Juan Bosch – Pedro María Pimentel y Antonio Imbert – 8

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Foto de 1963 de Bosch, cuando era presidente. Archivo OGM
Primeros meses de 1966

Texto alocución radial de Bosch

Continuamos con la publicación del texto de la alocución radial de Juan Bosch en relación con el supuesto espionaje de Pedro María Pimentel, pronunciada el 13 de marzo de 1966 y transmitida a la una de la tarde por Radio Comercial.

“No quisimos ni siquiera ir a verlo el primer día para que no creyeran que estábamos haciendo política con la desgracia de un hijo y el dolor de un padre. Es más, ni siquiera hicimos una declaración sobre ese hecho. Cuando el domingo día 6 de este mes fue muerto de un tiro disparado a quemarropa por la parte de la cabeza el soldado Eustaquio Agramonte Merán, de los que formaban la escolta que cuida nuestra casa, callamos y no hicimos escándalo, nos callamos nuestros sentimientos que estaban por cierto muy heridos, porque Maquín Agramonte como le llamaron sus compañeros de armas, era un joven lleno de virtudes, que había conquistado nuestro cariño y a quien nunca olvidaremos.

“Y cuando sucedió el extraño caso en que estuvo envuelto el joven que apareció en la televisión del gobierno, el sábado en la noche, tampoco dijimos nada en público y nada hubiéramos dicho en público si la televisión del gobierno no hubiera sido usada para presentar a ese joven diciendo que había sido golpeado por la escolta que cuida nuestra casa, a pesar de que cientos de dominicanos han sido brutalmente golpeados y no han salido en esa televisión del gobierno.

“Y ya que estamos hablando de que no acostumbramos de informar al pueblo de asuntos personales, de que no nos gusta usar ciertos hechos de carácter privado para mezclar en nuestra política, recordemos que el viernes día 11 le hablamos al pueblo; que cuando estábamos hablándole al pueblo ya habían pasado los sucesos en que participó ese joven, suceso muy sospechoso como ustedes verán, y sin embargo no dijimos una palabra del caso. Pero ahora, en vista de lo que se dijo en la televisión del gobierno, tenemos nosotros que hablar; vamos a hablar y que el pueblo juzgue por sí mismo.

“El cuartel donde viven los soldados que custodian nuestra casa está detrás de la casa donde vivimos; separado de esa casa por una pared y tiene su entrada también separada. Desde ese cuartel hay casi medio kilómetro de monte hasta llegar a la autopista. Es un monte de yerbas altas, cerradas y de árboles y el suelo es de arrecifes de punta, de manera que llegar es difícil y se necesita algún tiempo para hacerlo.

“El viernes, entre las ocho y cuarto y las ocho y media,(de la mañana, nota de Naya Despradel), llegó alguien a nuestra casa a decirnos que los ranas estaban persiguiendo a un hombre, el cual había sido sorprendido escondido en un pequeño hoyo a cincuenta varas del cuartel en actitud sospechosa. La persecución duró más de una hora porque el hombre sabía huir, sabía esconderse, parece que estaba entrenado para eso, y como además estaba vestido de verde olivo oscuro no era fácil descubrirlo entre yerbas. Los ranas habían resuelto cogerlo vivo y no disparar, y el hombre se aprovechaba de eso y huía y se escondía como un hurón. En medio de la persecución, antes de que el hombre fuera detenido sucedió algo muy raro, sucedieron dos cosas:

“Primero, el presidente de la República llamó al campamento 27 de Febrero para decirle al coronel Tejada que le habían informado que los ranas estaban deteniendo a varias personas en las vecindades de nuestra casa; y eso indica que alguien llamó al Presidente para decirle un informe falso con el propósito de lograr que el Presidente ordenara que cesara la persecución y que esa orden del Presidente beneficiara al hombre sospechoso que estaba siendo perseguido.

“Además casi inmediatamente a una distancia del cuartel, tal vez a unos quinientos metros sonaron disparos de ráfagas de ametralladora, tal vez con la intención de que las ranas cesaran en su persecución.

“Pero el hombre fue detenido e inmediatamente que se nos comunicó que había sido detenido, llamamos al general, Morillo para ponerlo en manos de la Policía. El general Morillo no se hallaba en el palacio de la Policía y como se trataba de un caso delicado, esperamos hasta que el general Morillo volviera, que fue a las 5 de la tarde para entregarle el hombre.

“Al ser capturado ese joven estaba vestido con un traje de soldado brasileño; un traje en buen estado, que no estaba roto. El dijo que lo había cogido en un tiesto de basura, porque trabajaba en un campamento de la FIP cargando basura y descargando camiones; pero oigan bien esto: tenía solamente ese uniforme, no tenía camiseta, ni calzoncillo, ni zapatos, ni un pequeño papel encima. Ustedes saben que por la ropa interior, las medias y por los zapatos puede llegar a identificarse un hombre. Los dominicanos se identifican también por su Cédula Personal de Identificación pero ese joven no tenía Cédula Personal de Identidad.

“Dijo que la había perdido en tiempos de Trujillo; tenía en el brazo izquierdo, escrito en bolígrafo un nombre, el de Pedro María Pimentel: se veía que ese nombre había sido escrito poco antes, como para que no se le olvidara, para que pudiera leerlo en cualquier caso de apuro.

“El más ignorante de los dominicanos debe imaginarse que una persona que trabaja en un campamento de la FIP, que entra y sale en un campamento de la FIP, tiene que haber enseñado su cédula por lo menos la primera vez que entró, aunque lo lógico es que la enseñe todos los días porque en cualquier campamento, mucho más si es de tropas extranjeras, se cambian los centinelas todos los días y varias veces al día, y no es posible que todos los soldados que vayan de centinelas, conozcan a un trabajador que entra en el campamento a menudo a recoger basura”.
Continuará la próxima semana