Promover exportaciones de calidad

    Aumentar la producción y la productividad son metas intermedias ineludibles para avanzar en el objetivo mayor de lograr más bienestar, más oportunidades y el pleno ejercicio de los derechos económicos y sociales de las personas. Para los países pequeños, no sólo se trata de producir sino también de exportar.

    Como no pueden producir todo lo que demandan, estos países tienen que importar una proporción muy alta de lo que consumen. Además, producen un estrecho rango de productos los cuales deben exportar porque su demanda interna es insuficiente para hacer viables estos sectores. Esto implica que una proporción muy alta de su producción se exporta, y una proporción muy alta de su consumo se importa.

    En adición, no producen las maquinarias, el equipo y los insumos imprescindibles para la producción, por lo que las exportaciones son cruciales para invertir y producir tanto de lo que se exporta como de lo que no se exporta. Las divisas que proveen la inversión extranjera y el crédito externo pueden contribuir a dar impulsos adicionales y a superar baches. De esta forma, las divisas por exportaciones imponen un límite al crecimiento que estas economías pueden alcanzar.

    Sin embargo, el objetivo de las políticas no debe ser exportar lo que sea o bajo cualquier condición. La calidad de las exportaciones es crucial porque determina las divisas netas que generan, su sostenibilidad, la calidad del empleo, y los efectos que tiene sobre el aparato productivo. Por ejemplo, aunque crean una importante cantidad de puestos de trabajo, el aporte de divisas de las zonas francas no es elevado porque importan todos los insumos, se vinculan poco al resto de la economía, su contenido tecnológico es bajo y el empleo no es de una calidad deseable.

    Las exportaciones agrícolas, por su parte, no tienen mucho valor agregado, los salarios son bajos, cada vez están creando menos empleo por unidad de producto y no están en mercados dinámicos, aunque han generado algunos empleos en zonas críticas. Por ello es crucial que frente al rezago exportador se pongan en marcha políticas que no sólo saquen al sector del letargo para que genere más divisas, sino también para que tenga un impacto cada vez más positivo en la economía y en la gente. Esto requiere transformar la oferta exportable haciéndola más intensiva en empleo, gradualmente más intensiva en personal calificado y en contenidos tecnológicos, más integrado al resto del aparato productivo, con una cobertura territorial más amplia, y con un crecimiento más sostenible.

    Hay muchas experiencias de las que se puede aprender. En vez de abrazar un tipo de cambio rígido, Costa Rica ha puesto énfasis en mantener uno competitivo a través de minidevaluaciones que han afectado poco la inflación, al tiempo que ha aprovechado la calificación de su mano de obra y su fortaleza institucional para atraer inversión extranjera para exportar. También ha promovido selectivamente las exportaciones de productos diferenciados.
    Vietnam apostó por la diversificación de sus exportaciones las cuales se concentraban en petróleo.

    Antes que a las grandes empresas y las exportaciones intensivas en mano de obra barata o recursos naturales, favoreció las pequeñas empresas manufactureras a partir de una creciente calificación de su fuerza de trabajo.

    Brasil explotó las capacidades de su sector industrial e impulsó sus pequeñas empresas para exportar. También, no se conformó con políticas generales, y promovió el acceso al crédito y políticas selectivas de escalamiento tecnológico en sectores específicos.

    Las agencias gubernamentales de Colombia fueron mucho más allá de las actividades aisladas como participar en ferias y misiones, y desarrollaron acciones de acompañamiento a las empresas en todo el proceso para exportar buscando diversificar y crear relaciones sólidas y permanentes entre empresas nacionales y extranjeras.

    En el país se han hecho esfuerzos positivos como el desarrollo de clusters y algunas mejoras en los mecanismos de compensación impositiva.

    Pero la apuesta fundamental está en liberar la producción del peso muerto que implica no sólo el sector eléctrico sino también la falta de información, el débil aprendizaje tecnológico, un tipo de cambio que se fija al margen de consideraciones productivas, un sistema financiero de espaldas a la producción, y un Estado que no tiene las exportaciones en su radar. l

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