
Fui funcionario del gobierno de Hipólito Mejía, período del cual tengo anécdotas de más, por su estilo y su personalidad tan particular. Hoy, nuestras relaciones son buenas, aunque se limitan a saludarnos cuando nos vemos en algunas actividades donde nos encontramos, principalmente en las funerarias. No creo que yo fuera el funcionario más influyente del gobierno de Hipólito, esa es una percepción que la gente tiene. Yo fui una persona que me di a respetar. Era confiable en el sentido de que sabían que yo no metía las manos donde no tenía que meterlas, pero probablemente no era confiable al momento de tomar decisiones que entendían que yo no iba a estar de acuerdo. Por ejemplo, Hipólito era una persona que te enviaba una nota, “Rafo: (me decía Rafo) Aprobado. Te la entregaba a ti, y tú venías donde mí; y como solo decía eso, yo preguntaba que de qué se trataba , y entonces me decían que el Presidente había autorizado que les pagaran un dinero que el Estado les debía, entonces yo les decía que si el gobierno les debía y había dinero, no había problemas, pero tenían que dejar que yo investigara si de verdad se les debía ese dinero. Cuando yo investigaba casos así, resultaba que no les debían nada, sino que ellos suponían que les debían y no había ninguna documentación que avalara esa deuda. Les decía que no se les podía pagar lo que no se les debía y cuando insistían en que el Presidente lo había ordenado, entonces yo les respondía que le dijeran al presidente que les pagara.

8. Asalto a la Fortaleza Ozama
Otro recuerdo importante fue el asalto a la Fortaleza Ozama. No sé cuántos miles de personas estaban ahí, como yo era flaquillo me estaban asfixiando. La cantidad de gente era increíble, yo por flaco pude llegar hasta la puerta. En ese momento estaban haciendo presos a los cascos blancos, que era la gente que dirigía Caamaño. Vi que agarraron como 30 ó 40 de ellos, pero de todos los capturados no mataron a ninguno. Los que murieron fue porque se tiraron de arriba o porque se resistieron. La Revolución se inició, sin ningún tipo de organización, no había una dirección de reclutamiento de gente para que participara de manera formal. Honestamente, intenté integrarme a la Revolución pero no había mecanismo para poderte integrar y los niveles de confianza no eran altos. Uno no sabía quién era quién. En la esquina de la Abreu con Barahona, quemaron cientos de electrodomésticos que se robaron personas desaprensivas y a algunos los mataron y a otros los metieron presos.

9. Hábitos
Yo trabajo todos los días, nunca en mi vida he tomado vacaciones. El único día que no trabajo es el Viernes Santo, porque una vez me cayó un palo en la cabeza y me dije que jamás trabajaría Viernes Santo. Mi familia se queja por eso, pero siempre que puedo estoy con mi familia. Soy el único senador que no cena desde hace 35 años, desayuno bien, al mediodía me como la mitad de lo que se come cualquier persona y en la noche me como quizás dos semillitas de almendra o de cajuil, no tomo jugo. Es una costumbre que tengo. La cena engorda mucho y te da sueño temprano.

10. Nada de qué arrepentirse
Tengo cuatro hijos, las dos primeras son hembras, el tercero varón y la más pequeña es otra hembra, tengo seis nietos. Hasta ahora no me arrepiento de nada. Honestamente, no tengo nada de qué arrepentirme, no recuerdo haber hecho algo de lo que tenga que arrepentirme. Tengo un doctorado en paciencia y en tolerancia. El que hace las críticas más severas es el que tiene más cola que le pisen, más tela por donde cortar.

Gracias a la Sociología

Todo lo que he podido conseguir se lo debo a la Sociología, y lo que no tengo se lo debo a la política. Fui secretario general y luego presidente de la Asociación Dominicana de Sociólogos. Trabajé con Cáritas Dominicana, una institución de la iglesia católica norteamericana, durante 18 años. Trabajé primero realizando obras sociales, construyendo acueductos, caminos vecinales, centros médicos y escuelas. El primer acueducto que llevó agua a La Puya de Arroyo Hondo lo construimos nosotros, el primer centro médico de la comunidad de Guayabal, lo inauguramos nosotros con Cáritas, ayudamos a construir centros de formación y capacitación en casi todo el país. Eso me llevó a conocer mucha gente. Después, fui coordinador regional de Cáritas para Centroamérica y el Caribe, eso me obligó a organizar eventos para toda Latinoamérica y a formar parte del equipo que organizaba unos encuentros a nivel mundial, en Roma.
Cada dos años tenía que estar en las reuniones de seguimiento, y cada cuatro años hacíamos la reunión con representantes de todos los obispos, los trabajadores sociales y los funcionarios principales que hacían el trabajo voluntario a nivel continental, eso me permitió conocer muchos países. De manera particular fue una experiencia, yo diría que positiva. Me tocó a mí siempre trabajar lo más difícil, como el caso de Loma Miranda, ahora. Siempre me tocó estar en los países donde había guerra; me tocó trabajar en Nicaragua, Guatemala, El Salvador, el propósito era llevarles apoyo a los que nadie les daba nada, a unos porque estaban con la guerrilla y a otros porque no estaban con la guerrilla. Era una tarea difícil, porque uno, que era extraño en un país, buscaba la manera de ayudar.

Renuncia
Yo estaba decidido a irme del PRD, porque en el PRD no valoran, ni respetan  a nadie. El PRD no tiene normas, no tiene reglas”.

Error
No creo que yo fuera el  funcionario más influyente del gobierno de Hipólito, esa es una percepción que la gente tiene”.

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