Comer para vivir

    La comida es indispensable para vivir, sin embargo, muchas veces creemos que el motivo principal de nuestra existencia es comer: “vivir para comer”. El ser humano es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y tiene sexo fuera del periodo de celo.

    Las repercusiones de esa conducta, la cultura en la forma de comer y beber y la injusticia en la distribución de la riqueza explican la ironía  de que mientras tres cuartas partes de la humanidad luchan por comer cada día para sobrevivir, la otra cuarta parte  gasta cuantiosos recursos para rebajar de peso.

    La conducta ingestiva, o sea la conducta alimentaria, está  regulada  por el encéfalo, el tracto digestivo y el metabolismo energético, y tiene como fundamento mantener y construir nuestro cuerpo y obtener energía para el movimiento y la regulación térmica .El comportamiento ingestivo es un proceso fisiológico-psicológico. No tenemos peso saludable porque no prestamos atención a las señales de nuestro cuerpo que nos indican naturalmente cuando tenemos hambre y cuando estamos llenos.

    El centro para el control de las señales de hambre esté en el hipotálamo. Hambre  es la sensación provocada por falta  de alimentos, el apetito es el estado afectivo por el deseo de ingerir algún tipo de alimentos y saciedad o llenura es la sensación que se alcanza cuando se ha satisfecho el hambre. Algunos fisiólogos distinguen entre saciedad y llenura. La saciedad es la señal de “apetito  satisfecho” que es la que debemos obedecer.

    Llenura es la señal de plenitud o hartura provocada por la distención debida a una comida excesiva.

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