Cada día de la Semana Santa

    Introducción:
    A las puertas de la Semana Santa, algunos lectores me han pedido que escriba un artículo sobre “cada día de la Semana Santa”. Acepté la idea y después de reflexionarla me pareció que lo más conveniente era reproducir mi trabajo sobre ese mismo tema publicado hace un tiempo. Pienso que es útil para los que no lo han leído porque es nuevo para ellos y para aquellos que una vez lo leyeron volver sobre él puede ser bueno también, porque sería profundizar o refrescar reflexiones ya conocidas. Este volver sobre temas conocidos, a veces, hace mucho bien. Helo aquí, pues.

    1. Domingo de Ramos
    El Domingo de Ramos recoge, de manera sintética, el drama de Jesucristo y de todo ser humano:  la gloria y el sufrimiento, el éxito y la derrota, la aclamación popular y la persecución.

    Por eso la participación en la celebración litúrgica de la Iglesia en este día hace bien: es actualizar el drama de Jesucristo, unirse a él, participar de él para actualizar el drama de la propia vida, iluminarlo y encontrarle una vía de liberación.

    De ahí que siempre se leerá y meditará con provecho el profundo contraste existente entre la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén un domingo, aclamado por la multitud, y el rechazo y condena a muerte en la misma ciudad, el viernes siguiente.

    El dramático contraste lo recoge el evangelista Mateo -escenas, por otra parte vividas en carne propia por él y de las que es testigo ocular- en sus capítulos 21, 1-11 (la entrada triunfal) y 26-27 (la pasión y muerte).

    2. Lunes Santo
    El drama de Jesucristo se coloca ahora dentro de los propios discípulos de Jesús: uno de ellos empieza a entrar en escena, aparte de las autoridades judías.  Los evangelistas recordaron muy bien el día y el siguiente episodio (Juan 12, 1-11) lo colocan precisamente el Lunes Santo:

    “Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.  Allí le ofrecieron una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.

    María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.

    Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
    - ¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres? (Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando).

    3. Martes Santo
    Ya el Salmo 40 (anterior a Cristo) había recogido el clamor doloroso de la traición del amigo: “Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí, hacen cálculos siniestros: Padece un mal sin remedio, se acostó para no levantarse. Incluso, mi amigo, de quien yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme”.

    El Martes Santo, en la Liturgia de la Iglesia, queda marcado por el drama humano de la traición del amigo, escena de siempre, de ayer y de hoy (Juan 13, 21-33):

    Jesús, profundamente conmovido dijo:  “Les aseguro que uno de vosotros me va a entregar”.  Los discípulos se miraron unos a otros, perplejos, por no saber de quién lo decía.

    Juan le preguntó: “¿Quién es, Señor?”  “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado”.

    Lo dio a un amigo, a Judas, de quien se fiaba, con quien compartía su pan. Él era el primero en traicionarlo.

    4. Miércoles Santo
    El Miércoles Santo está marcado por la conspiración, la intriga, la corrupción, el sufrimiento causado por estas realidades, la conciencia de que el final está cerca (Mateo 26, 14-25):

    “Uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?

    Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

    Los demás discípulos, mientras tanto, se acercaron a Jesús y le preguntaron:  “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”

    Él contestó: “Id a casa de Fulano y decidle: El Maestro dice: mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.

    5. Jueves Santo
    El Jueves Santo es un día intenso, pletórico de acontecimientos claves que marcan, definitivamente, la historia de la humanidad. Es un día, por otra parte, lleno de emociones:

    Es la última cena terrena de Jesucristo; lava los pies a los discípulos, como un sirviente más;  instituye la Eucaristía (la Misa), como memorial perpetuo de este día; hace a sus apóstoles sacerdotes: “hagan esto en memoria mía”; da su mandamiento del amor: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”; tiene una larga oración pública, delante de sus discípulos, conocida como su “oración sacerdotal” (Juan 17); ora de nuevo en el huerto de los Olivos, dejando estampada esta célebre frase: “Padre, si es posible pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”; es la noche del beso traidor de Judas y de su apresamiento como un malhechor; Pedro, el hombre de su confianza, le niega y los demás apóstoles lo abandonan; es llevado y traído de un tribunal a otro, escupido, golpeado, burlado, coronado de espinas; pasa la noche en la cárcel.

    Cualquier ser humano se siente bien en el Jueves Santo e identificado con él, porque ese día, tan intenso, resume muchos de los días de nuestra vida.

    6. Viernes Santo
    El Viernes Santo habla por sí solo: crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Un día para reflexiones sin fin.  Siempre será útil y valdrá la pena detenerse a leer y meditar cualquiera de los cuatro relatos de los evangelistas acerca de este acontecimiento decisivo de la humanidad: Mateo, caps. 26 y 27; Marcos, caps. 14-15; Lucas, caps. 22 y 23; Juan, caps. 18 y 19.
    Dentro de esos relatos cabe notar, “las siete últimas palabras de Jesús”, tan célebres y tan comentadas cada año con acertadas actualizaciones.

    7. Sábado Santo
    El Sábado Santo es el día del estupor y del asombro. Lo sucedido en Jerusalén es tan grave y dramático, que uno queda desconcertado y no sabe qué hacer. No hay más remedio que guardar silencio.  La Iglesia lo llama “día alitúrgico”: día sin ninguna acción litúrgica oficial. Todavía hoy los cristianos viven ese día como en “desconcierto”, sin saber qué hacer en él.  Apenas aciertan a reposar en él, a estar tranquilos y a orar de manera individual.

    8. Domingo de Resurrección
    Sin Domingo de Resurrección la Semana Santa es una sinfonía inconclusa, una obra dramática sin final, una historia humana cerrada en el Viernes Santo y el dolor, sin esperanzas de victoria sobre el mal y la muerte. Este es el día más importante de la Semana Mayor del año, día de gozo, de júbilo, de cantos.

    “Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”, canta el Salmo 117 y con él toda la Iglesia:

    Ha resucitado, el Señor. Alleluia. ¿Por qué buscáis entre los muertos, a quien vive por los siglos? Cristo ha triunfado, ha resucitado, y nosotros con él. ¡Felicidades, hermanos!

    Los relatos de la Resurrección motivan, entusiasman, dan vida: Mateo, cap. 28;  Marcos, cap. 16;  Lucas, cap. 24; Juan, caps. 20-21; Pablo, I carta a los Corintios, cap. 15.

    CONCLUSIÓN:

    CERTIFICO que he buscado en mi trabajo Cada día de la Semana Santa hacer un resumen, lo más completo posible, de los hechos históricos acontecidos en ella.

    DOY FE, en Santiago de los Caballeros, el 26 de marzo del año del Señor 2010. l

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