Por una reingeniería que discipline al PRD

    A muchas gentes les preocupa el PRD. Preocupación que  tiene como eje la comprensión sobre la necesidad de tener partidos fuertes que puedan competir  en una sociedad democrática. El arraigo temprano y su compromiso con las aspiraciones  de las grandes mayorías le han garantizado al PRD mantener su vigencia.

    Más allá  de  diferencias conceptuales y personales del liderazgo original  y de los actuales líderes, para entender lo de hoy debemos entender el momento político cuando ese partido puso pie en República Dominicana.

    El PRD, mejor que ningún otro partido, entendió que una vez descabezada la dictadura era necesario poner a la par de la democratización del país la lucha social, pues sabía  que destrujillizar era mucho más que derribar estatuas.
    El trujillismo no sólo era oprobioso, sino que había monopolizado las riquezas del país, entregando una parte de esta a un  grupito privilegiado por el tirano.
    Aquel discurso fundacional del PRD aun está vigente, porque aunque hoy no hay persecución política y  hay mucho más ricos que cuando Trujillo, también  hay mucho más pobres, y eso quiere decir más inequidad social.

    Es útil recordar en este inventario histórico, que solo en el período que va desde la salida forzosa  de la familia Trujillo, en diciembre de 1962, hasta el golpe de estado del 25 de septiembre de 1963, el país apenas respiró nueve meses de libertad. El golpe de estado restableció la represión y ésta se mantuvo durante los doce años de Balaguer.

    La libertad vuelve en 1978 con el triunfo de Antonio Guzmán y el PRD.
    Aunque históricamente se han cometido serios errores en su conducción, las crisis cíclicas del PRD tienen que ver, fundamentalmente, con una estructura organizativa que dificulta  la toma de decisiones. La hipertrofia de sus mecanismos de dirección y la indisciplina se convierten en un serio obstáculo para ganar el poder.

    El PRD en la historia

    Las semillas de la situación actual del PRD se sembraron desde que ese partido envía su avanzada en julio de 1961.

    En el país ya existía un amplio movimiento clandestino que se inició  en plena dictadura entre obreros azucareros y portuarios, choferes, maestros, religiosos,  estudiantes y profesionales de diversas disciplinas provenientes de la Universidad de Santo Domingo.

    Es así como en las primeras elecciones libres realizadas el 20 de diciembre de 1962,  el PRD pinta de blanco el mapa electoral ganando Juan Bosch la presidencia con un 60% del voto, y el control absoluto del congreso y los municipios.

    Desde ese momento el tamaño del Partido Revolucionario Dominicano fue su virtud, pero al mismo tiempo su mayor dificultad. La falta de disciplina y las ambiciones desmedidas de algunos llevaron a la desesperación a otros y se iniciaron las ya conocidas crisis del partido del jacho.

    Cuando Juan Bosch abandona esa organización en 1973 alegando que  el PRD había cumplido su misión histórica, estaba diciendo que ese partido grande, de masas y popular había logrado derrotar en las calles y en las urnas a las fuerzas conservadoras de la sociedad dominicana, pero lo veía incapaz de dirigir el Estado, por las luchas intestinas.

    El gran reto del liderazgo político hoy es adecuar las estructuras de los partidos que garanticen que el crecimiento de la membresía no rompa las instancias representativas. Que todos en algún momento puedan participar en las decisiones, pero que no pueden estar todos al mismo tiempo en los órganos máximos de dirección.

    Y es que  cuando no hay disciplina y  hay más cabezas que sombreros, la lucha por tener un sombrero se vuelve encarnizada, y puede ser entonces  que aunque algunos consigan  el sombrero,  ya no les quede la cabeza para ponérselo.

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