Un soberano atolladero...

    Después de tres años de la aplicación de una receta de austeridad en el sur de Europa, contraria a las recomendaciones de Keynes, el costo social está a la vista. Algunas consecuencias de esta austeridad entre los 7.5 millones de catalanes han sido 821,600 parados, 80,000 personas en espera de una intervención quirúrgica, y 200,000 personas en espera de un análisis diagnóstico.

    Lo que nadie se imaginaba para que el costo social de estos ajustes podría pasar por el resquebrajamiento del propio Estado español, con una Cataluña soberanista y separatista de mano de Convergencia i Unió, un partido de burgueses conservadores y democristianos, y hasta ahora fuerza moderada y moderadora dentro de la política española. Un asunto que llama a una reflexión pesimista sobre la capacidad de los seres humanos a complicar las cosas, cuando se pensaría que ya no podían complicarse más.

    Semejante embrollo no ayudará a España a salir de la crisis en el corto plazo, pero mucho menos ayudará a Cataluña a salir del desbarajuste económico en que se encuentra, con una deuda de 49 billones de euros, o sea, el 29 % de toda la deuda de las autonomías españolas, a pesar de que Cataluña aporta el 22% de la actividad económica del país.

    En el mediano y largo plazo una ruptura de Cataluña implicaría una pérdida de peso económico y político dentro de  España, que continuaría siendo su principal socio comercial, y dentro de Europa, donde Cataluña se situaría muy por debajo de los países de primera y segunda línea, quedando última entre los de tercera línea, que son Grecia, Irlanda y Portugal.

    El aspecto lingüístico revela el problema de Cataluña. Los catalanes están justamente orgullosos y han hecho un notable esfuerzo para rescatar sus valores culturales y su lengua. Sin embargo, el Catalán es comprendido por sólo nueve millones de personas. La ruptura con España significaría distanciarse de una comunidad de 400 millones de personas de ambos lados del Atlántico unidas por el idioma español, y a lo que tanto han aportado las casas editoras catalanas.

    Pero momentos tan graves como estos no parecen  prestarse a cálculos fríos que valoran el futuro y miran hacia el exterior. Por el contrario, momentos tan graves parecen propicios para el desbordamiento emocional contra un agravio sufrido hace tres siglos, protagonizado a golpe de pulmón en un partido del Barça y el Real Madrid en el Bernabéu.

    Cuánta razón tenía Keynes en proclamar que el empobrecer a países avanzados tendría consecuencias funestas. Esta crisis podría llevar a los líderes de Cataluña y a los catalanes a un callejón sin salida, con el riesgo de hundirlos aún más en un atolladero económico y por añadidura institucional...

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