Leyendo entre líneas

    El presidente Danilo Medina compareció ante el Congreso para cumplir con la responsabilidad que le impone el artículo 114 de la nueva Constitución. A pesar de que la misma ahora establece expresamente lo que debe informar el Presidente sobre la administración presupuestaria, financiera y de gestión ocurrida el año anterior, las proyecciones macroeconómicas y fiscales, así como las principales prioridades, el largo discurso no se enmarcó dentro de estos requerimientos.

    El discurso del Presidente podría dividirse en dos grandes partes, una primera enfocada en lo que serán sus principales líneas de acción durante el presente cuatrienio y una segunda dedicada a cuál debe ser la fuente de ingresos principal para cumplir dichos objetivos.

    Parecería que los complicados entretelones de la política lo han alejado de algunos temas que prefirió dejar de lado, como el combate a la corrupción, reestructuración del servicio exterior, racionalización del gasto público mediante la regulación de los salarios y la compactación del Estado.

    El Presidente luce convencido de que la obtención, durante su mandato, de ingresos mayores a los previstos contractualmente por la explotación de la mina de oro de Pueblo Viejo constituirá la clave para asegurar su éxito político presente y futuro. Y por la firmeza y emotividad de sus palabras, estaría decidido a todo para lograrlo. Por eso, aunque se esperaba que tratara el tema de la renegociación del contrato con la Barrick, pues la estrategia mediática había ido preparando el terreno, fue más allá de las expectativas dando un ultimátum a la empresa minera de flexibilizar su posición y aceptar la “renegociación” para redistribuir los ingresos a ser recibidos por el Estado o, de lo contrario, hará aprobar una ley que grave el excedente entre el precio del oro previsto en el contrato y el actual.

    Al parecer, el circo que se le dará al pueblo no será como en un principio se pensó, algunos casos judiciales de sometimiento por corrupción a funcionarios adversos. El intento dejó ver bien claro que eso tendría un alto costo para el Gobierno. El espectáculo será la satanización de un contrato que fue negociado por el Estado con asesoría de consultores internacionales y ratificado por el Congreso hace menos de tres años; el mismo Congreso que entre aplausos y vítores aclamó la inaceptabilidad de sus términos y la necesidad de su modificación.

    Mientras el Presidente aviva un sentimiento populista de que el oro que subyace en la patria es únicamente del pueblo dominicano, la sociedad debe tomar conciencia de que la estrategia del Gobierno no es mejorar el contrato, sino asegurarse de que recibirá parte de esos ingresos adelantando el pago de la participación en las utilidades netas (PUN). Por eso, no debemos quedarnos atrapados dentro de la trama del espectáculo, e independientemente de cuándo se recibirán las utilidades, reclamar la necesidad de un pacto de nación que decida cuál será el destino de los ingresos de la mayor inversión de nuestra historia, para que mañana no nos arrepintamos por no haber sacado provecho de la gallina de los huevos de oro.

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